Este jueves, Gran Bretaña irá a las urnas para elegir un nuevo Primer Ministro. Luego del referéndum respecto a la salida de la Unión Europea, la renuncia de David Cameron y la asunción de Theresa May, el Partido Conservador llamó a elecciones con el objetivo de fortalecer la figura de la actual premier y, supuestamente, aumentar la diferencia en escaños que actualmente tienen en el Parlamento.

Una profunda discusión entre partidos en relación a cómo liderar la nueva relación con Europa debía diagramar las dinámicas de las campañas de Theresa May y Jeremy Corbyn, los principales candidatos a obtener la victoria. Todo esto comenzó a cambiar el 22 de marzo cuando un extremista atropelló decenas de personas frente a Westminster y luego acuchilló a un policía, se acrecentó el 22 de mayo cuando Salman Abedi se inmoló matando 22 personas en un recital de Ariana Grande y obtuvo su punto culmine el sábado pasado cuando 7 murieron y casi 50 están aún luchando por su vida en Londres.

La campaña ha venido mostrando una dinámica bastante singular en donde semana a semana, las predicciones electorales de la gran mayoría de las encuestadoras muestran un avance de los laboristas ante un estancamiento claro de los conservadores. De hecho, luego de lo ocurrido en Manchester, las críticas realizadas por Corbyn ante recortes llevados a cabo por May en torno a las fuerzas policiales mostraron un quiebre y se han recrudecido en estos días posteriores al nuevo atentado. May pensó una campaña guiada por el Brexit pero no parece haber mostrado la cintura suficiente para adaptarse a los temas sobre los que ha mutado la dinámica de la conversación: transporte público, sistema de salud y, por supuesto, seguridad y terrorismo.

En este escenario, todos parecen perder.

Buena parte de la ciudadanía no termina de encontrar un candidato atractivo y novedoso que logre cautivar a un electorado apático y difícil de movilizar. Ambos dirigentes poseen límites estructurales y ellos mismos parecen achicar sus márgenes potenciales de mejora. La Primer Ministro es ridiculizada al ser comparada con un robot ("Theresa May-bot") debido a sus modos y formas de comunicarse, en donde no deja espacio para emociones y utiliza de manera constante frases hechas para escapar a preguntas punzantes. En realidad, buena parte de su apoyo parece ser meramente reactivo ante el temor que infringe Jeremy Corbyn en relación a su real capacidad de poder gobernar un país (y de liderar la discusión por el Brexit con el resto de Europa); visión que es compartida, sobre todo, en ciertas zonas del interior de la isla.

Por otro lado, tanto UKIP como los Demócratas liberales han mostrado bajas en las predicciones electorales y parecen acercarse a realizar una elección particularmente mala.

En cierta medida, el laborismo es quien se encuentra en un proceso constante de mejora achicando sus márgenes y pasando, según el promedio de encuestas, de más de 20 puntos de distancia a tan solo 7. A pesar de ello, parece difícil que logre vencer y quedar al mando desde el número 10 de Downing Street.

Así, a pesar que Theresa May gane, su desempeño será leído como una derrota en relación a que obtendría menos bancas de las actuales, cuando el objetivo principal de este nuevo llamado a elecciones era precisamente solidificar su apoyo en Westminster para la discusión en relación al Brexit (tanto al interior del partido como con el resto de las fuerzas políticas).

Pero fundamentalmente, los grandes perdedores de este proceso siguen siendo simples ciudadanos de buena parte del mundo que no logran encontrar gobiernos que sepan cómo lidiar con estas células extremistas. Las mismas han encontrado la forma de conservar el terror y hacer prácticamente imposible que este tipo de sucesos sean prevenidos. Así, con niveles de rechazo y desconfianza en las respuestas que pueden y deben otorgar las diversas instituciones, el lugar para discursos populistas, simplistas y peligrosos sigue creciendo.