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Manual del sobreviviente: llegar al fuego sin fósforos

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Los que saben descartan por completo la metodología de “los dos palitos”. En un curso de supervivencia, organizado por Fuerza Aérea en Santa Fe, se revelaron las mejores técnicas.

Andrea Sambuccetti (Infobae.com)  

La preparación de un piloto de combate en la Argentina insume sorprendente cantidad de tiempo. Primero, deben cursarse 4 años en la Escuela de Aviación donde se obtiene el título de oficial. Luego, debe hacerse el curso de Aviador Militar, que se completa en dos años y concurrir a la Escuela de Caza un año más. Por último, un año en el sistema operativo para lograr la habilitación en determinado avión.

En definitiva, son entre 8 y 10 años. Y es importante el cúmulo de conocimientos que se adquieren en ese entrenamiento.

Una parte obligatoria de la formación se dicta el Centro de Instrucción de Supervivencia y Salvamento (CISS) de la Fuerza Aérea argentina, que tiene asiento en la III Brigada en Reconquista, Santa Fe y que prepara al eventual combatiente a sobrevivir en todo terreno, sea hostil o no, si resulta eyectado de la aeronave debido a un incidente cualquiera sea.

La semana pasada Infobae.com participó de un curso en el que se simuló la accidental caída desde un avión de combate IA-58 Pucará en la Isla del Tala, que el CISS utiliza como terreno de entrenamiento en Reconquista, a casi 800 kilómetros de la Capital Federal.

Entre las instrucciones recibidas para sobrevivir en la isla, sin alimentos y con mínimas condiciones de comodidad, se mencionaron las cinco fases primordiales a satisfacer, en orden de importancia: primeros auxilios, señalamiento del lugar donde se está, armado de un refugio, logro de agua y de alimentos.

En el simulacro se cumplieron todas las fases, con excepción de la primera, sólo con los elementos que tendría el piloto al momento de aterrizar: por caso, elementos que transporta en el chaleco y el paracaídas.

Un dato curioso fue la rapidez con que puede lograrse hacer fuego, con metodologías que los instructores –el suboficial mayor Luis Rivero, José Castaño, Hugo Alegre, entre otros- enseñaron para armar fogones que sirvieron como señalamiento, protección contra las inclemencias del tiempo y para potabilizar agua obtenida del río San Jerónimo, brazo del Paraná.

Las técnicas

1) Pilas y virulana. Son elementos que contendría el chaleco del piloto. Las pilas –que se obtienen de la linterna- deben hacer contacto con la virulana en su polo positivo y negativo. Allí, sin casi esfuerzo, se obtiene una chispa. Cómo: la virulana debe estirarse hasta lograr un fino hilo. Esa especie de cable es el que debe contactar ambos polos. Para lograr el fuego, debe aprovecharse la chispa atajándola con por ejemplo, hojas secas.

2) Lupa y sol. Es la técnica más conocida, pero es más lenta y requiere ciertas condiciones climáticas específicas y de luz solar.

3) Alambre y pólvora. Si se frota un alambre contra un tronco hasta levantar cierta temperatura y luego se apoya sobre pólvora, se logra también fuego.

Entre las curiosidades que enseñaron los pilotos, se encuentra la posibilidad de lograr hervir agua contenida en una botella plástica. Para ello, señalaron como importante retirar la tapa de la botella y no exponer directamente al fuego la botella, sino sobre las brasas. Al cabo de unos minutos, se retira la botella con el agua en su interior hervida, sin producirse derretimiento alguno.