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Según el estudio avalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que se realizó en diez centros de siete países— Australia, Chile, Alemania, India, Indonesia, Italia y el Reino Unido— la inyección anticonceptiva para varones existe y tiene un 96% de eficacia para prevenir embarazos.

Sin embargo, el estudio se suspendió porque los participantes manifestaron efectos secundarios.

"Molestias por las inyecciones, cambios de ánimo —especialmente aumento de emotividad—, aumento de libido", enumeró a Infobae la bióloga Gabriela Noé, Investigadora del Instituto Chileno de Medicina Reproductiva (ICMER), la única entidad latinoamericana que participó del experimento. "Estos efectos son similares a los que producen los anticonceptivos en las mujeres y están relacionados con los cambios hormonales. Es precisamente intentando disminuir los efectos secundarios que se han desarrollado decenas de distintos anticonceptivos hormonales para mujeres. En el caso de los anticonceptivos hormonales para hombres estamos como en los inicios de los estudios para las mujeres".

La polémica comenzó al instante: cambio de humor y alteración de la libido son síntomas con los cuales millones de mujeres —en quienes recae normalmente el peso de la prevención del embarazo— se han acostumbrado a vivir si toman anticonceptivos, o usan un dispositivo intrauterino (DIU) con hormonas, un anillo vaginal u otras formas de cuidado que afecten su equilibrio endocrinológico.

¿Se trataba de otra forma de discriminación?

Después de todo, se emplearon las mismas dos hormonas que se usan en la anticoncepción femenina. Una, la progesterona, corta la testosterona localmente, en los testículos de los varones. Pero el efecto positivo de congelar la producción de espermatozoides conlleva un efecto negativo: cuando la testosterona falta en el torrente sanguíneo, los hombres sufren trastornos anímicos, pérdida de libido, golpes de calor, disfunción eréctil, decaimiento muscular. Por eso la inyección incluye testosterona, para que se mantenga en la sangre pero no se acumule en los testículos, y las personas funcionen normalmente.

Una decisión reñida

En algunos casos los efectos secundarios indeseables se presentaron en tasas más altas que en las mujeres: el acné, por ejemplo, afectó a casi la mitad de los hombres, mientras que con un DIU hormonal afecta al 6,8% de las mujeres y con pastillas, al contrario, se reduce en las consumidoras.

Pero si el ensayo —"Efficacy and Safety of an Injectable Combination Hormonal Contraceptive for Men" ("Eficacia y seguridad de una combinación injectable de anticonceptivos hormonales para varones"), publicado en The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism (Revista de Endocrinología Clínica y Metabolismo)— probó que la combinación de hormonas era de una eficacia buena, ¿qué hubo en los efectos adversos que ameritara su suspensión?

"Dos comités revisaron los efectos secundarios", dijo Diana Blithe, Directora del Programa de Desarrollo de Anticonceptivos Masculinos del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver (https://www.nichd.nih.gov/Pages/index.aspx). "Uno de ellos recomendó que se continuara el ensayo; el otro pidió que se lo detuviera. No fue como lo presentaron algunos medios, según los cuales los hombres sufrieron un poco de depresión, no pudieron con los síntomas y se canceló el ensayo. Creo que a los miembros del comité los preocupaba la posibilidad de unos pocos eventos serios que habían ocurrido".

—¿Cuáles fueron?

—En el artículo describen que hubo un suicidio y que no estuvo relacionado con el ensayo, pero no está claro si eso se puede establecer de manera definitiva, porque también hubo otros hechos —un intento de suicidio y una depresión grave— que se consideraron posiblemente ligados. Creo que esa cantidad de eventos seriamente negativos —que ponen en peligro la vida o requieren de hospitalización o causan discapacidad— les hizo detenerse por prudencia, hasta entender qué sucedió.

