El actual técnico de Boca tiene un singular recuerdo en relación con el club de Porto Alegre. Hay condimentos muy parecidos con la actualidad y con un final feliz, que luego no lo fue

El entrenador de Boca, Miguel Ángel Russo, tiene con el Gremio y la Copa Libertadores una historia especial, que se materializó hace casi un cuarto de siglo con un partido inolvidable por este torneo jugado en La Plata.
Russo era por entonces una de las figuras clave de Estudiantes, campeón del Torneo Metropolitano 1982 y Nacional del año siguiente, y que disputaba en 1983 las semifinales del torneo continental ante el conjunto de Porto Alegre.
El partido jugado el 8 de julio, en el viejo estadio de 57 y 1, es recordado como uno de los encuentros más importantes de la historia del club "pincha" y tiene el mote de heroico para sus protagonistas.
En ese cotejo, el "albirrojo" perdía 3 a 1 al inicio del segundo tiempo y jugaba con cuatro hombres menos, tras las expulsiones de varias de sus figuras como José Luis Ponce, Marcelo Trobbiani, Julián Camino y Hugo Tévez.
A pesar de la inferioridad numérica, la estirpe copera de aquel Estudiantes renació y a base de guapeza y convicción alcanzó un empate con sabor a hazaña, en el marco de una caldera que era, en esa fría noche platense, el estadio "pincha".
El gol del empate llegó en el tiempo de descuento y su autor fue justamente Russo, quien hoy, a 24 años de ese hito, aún recuerda esa noche y siente tener una deuda pendiente ante el equipo de Porto Alegre.
De todas formas, la hazaña no alcanzó para cumplir el objetivo del pase a la final, ya que por entonces las semifinales se definían en grupos de tres equipos y se clasificaba por puntos.
En el partido siguiente, el decisivo, Estudiantes viajó a Colombia, disminuido, sin sus figuras clave, y apenas empató sin goles ante América de Cali, resultado que a la postre, lo ubicó segundo en la llave y le dio el pase a la final al Gremio, vencedor final del torneo al derrotar a Peñarol de Uruguay.
Fuente: NA y Reuters