Tiene sólo 24 años y creó un emprendimiento único. Su especial talento convirtió al proyecto, pensado como un "rebusque" primero, en un buen sustento de vida. Qué vende y cuánto recauda

Ana Aristizabal sale cada día con un grabador, una batería de moto atada a la cintura y su talento. No sabe adónde la lleva el destino pero la incertidumbre no la inquieta. En las paradas de colectivos porteñas pregunta a todo chofer que se detiene, si puede subir y hacer música.
'Algunos días son mejores que otros', dice. En el que la acompañó Infobae.com no se tuvo tanta suerte: varios pasaron antes de que alguno accediera a la propuesta de esta chica, que desde hace un año y meses descubrió una curiosa forma de ganarse la vida (ver imágenes).
Abiertas las puertas de un 15, sobre Scalabrini Ortiz y con sentido hacia la avenida Santa Fe, Ana se presenta: "Buenas tardes a todos, espero que anden muy bien, esto que ven aquí se llama Tango Móvil y la primera pieza que van a oír es 'Garufa'".
Los pasajeros no muestran expectativa alguna ni señal de sorpresa, pero en segundos, el grabador pone a rodar la pista, cambian la cara y buscan en sus bolsillos. "¿Qué hacés cantando arriba del colectivo?", es la pregunta que más se repite en el intervalo entre la "gorra" y el "bis". Otros la abrazan o le agradecen.
Su talento, por cierto particular, la llevó a ganar hasta 45 pesos la hora (clickear en audios).
"Antes cantaba con un amigo, Marcelo que tocaba la guitarra. De a dos era fácil. Ahí me di cuenta de que podía cantar tango. En un viaje que hicimos de Morón a Once, lo probamos y noté que funcionaba", cuenta.
Por esos días Ana estaba embarazada. La llegada de su hija, Morena, le impidió continuar ese trabajo.
"Necesitaba hacer algo. Y de repente, paseando por la calle, vi a unos vendedores ambulantes de CD con grabadores funcionando con batería de moto. Ahí se me ocurrió el Tango Móvil. Pensé que lo mejor era usar pistas y como el gasto de lo que implicaban las pilas no lo podía afrontar, entonces, les copié lo de la batería", contó.
Salir sola, la primera vez no fue nada fácil. "Me subí, y me costó arrancar. Pero los encaré, canté y tuve éxito: me respondieron con aplausos, cariño y plata", dijo. Al poco tiempo incorporó el ofrecimiento de un CD con sus propias interpretaciones bajo el título "La mina del bondi". Pese a que la demanda fue superior a 500 copias, ya no lo hace, porque busca perfeccionarse aún más.
Ana estudia canto hace 4 años. Trabaja a nivel profesional. Aunque, en su caso, el colectivo le resulta no sólo divertido sino también bastante redituable como para abandonarlo. Y, con su original emprendimiento, prueba ser un verdadero apólogo más de las tantas salidas creativas que encuentran algunos porteños para poder crecer y vivir.