"Sólo 20 de los 320 sujetos enrolados discontinuaron el estudio por efectos adversos", agregó la especialista de ICMER. "La decisión de discontinuar se fundamentó en la frecuencia de efectos adversos reportados y en que hubo dos casos de depresión severa que los investigadores clasificaron como posiblemente relacionados con el tratamiento".

El médico Mario Philip Festin, de la OMS, autor principal del estudio, escribió: "Aunque las inyecciones fueron efectivas para reducir la tasa de embarazo, hay que estudiar más la combinación de hormonas para considerar un buen equilibrio entre eficacia y seguridad".

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Cuidado y elección en partes iguales

El ensayo se realizó entre 2008 y 2012 entre hombres de 18 a 45 con parejas femeninas de 18 a 38 años, sin problemas de fertilidad conocidos. El objetivo era encontrar un método reversible, seguro y efectivo para el control de la natalidad en los varones, "una necesidad todavía insatisfecha", según el equipo investigador. Se trataba de una inyección intramuscular de progesterona y testosterona cada ocho semanas.

De los 1.491 síntomas negativos que informaron los varones participantes del estudio, más de 900 se debieron a las hormonas que les inyectaron. Casi la mitad tuvo acné, casi la cuarta parte sufrió trastornos del ánimo, el 38% manifestó un aumento del impulso sexual y el 15% sintió dolores musculares. Otros efectos secundarios que se presentaron en menor medida fueron dolor en los testículos, sudores nocturnos y confusión.

Se trataba de una inyección intramuscular de progesterona y testosterona cada ocho semanas

Con todo, la mayoría de los participantes se manifestó a favor del método cuando se canceló el ensayo: el 82,3% de los participantes varones y el 76% de sus parejas mujeres dijeron que lo utilizarían si estuviera disponible.

"El estudio tuvo una aceptación muy alta", agregó la endocrinóloga de NICHD. "A las parejas realmente les gustó. Yo he realizado varios ensayos clínicos y en general si algo logra un 70% de aceptación se considera realmente bueno".

—¿Cuál es la ventaja de un anticonceptivo masculino?

Blithe: —No todas las mujeres pueden tomar hormonas, o tienen acceso a otros métodos, y a veces quieren confiar el peso de la anticoncepción en sus parejas. Creo también que en el mundo hay muchos hombres que no quieren ser padres aunque estén en una relación, y les gustaría tener ese control en sus manos. Muchas mujeres piensan que sería bueno que los varones compartieran el proceso de planificación familiar. Existen los condones o la vasectomía, pero unos no son el método favorito de muchos (tiene una tasa de fallo muy alta) y la otra no es reversible. Por eso trabajamos en otras opciones.

No todas las mujeres pueden tomar hormonas, o tienen acceso a otros métodos, y a veces quieren confiar el peso de la anticoncepción en sus parejas

Noé: —En las últimas décadas ha habido una demanda creciente de los hombres por tener métodos anticonceptivos confiables y reversibles que les permita controlar su fertilidad. Asimismo, cada vez más mujeres quisieran compartir con sus parejas la responsabilidad y los riesgos de la planificación de los hijos. Se han descrito numerosos regímenes hormonales capaces de suprimir los espermatozoides y unos pocos estudios han demostrado que la eficacia anticonceptiva de estos métodos es comparable a la eficacia de las píldoras para las mujeres. Estos estudios han sido patrocinados por agencias internacionales que promueven la investigación en reproducción y a pesar de los resultados promisorios, la industria farmacéutica se ha restado de participar en los métodos masculinos argumentando la falta de interés por parte de los hombres.

—¿Cómo afecta eso la investigación?

—Para hacer estudios comparativos respecto al riesgo y el beneficio de los tratamientos se necesita avanzar a estudios fase III, con un mayor número de participantes. Este paso requiere hacer la transición de la investigación académica hacia el desarrollo farmacéutico de los anticonceptivos masculinos.

