Se llama Nicolás Montenegro, tiene dos años y medio y juega mejor que un niño de siete. Así presentan a este pequeño chileno, que se entrena a diario y es fanático de Rafa

Dicen que el asombro que causa Nicolás Montenegro en sus primeros años de vida es un testamento que disfrutarán en vivo y en directo las próximas generaciones.
Con apenas dos años y medio, el pequeño tiene grandes habilidades para el tenis, gracias al impulso y a la estimulación que le brindó su padre más una cuota de talento innato que tendrá seguramente.
Quienes lo vieron jugar el entrenador profesional Horacio de la Peña tuvo el privilegio y quedó sorprendido- cuentan que se desempeña mejor que un niño de siete años, algo por demás extraordinario teniendo en cuenta las grandes diferencias, no sólo de físico, a esa edad. Nico no supera el metro de estatura...
Me llamo Nicolás Nadal, dice. Claro, es fanático de Rafa y así lo relata su padre, Sergio Montenegro: Le encanta verlo jugar por televisión y, cuando gana un punto pegando un salto, trata de imitarlo.
El fue el responsable de que, como mínimo, Nico se interesara desde pequeño por la raqueta. Según publica el diario chileno Las Ultimas Noticias y reproduce el propio sitio oficial de Nadal, la historia se remonta a 2004, cuando Sergio se aburrió del fútbol -jugaba en una Liga de Llay Llay, la ciudad donde vive con su familia- y cambió los botines por las raquetas.
Días después nació Nicolás, el primer hijo de la pareja que forma con la profesora Angélica Guzmán. A los cinco meses lo llevó a una cancha y tres después supo que su hijo iba a empezar a dar que hablar en el mundo del deporte blanco: A los ocho meses, tomó una cuchara, lanzó un pedazo de plástico al aire y le pegó al objeto antes que cayera, relata.
Pese a la euforia que genera en quienes ven al niño prodigio, el padre aclara que hay que darle tiempo para no quemarlo. Pensamos criarlo de la manera más normal posible y que disfrute de su talento para el tenis. Si quiere ser profesional, es algo que él decidirá con el tiempo, explica.
Mientras tanto, el pequeño Montenegro se calza la ropa de jugador, mira a quien lo asesora y suelta: "Estoy listo. Es la hora de jugar.