En esta nota se presenta una comparación de la graduación universitaria argentina con la existente en España hacia el año 2014. Comencemos por señalar que mientras en España hay 83 universidades, esta cifra asciende a 110 en Argentina. El esfuerzo que hace Argentina es notable, ya que mientras en España hay una universidad cada 570 mil habitantes, esta cifra se reduce a 390 mil en Argentina. Cuando se presta atención a la matrícula total, queda en evidencia la gran expansión que tuvo el sistema universitario argentino, que registra 1,87 millones de estudiantes, mientras en España esta cifra se reduce a 1,41 millones. Argentina tiene 32% más estudiantes universitarios que España, a pesar de que la población española es un 8% mayor a la argentina. La diferencia entre España y Argentina es aún mayor cuando se considera el PBI por habitante, que en España es 90% mayor al de Argentina.

Hasta aquí es evidente la gran cobertura de la universidad argentina comparada con la española, pero nuevamente la situación es muy distinta cuando se presta atención a la graduación final de los estudiantes. A pesar de que Argentina tiene 32% más estudiantes que España, este país tiene un 80% de graduados. La graduación anual argentina fue de 120 mil estudiantes en el 2014, mientras en España ascendió a 214 mil, o sea, 46 cada 10 mil habitantes, mientras esta proporción se reduce en Argentina a apenas 28.

Estas grandes diferencias se explican por el muy bajo nivel en la graduación final en Argentina. Es así como España tiene menos estudiantes universitarios, pero más graduados. Después de estar un año en la universidad, tres de cada diez alumnos de universidades privadas argentinas y nada menos que la mitad de los estudiantes de las universidades estatales no aprobaron más de una asignatura.

En junio del 2017, comenzaron en España los exámenes determinados por la prueba Evaluación de Bachillerato para el Ingreso a la Universidad (EVAU). Este examen se desarrolla durante 3 o 4 días, según las comunidades regionales; los inscritos este año fueron alrededor de 300 mil aspirantes a ingresar a la universidad. Las notas se conocerán el 30 de junio, cuando el estudiante queda habilitado a postular su ingreso a las facultades estatales o privadas que hayan fijado puntajes inferiores en término de notas durante el bachillerato y esta prueba EVAU a los correspondientes al postulante. Esta evaluación para el ingreso a la universidad en España tiene como objetivo valorar de una manera objetiva el nivel académico del estudiante, prestando atención a los conocimientos y las capacidades desarrolladas durante la escuela secundaria, contribuyendo así a incrementar las posibilidades de una exitosa graduación en la universidad.

En América Latina son numerosos los países que también tienen evaluaciones de los estudiantes al finalizar el secundario como requisito previo al ingreso a la universidad. La lista incluye a Brasil, Chile, Colombia, México, Nicaragua, Cuba, Honduras, Ecuador, Costa Rica, Paraguay, Bolivia, Perú y Venezuela.

Argentina es un caso notable, ya que no solamente carece de cualquier sistema de evaluación general del nivel de los conocimientos de los estudiantes secundarios antes de ingresar a la Universidad, sino que además lo prohíbe expresamente en la Ley Nacional de Educación vigente. En la última sesión del Senado de la Nación del año 2015 se aprobó la ley 27204, que establece en su artículo 4: "Todos los alumnos que aprueban la enseñanza secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado en el nivel de educación superior".

Es difícil de entender la razonabilidad de esta ley justamente en un país que registra un muy bajo nivel de conocimientos de sus estudiantes secundarios, no sólo como lo indican las pruebas PISA, sino también las evaluaciones realizadas por Unesco en América Latina.

Las deficiencias educativas en Argentina son muy grandes, por eso no debemos caer en el simplismo de creer que la mera adopción en Argentina de un régimen de exámenes al finalizar el secundario, como el vigente en España y tantos otros países, resolverá todos los problemas asociados con el escaso nivel de graduación universitaria, pero si los dirigentes políticos continúan con esta actitud pasiva de ignorar la gravedad del atraso y no encaran el problema, continuarán como hasta ahora, comprometiendo el futuro de los adolescentes.