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Cambios de ánimo y sexismo

La depresión es otro tema. En septiembre, la publicación académica JAMA Psychiatry divulgó un estudio realizado en Dinamarca, "Association of Hormonal Contraception With Depression" ("Asociación de la anticoncepción hormonal y la depresión") que estableció un vínculo directo entre el uso de métodos hormonales para el control de la natalidad y la depresión. Los investigadores hallaron que las mujeres que los usan tienen "una probabilidad muy significativa" de ser recetadas antidepresivos; en el caso de las adolescentes, la tasa es altísima: 80 por ciento.

Del estudio realizado un equipo que encabezaron las médicas Charlotte Wessel Skovlund y Lina Steinrud Mørch participaron 1.061.997 mujeres de entre 15 y 34 años, a las que se siguió desde 2000 a 2013, y que nunca antes habían tenido un diagnóstico de depresión ni habían tomado antidepresivos.

"Millones de mujeres en el mundo emplean anticoncepción hormonal", escribieron las investigadoras. "A pesar de la prueba clínica sobre la influencia de la anticoncepción hormonal en el ánimo de algunas mujeres, las asociaciones entre su uso y las alteraciones anímicas se siguen abordando inadecuadamente".

Blithe reconoció que hay una asociación entre la fluctuación hormonal y la posibilidad de cambios de humor y depresión en algunas mujeres. "Por eso queremos tener opciones: si un método no funciona, otro puede hacerlo. Muchas mujeres que buscan métodos de control de la natalidad creen que la píldora es el más efectivo, pero en realidad el DIU y los implantes son mucho más efectivos y acaso tienen menos efectos secundarios".

Para Noé, existe "un componente social en la desigualdad en el desarrollo de anticonceptivos hormonales para hombres y mujeres". A partir de la comercialización de la píldora y el DIU, "las mujeres se beneficiaron de los anticonceptivos modernos que les permitieron controlar su fertilidad y así acceder a nuevos roles en la sociedad y en el trabajo, por lo que aceptaron con gusto la responsabilidad de la planificación familiar, que hasta entonces había sido compartida por hombres y mujeres en partes similares", explicó. "La investigación médica y la industria farmacéutica dirigieron sus esfuerzos al desarrollo de métodos anticonceptivos para mujeres. Los servicios de salud se ocuparon fundamentalmente de la salud reproductiva de las mujeres, y en América Latina como un medio para reducir las elevadas tasas de aborto en condiciones de riesgo".

Hormonas y otras opciones futuras

Blithe prefirió otro argumento: "Creo que inicialmente se quiso que el control estuviera en las manos de las mujeres, quienes llevan el peso del embarazo. Pero también queremos que los varones puedan. Pero el enorme trabajo que se ha hecho para encontrar una forma de administración oral de la testosterona todavía no ha dado resultados. No se ha ignorado el problema: se trata de un desafío muy grande".

Por eso las investigaciones exploran también otros caminos: "Un método anticonceptivo no hormonal que inhibiría una enzima que es indispensable para la motilidad de los espermatozoides. Al suprimirla, no pueden migrar al sitio de fecundación, que es la trompa de Falopio", ilustró Noé.

NICHD financia otras investigaciones en la Escuela de Farmacia de la Universidad de Minnesota. "Estamos en etapas muy tempranas del descubrimiento de nuevas formas de drogas que podrían controlar la producción de espermatozoides, con varios proyectos", dijo Blithe.

"El problema principal por el cual se sigue buscando este Santo Grial es que la testosterona de reemplazo no existe en forma oral. No hemos hallado la manera de que la testosterona se pueda tomar en una píldora de manera efectiva. Por eso pensamos en otras formas. En el estudio de la OMS, es una forma inyectable de acción prolongada; acá estamos probando con un gel, con ambas hormonas en una formulación que se absorbe por la piel y mantiene una reserva con niveles estables". Han hecho un examen de 6 meses, y tras los resultados positivos el año próximo harán uno masivo en Europa, América del Sur y los Estados Unidos.

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