Sus oponentes empiezan a preocuparse. La remontada de Elisa Carrió en las encuestas es arrolladora. Las últimas cifras de una de las consultoras más serias del mercado, en una muestra de 4.300 casos, ubican a la diputada con casi un 60% de imagen positiva y algo menos de 40 de negativa. "Está en su mejor momento por lejos", asegura uno de los dueños de esa consultora. Hace dos años no había diferencia entre ambas imágenes, y un año atrás la negativa superaba en 15 puntos a la positiva.


Según otro sondeo de 3.000 casos, encargado por un ministerio nacional, Carrió es la dirigente mejor posicionada: tiene un 63% de imagen positiva y un 25 de negativa. La sigue Mauricio Macri, con 57 y 28%, respectivamente.

"Mauricio es el poder, yo soy la autoridad". Así suele definir Carrió en privado a su relación con Macri y al rol de ambos en el nuevo esquema de poder. Según su teoría, el Presidente es quien manda, pero ella es quien fija la vara entre lo moral y lo amoral. Entre lo bueno y lo malo. Entre lo honesto y lo deshonesto. La líder de la Coalición Cívica redime o condena.

El teorema de Carrió, que en estos días se encuentra de viaje en Washington acopiando información, según su entorno, relacionada con el caso Nisman, también se refleja en las encuestas. Los números aventuran que funcionan como un "matrimonio político": ninguno puede prescindir del otro. El problema es que las esquirlas de esa pareja, cuando cruje, suelen alcanzar hasta al entorno más preciado de Macri.

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Foto de archivo. "Carrió y Macri conforman un matrimonio político", creen en el Gobierno.


Según "Lilita", que también viajó a Estados Unidos para interiorizarse sobre las próximas elecciones norteamericanas, Macri "va por el bronce". "No quiere ser como su padre", desliza la diputada entre sus íntimos en referencia a Franco Macri, ahora enemistado con su hijo por los coletazos de la investigación en torno a los "Panamá Papers".

La diputada está convencida de que el pasado del Presidente y algunos integrantes de su círculo íntimo le traerán más dolores de cabeza al Gobierno. En el caso de Panamá Papers, Carrió fue categórica: apenas tomó estado público, sentenció en televisión la inocencia del jefe de Estado. No corrió la misma suerte, por ejemplo, el intendente Néstor Grindetti, contra quien "Lilita" despotricó en público. Ni Marcos Peña ni uno de los principales consejeros presidenciales, con despacho en el primer piso de la Casa Rosada, pudieron parar a la diputada en su diatriba contra el ex ministro de Hacienda porteño.

No fue el único integrante del elenco macrista que sufrió el escarnio de Carrió. También el presidente de Boca, Daniel Angelici, y el empresario Nicolás Caputo, en menor medida. Sobre Angelici, a quién calificó como uno de los operadores judiciales del Gobierno, "Lilita" aún investiga sus vinculaciones.

En realidad, la diputada se convirtió en una aliada incómoda para muchos integrantes del staff oficialista. En especial para aquellos como Jaime Durán Barba, uno de los principales arquitectos de la estrategia de comunicación gubernamental, que creen que puede transformarse en un boomerang. "Si vos persigues a otros, mañana te van a perseguir a vos", aseveró el ecuatoriano en la noche del sábado en la mesa de Mirtha Legrand. Justificó de esa manera esa versión que da cuenta de que un sector del Gobierno no quiere saber nada con incomodar a Cristina Kirchner en la Justicia más de la cuenta. "Lilita" y el asesor ecuatoriano se detestan.

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Durán Barba generó polémica con sus dichos el sábado en el programa de Mirtha Legrand

Carrió, por el contrario, va contra todos. Camina los tribunales federales de Comodoro Py con frecuencia. Acorrala a la ex presidente, a Lázaro Báez, a Ricardo Echegaray, a Julio de Vido o a Amado Boudou. La semana pasada, le pidió al juez Ariel Lijo, por ejemplo, que acelere la causa en la que investiga al ex vicepresidente por irregularidades en la ejecución de un plan federal de viviendas en el Partido de la Costa en el 2005, cuando éste era secretario de Hacienda de aquel municipio. Pidió avanzar también contra el ex ministro De Vido. "Lilita" se transformó, sin quererlo, en una implacable operadora judicial.

En los últimos días, la diputada arremetió con dureza contra el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, que atraviesa una relación tirante con el Gobierno. Los voceros oficiales se encargaron de disimular la tensión y aclararon que Carrió hablaba por su cuenta. Tensa calma, por ahora.

Carrió todavía no definió si será candidata en las elecciones del próximo año, cruciales para la suerte de la segunda etapa del mandato de Macri. "Dependerá de la coyuntura", dice "Lilita" entre sus íntimos, aunque en el Gobierno confían en que será la carta del Presidente en la provincia de Buenos Aires, donde ahora centró su atención. En las próximas semanas, terminará una ardua investigación sobre el patrimonio de Daniel Scioli, ex gobernador bonaerense. Carrió desnudaría nombres de supuestos testaferros, bienes sin declarar en la provincia de Buenos Aires y eventuales propiedades en alguna isla de Italia. Está enfocada, además, en la causa del Triple Crimen y la efedrina, centrada en la figura de Aníbal Fernández. La jueza María Romilda Servini de Cubría, de trato privilegiado con la líder de la Coalición Cívica, tendría información que comprometería al entorno del ex jefe de Gabinete directamente con el nudo del expediente.

Díscola, Carrió incomoda cada vez más al poder. Suele verse con el Presidente cada quince días. A solas. Y habla seguido con el jefe de Gabinete. Pero la relación con Macri ya es más íntima que cualquiera de las que el jefe de Estado tiene con otras de las mujeres de su espacio. Avalada por las encuestas, "Lilita" siente la comodidad de su rol.

El Presidente todavía recuerda uno de los primeros encuentros con ella en Casa Rosada. Cuando la fue a buscar a la antesala de su despacho, la diputada esperaba dormida en uno de los sillones, sin zapatos y con los pies arriba de una pequeña mesa. Macri la zamarreó suave para despertarla.