Las pruebas en ratones abrieron una nueva puerta hacia la búsqueda de fármacos efectivos.
Las pruebas en ratones abrieron una nueva puerta hacia la búsqueda de fármacos efectivos.

Werner Forssmann tenía una plan, un plan que sabía que sus superiores jamás aprobarían. El cirujano alemán de 24 años se sintió totalmente frustrado por la dificultad de acceder al corazón humano, pero dudaba de que tuviera permiso para realizar un nuevo y arriesgado procedimiento. Así que, en 1929, lo probó con él mismo, uniéndose a un viejo club: los científicos que se utilizan así mismos como "conejillos de indias" o "ratas de laboratorio".

El plan de Forssman era rudimentario y extremadamente peligroso. Con la ayuda de una enfermera que no se había dado cuenta de lo que podría pasar, presionó un catéter urinario engrasado a través de una vena en su brazo y lo llevó cerca del corazón, luego se dirigió a una sala de rayos X para ver los resultados. Un compañero muy aturdido por la situación intentó sacarle el catéter pero Forssmann lo empujó hasta el fondo de su corazón para demostrar que el procedimiento no mataría a un paciente.

La auto-experimentación se puede hacer de muchas maneras, pero básicamente combina la curiosidad con la voluntad de tratarse como un sujeto de prueba.

Para Lawrence K. Altman, un médico que escribió una historia sobre cómo los auto-experimentadores formaron la medicina, la práctica muestra "un grado de altruismo" que ha sido bueno para la ciencia. Cuando los investigadores están dispuestos a usarse a sí mismos como conejillos de indias, "debe ser tranquilizador" para las personas que finalmente reciben esos tratamientos, dice Altman, un investigador global en el Centro Internacional de Estudiantes Woodrow Wilson y columnista médico en The New York Times. "El investigador está dispuesto a asumir el riesgo antes de pedirle a otra persona que lo haga", apunta.

Forssmann cateterizó su propio corazón nueve veces más. Perdió su trabajo cuando publicó sus resultados sin tener el permiso pertinente. 26 años más tarde, estaba sentado en un bar cuando su esposa le dijo que acababa de recibir el Premio Nobel por su descubrimiento. Hoy en día, el cateterismo cardíaco es algo común, ampliamente utilizado con seguridad que se utiliza para encontrar defectos en el corazón, realizar estudios de la medicina y abrir las arterias que están bloqueadas.

Las técnicas en laboratorio se han perfeccionado en los últimos 15 años (iStock)
Las técnicas en laboratorio se han perfeccionado en los últimos 15 años (iStock)

Jonas Salk también formaba parte del club. En 1953, se inyectó una vacuna experimental contra la poliomelitis y se convirtió en el primer ser humano en no sufrir esa enfermedad gracias a su antídoto. Estaba tan confiado en su nueva vacuna que también se lo inyectó a su esposa y a sus hijos. Ellos y otros compañeros del laboratorio fueron los primeros receptores de la vacuna, que aún se administra hoy. La vacuna de Salk, y las variaciones que aparecieron, ayudaron a erradicar la poliomelitis en las Américas.

Los científicos experimentan sobre sí mismos por varias razones. El caso de Barry Marshall, que en 1984 bebió un vaso lleno de caldo de carne para demostrar que las bacterias causas úlceras, pueden resultar un trabajo demasiado arriesgado. Al igual que con Wendy Suzuki, un neurocientífico que se desvió de su carrera profesional para estudiar los efectos del ejercicio en su propio cerebro y utilizó experimentos personales para encontrar nuevas vías para la investigación.

Para otros, incluyendo a Kyong-Sup, la auto-experimentación comienza con pura necesidad. El biólogo y profesor asistente de la Universidad del Sur de Illinois en Edwardsville estaba estudiando los efectos de un medicamento común en los piojos que se encontraban en la cabeza. Estos insectos eran escasos y cuando trataba de encontrarlos en las escuelas primarias, a menudo, volvía con las manos vacías. Así que decidió cultivarlos en sus propias piernas.

Yoon ató un contenedor plástico a su pierna, lo sembró con piojos y dejó que se alimentaran de su propia sangre. Admite que las expectativas no eran muy altas, pero su sacrificio personal sí lo era. "Fue muy doloroso", comenta.

El hombre adoptó esta práctica entre 2001 y 2004, y llegó a tener hasta 300 animales a la vez. Utilizó ese experimento para desarrollar un método para incrementar el número de piojos en el laboratorio. La investigación de Yoon ha arrojado luz sobre la resistencia a los medicamentos de los piojos y la forma en que transmiten la enfermedad.

(iStock)
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No todos los auto-experimentos se hacen en el cuerpo. A finales del siglo XX, el científico austríaco Karl Landsteiner usó su propia sangre para demostrar que existen diferentes tipos de sangre en los seres humanos y que los incompatibles se agruparán si se mezclan. Hoy en día, se realizan 14,6 millones de transfusiones de sangre basadas en ese descubrimiento, el mismo con el que Landsteiner ganó un Nobel.