(Pixabay)
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Por lo general, cada año, coincidiendo con la floración de los árboles de jacaranda, mi buzón se llena de invitaciones de boda. El sobre con letras escritas a mano siempre está dirigido al Sr. y a la Sra. Lan, aunque de hecho es virtualmente seguro de que vaya a atender sola.

No soy el único invitado atípico que uno encuentra en una boda.

En primer lugar, estoy casada. En segundo lugar, prefiero ir sola. A juzgar por las líneas narrativas de docenas de comedias románticas, uno asumiría que asistir a una boda sin un acompañante es la peor pesadilla para una mujer. Aunque puedo entender el valor de esto para un relato, creo que asistir sola a una boda es algo más importante que hacerlo con alguien, incluso si mi acompañante es la persona con la que estoy casada.

La razón no es porque esté a punto del divorcio. Estoy muy feliz al lado de un hombre encantador y llevamos así más de una década. Sin embargo, él dirige varios restaurantes, lo que le impide ser mi escolta para las bodas o para cualquier evento que cae en fin de semana, vacaciones o cualquier otro día que no sea lunes.

Para la mayoría de la gente, programar una boda en un fin de semana tiene más sentido. Pero cuando el sustento de tu familia depende de los ingresos de un sábado por la noche, o bien aprendes a disfrutar sola o rechazas tener una vida social normal y corriente.

No me propuse convertirme en el tipo de mujer que asiste a importantes eventos sin pareja, pero crecer como hija única se convirtió en una excelente preparación. Desde temprana edad, aprendí a disfrutar de mi propia compañía y nunca tuve un hermano que me ayudara en las situaciones más complicadas. Mi independencia, que a veces ha sido un punto de discordia en anteriores relaciones, me ha servido para mi papel de esposa del dueño de un restaurante.

También es verdad que me resulta más agradable asistir sola a las bodas. No es que no disfrute de la compañía de mi marido, pero después de diez años de matrimonio con la misma persona, es un placer tener tiempo ininterrumpido "para mí". Es maravilloso poder tener una habitación de hotel para uno solo. También aprecio no tener que acortar mi diversión en las bodas porque mi marido está aburrido o porque no le gusta la hora del baile. Soy capaz de recordar anécdotas con viejos amigos sin sentirme mal porque mi cónyuge no estaba ahí y puedo contar la cantidad de personas interesantes que he conocido porque no estaba atrapada interactuando con mi pareja. En cuanto a la temida "mesa de solteros" he aprendido que es el lugar más entretenido para sentarse si estás interesado en oír cosas divertidas sobre el pasado del novio.

(Martín Villar)
(Martín Villar)

Ir sola no te quita de los momentos incómodos. Todavía no he asistido a una boda donde no he recibido una mirada de compasión de la novia o el novio o que algún pariente, sin malas intenciones, me preguntara sobre mi estado civil. Entiendo su curiosidad: es raro encontrar una mujer casada que asista sola a cualquier evento (especialmente a una boda). Me parece interesante que ir a un evento sin mi cónyuge sea motivo para que la gente piense cosas como el divorcio, la enfermedad o incluso la muerte, en vez de presuponer que he tomado la decisión de venir sola.

Siempre respondo educadamente y recuerdo que mi marido está trabajando. Pero quizás estoy haciendo un flaco favor al no decir toda la verdad. Tal vez debería contar la verdadera historia a los recién casados. Sé que, ahora, con todo el ambiente de felicidad, no podrían creerlo y quieren pasar todo el tiempo juntos. Pero casados, en cuestión de años, se cansarán de la unión constante. El brillo del matrimonio se desvanece y, a medida que tu relación crece y cambia, ya no tienes la necesidad (o el deseo) de hacer cada cosa acompañado.

Tal vez algún día, cuando ellos estén en casa, con niños y con un trabajo que les ocupe la mayor parte del día, desearán pasar algún tiempo solos. Ese será su momento "bombilla", cuando se den cuenta de los motivos por los que prefiero ir a las bodas por mi cuenta, principalmente porque vuelvo a una habitación de hotel para dormir en diagonal en una cama extra grande sin que me molesten los ronquidos. Ahora eso es lo que yo llamo felicidad matrimonial.