Edipcia Dubón fue, hasta hace poco, diputada nacional de Nicaragua. El presidente de su país consideró que era una traidora a los principios del movimiento sandinista y, sin debido proceso constitucional, la expulsó de su cargo, al que había llegado con más de ochocientos mil votos. "Me acusaron de manera insólita de desobediencia al liderazgo de mi partido, cuando en realidad lo que no toleraban era el disenso democrático y el libre pensamiento", aseguró en diálogo con Infobae TV.

Dubón no dudó en señalar al presidente Daniel Ortega como un autócrata con "poder dinástico y dictatorial" que "hace uso de la historia del sandinismo para perpetuarse en el poder" y alertó al resto de las naciones americanas sobre lo que ocurre en su país. En una extensa nota con Infobae reclamó que la OEA y el resto de los organismos multilaterales pongan su mirada en Nicaragua y que se hagan cumplir las cláusulas democráticas de tratados internacionales.

Aquí, parte del diálogo:

—¿Cuál es su situación política? 

—Yo fui elegida por el pueblo de Nicaragua con alrededor de 800 mil votos, estaba en la posición número 5 en la lista de diputados nacionales. Y realmente nos encontramos frente a un atropello de nuestros derechos humanos fundamentales y nuestros derechos parlamentarios porque el régimen de Ortega de un plumazo nos despojó de nuestra inmunidad parlamentaria y nos suspendió del cargo sin haber tenido la oportunidad de ser parte de un proceso donde respondiéramos ante nuestros electores por los hechos que se nos imputaban, que son desobediencia al liderazgo de un partido político.

—¿Qué se argumentó para apartarlos?

—Realmente es bien insólito porque lo que se argumenta es que no estamos obedeciendo al liderazgo de un partido. Y en el caso nuestro, en mi caso, que soy miembro del Movimiento Renovador Sandinista que formamos parte de la alianza del Partido Liberal Independiente, no debemos obediencia al líder del Partido Liberal Independiente porque somos sandinistas, debemos la obediencia a la estructura partidaria denominada Movimiento Renovador Sandinista; por un lado. Y por otro lado nuestra obediencia es al pueblo de Nicaragua porque para eso los nicaragüenses van a los procesos electorales a elegir a sus representantes. Se debe respetar el voto soberano, el derecho de elegir y ser elegidos de los nicaragüenses, y no la voluntad de una persona que está determinada desde el poder para hacer este tipo de juzgados y sacarnos del proceso parlamentario.

—¿Hay división de poderes? ¿Hay república en Nicaragua?

—No, lamentablemente tengo que decir que no. Que el régimen de Ortega en un período de 10 años ha desmantelado la institucionalidad democrática. Ha cooptado los poderes del Estado y con ello ha utilizado el Estado como un instrumento de poder para doblegar a la ciudadanía, para doblegar a los partidos políticos, desmontar el sistema de partidos y lo que le permite ser candidato por tercera vez consecutiva y tener la posibilidad de tener un cuarto mandato.

—Y frente a esto, ¿hay algún tipo de control institucional o se ha transformado en un unicato el gobierno de Nicaragua?

—La verdad es que no hay ningún tipo de control. Como le digo, ha cooptado todos los poderes del Estado y entre ellos el Poder Electoral, que en el caso del Estado nicaragüense es un poder más. Y eso le facilita a él ir a procesos electorales, adjudicarse el número de diputados que estima conveniente y sacar a los diputados que le causan problemas, como es el caso de la bancada Alianza PLI.

—Mirado desde afuera hay una concepción benévola hacia el régimen de Ortega, diciendo que es un régimen nacional y popular. ¿Usted cómo lo ve?

— Bueno, efectivamente creo que media ahí el tema del recuerdo de la revolución sandinista, una revolución que provocó mucha solidaridad y el tema de los sandinistas que también provoca en la comunidad internacional ese recuerdo de una lucha bastante desigual frente al imperio norteamericano en un contexto de Guerra Fría; pero que en la actualidad estamos frente a un partido que pretende constituirse en un partido único entre un líder que es un caudillo, que ha cooptado todas las instituciones del Estado y que encima está nombrando a su esposa como candidata a vicepresidente de la República, con lo que nos acercamos más a un régimen dinástico dictatorial.

—¿Hay un aprovechamiento de aquel discurso que usted muy bien decía sedujo internacionalmente, un aprovechamiento del discurso para transformarlo en un régimen autoritario?

—Efectivamente. Él ha logrado navegar estos últimos 10 años utilizando esa imagen del sandinismo como un movimiento transformador, como un movimiento que aspiraba a una Nicaragua distinta, pero que en realidad el poder de Ortega en estos últimos 10 años lo que ha hecho es profundizar más la desigualdad. Lo que ha hecho es profundizar el poder de unos pocos, de una cúpula, y sobre todo fortalecer el liderazgo de él para quedarse en el poder utilizando los instrumentos de la democracia, como son las elecciones, de manera fraudulenta para perpetuarse y asegurar que su círculo siga medrando los recursos del Estado nicaragüense.

—¿Cómo se sale institucionalmente de esto?

—Esa es una pregunta que los nicaragüenses todavía nos hacemos, porque institucionalmente en Nicaragua no hay ninguna capacidad de salir de este problema sin la misma voluntad política del presidente Ortega, por un lado, y por otro lado, de que las instituciones realmente recobraran la capacidad institucional de hacer los pesos y contrapesos que le corresponden, que en este momento están completamente anulados.