Ari Paluch
Ari Paluch

Es sábado primero de abril, el famoso #1A, Mauricio Macri se preparaba para ver a su Boca querido, pero otra cosa en la tele lo atrapó más, inesperadamente para él y su entorno. La Plaza Mayor se llenó de gente que lo apoyaba, pero en gran medida manifestaba el hastío de la temporada alta de marchas y cortes que tuvo su pico el viernes 24 de marzo, cuando algunos imbéciles supuestamente fueron a repudiar el golpe, propiciando otro.

Después de las declaraciones "helicopteristas" y los exabruptos de Hebe de Bonafini, muchos dijeron basta y enfilaron a distintas plazas y esquinas, a bancar la democracia y -por añadidura- al actual Gobierno. Esa noche la voz del presidente sonaba entre cansada y agradecida. A su interlocutor le decía lo emocionado que se sentía; concluía que el país está vivo y que pese al "muerto" que le dejaron la gente cree y que eso es muy bueno.

Esa noche, Macri ignoraba que estaba empezando su mejor semana en la gestión en lo que va del año. Envalentonado por lo que sucedió el sábado, anunció el lunes siguiente un acuerdo para construir 100 mil viviendas y generar igual cantidad de empleos. En esa circunstancia habló de mafias en todos los ámbitos, sin embargo asegura que el periodismo se enfocó en la mafia sindical. Dos horas después, delante de Moyano, en Ezeiza, repitió el minué de las mafias. Esa mañana inauguraba el modernísimo centro de entrenamiento de Boca Juniors que iba a llevar su nombre, pero que finalmente y por recomendación de un asesor ecuatoriano, no aceptó para evitar reproches por actitudes personalistas.

No pasaron muchas horas de su admonición sobre los sindicalistas para que Omar Viviani le hiciera un regalo que ningún genio de su gabinete podía darle. El mandamás de los peones de taxis llamaba a dar vuelta a los coches negro y amarillos que circulasen el día del paro. Horas después era Carlos Acuña, integrante del triunvirato que lidera la CGT,el que le daría ampliamente la razón, mandando a su patota a cerrar estaciones de servicio el #6A, generando la reacción heroica de tres mujeres en Lomas de Zamora que "bancaron los trapos" y que le hicieron pedir disculpas al líder de un tercio cegetista.

Macri hace referencia permanentemente a la "batalla cultural". Esta semana la dió y tiene razones para sentir que temporalmente la ganó. A su entorno suele repetirle que el día del paro general fue un empate, que mucha gente en el interior trabajó y da como ejemplo el caso de Arcor, donde doce de sus trece plantas abrieron a excepción de la que fue bloqueada en Luján.

Ve con agrado que 70 de cada 100 docentes encuestados rechazó seguir de paro y mucho más el hecho de que Rodolfo Baradel desistiera de continuar con ellos. Recordemos que María Eugenia Vidal siempre recibió el firme consejo de su jefe para que no aflojara. Otra de sus "mujeres", la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, mostró los dientes con éxito el jueves al aplicar el protocolo anipiquetes. El primer mandatario destaca que no haya habido heridos graves pero lamenta que los vándalos que casi le sacan un ojo a un gendarme salieran en libertad inmediatamente. Se pregunta qué puede hacer un miembro de las fuerzas de seguridad cuando es agredido salvajemente si no es reaccionar, y destaca que la sociedad ha cambiado y también algunos periodistas, que así no lo entendieron en los episodios que tuvieron lugar el Hospital Borda.

Macri no celebra la embestida de su candidata en la ciudad de Buenos Aires Elisa Carrió contra el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, al que en el gobierno ven alineado; en cambio, insiste en que la que debería ser removida es Alejandra Gils Carbó, la Procuradora General de la Nacion, usina permanente de imputaciones a funcionarios actuales, muchos de los cuales deben ser convencidos por el propio presidente de no renunciar, hartos de ser incriminados injustamente, según consideran, y de los reclamos de sus respectivas familias para que vuelvan a la actividad privada.

En medio del atolladero. el Jefe de Estado destaca su encuentro con el señor mayor que encorvado portaba su bandera argentina, el pasado sábado 1 de abril, y señala que este hombre le pasó facturas por las facturas de las tarifas, razón por la que cree que muchos especialmente en el conurbano añoran a la ex presidente Cristina Kirchner, que prácticamente les daba luz, gas y agua por centavos.

Macri sabe que se juega el todo por el todo en las próximas legislativas y que aún creciendo tres puntos la economía esto no será percibido por los más humildes. Se ataja. Sostiene que no tiene mayoría en ninguna de las cámaras y que el kirchnerismo, especialmente algunos de sus alfiles, trabaja todo el día malvadamente para obturar el progreso de los ciudadanos, pero se ilusiona con que la mayoría quiere un cambio que traiga aparejado orden, civilización y no barbarie y que esa es la verdadera grieta. Mientras tanto cierra su mejor semana en lo que va del año, pensando que estos días su partido honró su nombre, Cambiemos.