Una mujer utilizando fórmula con un bebé (Flickr)
Una mujer utilizando fórmula con un bebé (Flickr)

Después de una incansable lucha por amamantar a su hija, Kimberly Seals Allers empezó a explorar por qué tantas mujeres estadounidenses optan por no dar lactancia. ¿Quizás porque había sido dada de alta del hospital con una bolsa de regalo llena de compuestos lácteos? ¿Porque un pediatra la animó a complementar la lactancia materna con eso? ¿Porque cuestionaba la capacidad de su cuerpo para producir suficiente leche para su hijo?

"Era una duda creada por la industria de la fórmula de lactancia artificial. Una táctica de marketing muy efectiva", comentó Allers.

Su libro The Big Letdown (El gran fraude) se sustenta en varias investigaciones para reforzar sus afirmaciones. En su opinión, las compañías de fórmula hacen millones de dólares convenciendo a las mujeres de que no son capaces de hacer una de sus funciones corporales más básicas. Por eso "han gastado millones de dólares en marketing destinados a las mujeres, los médicos, hospitales, científicos y políticos para acabar con la lactancia materna".

Allers reconoce que amamantar es una cosa difícil. Los obstáculos son reales, y las mujeres necesitan apoyo, educación y estímulo para lograrlo. Pero en vez de ver la lactancia materna como un desafío por el que luchar, las mujeres reciben una botella de formula. "Les dicen que se rindan y que no se sientan mal", lamenta.

Ella confiesa ser una cara poco visible dentro del debate de la lactancia. Es una mujer negra dentro de un movimiento que ha sido dominado, principalmente, por blancas de clase media. Allers está participando en comunidades de color para transformar la idea de que la lactancia materna es un mensaje de empoderamiento.

Portada del libro “The big letdown” de Kimberly Seals Allers (The Washington Post)
Portada del libro “The big letdown” de Kimberly Seals Allers (The Washington Post)

Pregunta: Su libro cita la investigación de que solo el cinco por ciento de las mujeres son incapaces de producir suficiente leche. Sin embargo, muchas mujeres creen que necesitan complementar u optar por la fórmula para alimentar a sus bebés. ¿De dónde viene esa confusión?

Respuesta: Se nos ha dado un mensaje de que no debemos confiar en nuestros cuerpos para hacer lo que saben hacer. Nadie se despierta y se preocupa por si sus riñones dejarán de funcionar. Cuando se trata de la lactancia, las mujeres dudan. Es el mensaje que recibimos cuando nos dan una bolsa de fórmula "por si acaso". La semilla de la duda se coloca en nuestra mente.

Como mujeres, tenemos que empezar a cuestionarnos a nosotras mismas ¿Por qué tenemos que dudar de eso? ¿Por qué tengo confianza en mis habilidades biológicas e intelectuales y eso es lo único que estoy cuestionando? El hecho de sembrar semillas de dudas es una herramienta de marketing muy eficaz.

Pregunta: Muchas madres tienen la presión de trabajar, criar a los niños, mantener un hogar limpio, cuidar su cuerpo y mantener un matrimonio feliz. ¿Cómo puede The Big Letdown llegar a las madres que están eligiendo las alternativas? ¿Qué puentes podemos construir para conectar a los padres que ya sienten una gran presión por hacer lo mejor por sus hijos y ven la lactancia materna como la mejor opción?

Respuesta: Sabemos que la fórmula es necesaria en este país. Para las mujeres que realmente lo eligen, esa es su elección y yo respeto eso. Pero lo que pasa es que las mujeres no están completamente informadas.

Por ejemplo, no tenemos ni idea del contenido de azúcar que contiene este tipo de productos infantiles. La Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos no requiere que las compañías de fórmulas lo divulguen. Para un bebé, la fórmula es su única fuente de nutrición. Si como demasiado azúcar, puedo hacer una clase de Zumba mañana. Es decir, tengo maneras de balancear mi nutrición, pero un niño no. Todos tenemos derecho a saber qué hay en nuestra comida, especialmente para nuestros bebés.

Una verdadera elección significaría que se le den dos opciones y que estén plenamente informadas de ambas. En ese caso, estarían haciendo una verdadera elección. Las mujeres están siendo malinformadas intencionalmente porque se puede hacer mucho dinero con eso, y no está bien.

Las compañías de compuestos lácteos infantiles deben seguir existiendo, pero ganan demasiado dinero comercializando un producto sustituto gracias a la duda de las propias mujeres. No debería ser una industria multimillonaria. Tenemos que empezar a preguntarnos por qué se necesitan mantener esos números y quién está pagando realmente el precio.

Pregunta: Usted ha dicho: "las mujeres no amamantan, las culturas amamantan". También ha hablado de las expectativas de nuestra sociedad y la falta de apoyo a las madres que contribuyen a la lactancia materna. Sin embargo, también cita al Reino Unido, que tiene mejores políticas para los padres pero que, a día de hoy, aún tiene una tasa de lactancia baja. ¿Qué se necesita para cambiar la mentalidad cultural y animar a más mujeres a amamantar?

Respuesta: La lactancia materna es muy compleja. Tenemos que tener en cuenta la idea que tiene una mujer sobre su cuerpo, la información que está recibiendo sobre la comida y su relación con el pediatra. La política, por sí sola, no es suficiente. A veces las políticas pueden llegar demasiado tarde y los cambios culturales se pueden producir a lo largo de varias generaciones.

Tenemos que entender el comportamiento de las mujeres en general para saber cómo podemos llegar a ellas.

Pregunta: Su libro destaca la difícil situación de las mujeres de color y el trauma histórico que han estado viviendo con la lactancia materna. Se remonta a los años de trabajo como una enfermera esclavizada, cuidando a los niños blancos en vez de los suyos. Los bebés afroamericanos son más propensos a ser prematuros y dependen de la leche materna como sustancia salvadora. ¿Qué cree que puede cambiar en torno a la cultura del amamantamiento en las comunidades de mujeres de color?

Respuesta: He estado trabajando activamente en los últimos siete años para cambiar esa tendencia. Estamos hablando de un mensaje de empoderar a ese colectivo y esa es la manera en que debemos cuidar a nuestros hijos. Hay una terrible mentira sobre las mujeres negras en este país: somos vistas capaces de cuidar a los hijos de otras mujeres, pero incapaces de cuidar de los nuestros. Utilizamos la lactancia materna para ayudar a cambiar ese mensaje y aprovechamos para decir que ese es nuestro compromiso con la salud y la nutrición de nuestros hijos.

Pregunta: Usted escribe acerca de su experiencia amamantando y la compara en el mundo profesional como una mujer negra. ¿Cómo se sintió al tomar el liderazgo de la defensa de la lactancia, un espacio que ha sido dominado por mujeres blancas de clase media?

Respuesta: Ha sido muy interesante trabajar en un espacio dominado por mujeres blancas. Ha habido cierta resistencia. Viajo por el país y hablo con las comunidades de color que dicen que la lactancia materna es para los blancos. Sin el permiso de maternidad federal pagado, no todos pueden amamantar. Tenemos que cambiar las políticas por lo que solo unas pocas, a día de hoy, son las privilegiadas de poder amamantar.