Un equipo de investigadores ha identificado la edad exacta en la que empezamos a perder contacto con la gente —y también, por qué hacerlo no es necesariamente algo malo—.

Con el constante bombardeo de notificaciones de Instagram y recordatorios de cumpleaños en Facebook, parece ser que nuestros círculos de amistades se expanden por segundos. En la vida real, sin embargo, ocurre lo contrario —al menos a partir de los 25 años—. Un estudio ha identificado esta como la edad exacta en la cual dichos círculos sociales comienzan a reducirse, al mismo tiempo que nuestro contacto con mucha gente se pierde. En el caso de los hombres, la pérdida de amistades después de los 25 es aún más considerable.

Por supuesto, es prácticamente imposible cuantificar la amistad en la era de las redes sociales. Así es como investigadores de la Aalto University School of Science, de la Oxford University en Finlandia y el Departamento de Psicología Experimental de Oxford llegaron a conclusiones con tan solo analizar varias llamadas telefónicas. En concreto, analizaron los registros de teléfono de un operador móvil europeo con 3,2 millones de clientes para los cuales la información de edad y género se encontraba disponible.

Lo que descubrieron fue que los usuarios de 25 años eran, con amplia diferencia, los más activos: hombres de esa edad llamaban a una media de 19 personas por mes, mientras que las mujeres llamaban a alrededor de 17,5 personas. A partir de los 25, los números declinan. Para los 39, la media es de 12 y 15 personas respectivamente.

"La gran promiscuidad social entre individuos jóvenes podría interpretarse como una fase de muestreo social", afirma el equipo de investigadores. "Los individuos exploran el rango de oportunidades disponibles (tanto para amistades como para parejas reproductivas) antes de elegir comprometerse con aquellos que consideran óptimos o más valiosos". Le quitan importancia al género para, naturalmente, dársela al sexo. Aparentemente, los chicos jóvenes llaman a más gente basándose en una búsqueda sexual.

Claramente, el estudio presenta ciertas limitaciones —por mencionar solo una, fue llevado a cabo en 2007—. Un número considerable de amistades no involucran llamadas telefónicas regulares, y resulta discutible que algunas formas de comunicación en línea logran replicar la intimidad de la voz humana lo suficiente como para hacer de las llamadas algo innecesario.

Finalmente, existen los enganches técnicos —llamar a tu compañía telefónica 10 veces al mes difícilmente se pueda considerar una amistad—. Aun así, los investigadores afirman que sus conclusiones coinciden con estudios previos. Y, a pesar de eso, parecen confirmar lo que ya sabíamos: tener muchos amigos no importa demasiado si los que tienes son de verdad.