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Cultura sábado 05 de marzo 2016

La espiritualidad, según Pablo Marchetti

En su nuevo libro "Pensamientos incómodos", el reconocido periodista ironiza sobre diferentes temas con su característico estilo irreverente, desde el sexo y la inseguridad hasta la culpa de clase y la religión. Infobae publica un adelanto

sábado 05 de marzo 201616:08
Pablo Marchetti fundó la Revista Barcelona y está casado con la diputada Victoria Donda.
Pablo Marchetti fundó la Revista Barcelona y está casado con la diputada Victoria Donda. Crédito:
Los seis hombres charlan en la barra del stand de comida de la India. Tienen camisa blanca y pantalón oscuro, comen unos bocaditos de vegetales y pollo que mojan en una salsa de yogur natural con cebolla y ají, y toman cerveza.

—From India? —pregunto.
—Yes! —responde uno, en un inglés con un acento que me hace acordar a Apu, el dueño del minimarket de Springfield donde siempre compra Homero.

En realidad todo el aspecto de los seis hombres me hace acordar a Apu. Sus rostros morenos, sus ojos delineados, su pelo negro encrenchado. Me cuentan que la comida de la India está muy bien, que es como la que se come en la India y noto que el dueño del stand también se parece a Apu. Parece uno más del grupo. La única diferencia es que está del otro lado del mostrador. La espiritualidad según FeVida funciona: al menos el tipo de la comida hindú es realmente un hindú que hace comida típicamente hindú.

Por lo demás, la espiritualidad de los stands parece bien heterogénea: hay locales de ropa, remeras con leyendas tipo «om», otros de túnicas de la India, uno de túnicas para chicos, varios de aceites esenciales y sahumerios, algunos de masajes de todo tipo, de yoga también de todo tipo, hay meditación y mucha oferta gastronómica y hasta una propuesta de bailar tango, el «Curso Sri Sri Tango». Sri sri, posta, no es una joda.

Los seis hombres que comen comida hindú son periodistas, enviados de la televisión de la India que están siguiendo a Sri Sri Ravi Shankar. «Él no es muy conocido en la India, es muy famoso fuera del país. Por eso lo seguimos por todo el mundo, eso llama la atención allá». Entiendo. Ravi es una estrella de rock. Pero no es como los Rolling Stones. Más bien es como Los Ramones, que en los 90 en Nueva York tocaban para doscientas personas y después venían a la Argentina y llenaban River.

La presencia de Ravi genera sentimientos encontrados entre los demás participantes de FeVida. «No entiendo por qué tiene tanta adhesión, supongo que en la India debe haber diez mil como él», dice una mujer muy elegante que representa a otra fundación que pregona la meditación y la respiración pero que no es El Arte de Vivir. Y enseguida aclara: «Igual no lo critico, finalmente lo que hace el tipo sirve para que mucha gente se vuelque a vivir mejor y por ahí entrás por él y después terminás conociendo otras cosas».

«Puede ser que se haya llenado de plata, pero no jode a nadie y lo que enseña a mucha gente le hace bien», dice otra mujer, en otro stand, que tampoco se siente demasiado feliz con que sea ÉL, Sri Sri, el que se haya llevado toda la atención. El consenso es general: si hoy están aquí todos juntos es gracias a ÉL, por más que no les guste mucho ÉL. Eso no lo discute nadie. Ni siquiera la encargada de la fundación que en noviembre traerá a Deepak Chopra, el otro indio famoso.

Me pregunto si Chopra es la contracara de Sri Sri. No hay más que ver sus fotos: uno tiene el pelo largo, barba, túnica, una busarda disimulada debajo de la túnica (sí, tiene busarda, no jodan, no debe ser muy aficionado al ayuno), y parece llevar varios días sin bañarse; el otro es estilizado, tiene el pelo corto y con gel, afeitada al ras, anteojos modernos como para ir al Bafici y ropa étnica de diseño que bien podría ser un hippie chic made in Armani.

Viéndolos a Chopra y a Shankar se aprecia el mismo contraste estético que existe entre Damien Hirst y Carlos Regazzoni, entre David Bowie y Pablo Lescano, entre Barack Obama y Hugo Curto. La responsable del stand de Chopra no quiere entrar en polémicas, dice que los dos son maestros espirituales, que los dos son muy positivos y que los dos le hacen mucho bien a la gente. Pero finalmente aclara: «Y los dos son de la India, pero Chopra vive en Nueva York».

Para entrar a la feria hay que pagar una entrada de cuarenta pesos. Pero el plato fuerte son las conferencias, que se pagan aparte. Las de las estrellas internacionales cuestan cien. Durante la presentación de Shankar la sala no está del todo llena, pero hay unas ochocientas personas. Mucha si se trata de hacer meditación. Primero hay una presentación de todos (René Mey, Daniel Goleman, Nah Kin, el rabino Bergman, Carlitos Páez), incluyendo a Macri. Sólo faltó Dadi Janki, que llegaba un día después. Lástima, me quedé con ganas de ver a la «maestra» hindú con nombre de cantante de reggaetón.

Pensamientos incómodos SF
Portada de "Pensamientos incómodos", de Pablo Marchetti.

El contraste entre la recepción con un aplauso de compromiso que recibieron los demás «maestros» invitados y la ovación que recibió Shankar es el mismo que hay entre la banda soporte y la banda principal durante un concierto de rock. Sólo faltó el «olé, olé, olé, Raví, Raví». Después, Shankar habla un rato y les pregunta a los presentes si quieren «meditar un poco». La respuesta es un «¡síiii!» casi tan desesperado como si el Indio Solari hubiera preguntado: «¿Y ahora quieren que toque "Ji, ji, ji"?».

Shankar comienza entonces su mayor hit. «Nos frotamos la cabeza, ahora las cejas, debajo de los ojos, alrededor de la nariz, nos tiramos de las orejas... no dejen que nadie les tire de las orejas, sólo háganselo a ustedes mismos», dice en inglés y el traductor traduce. La gente lo sigue atentamente, hace cada uno de los movimientos que propone y se ríe ante sus ocurrencias, como lo de las orejas. Ahora el Sri Sri se sienta en un sillón, cierra los ojos y arranca con la meditación.

Cualquiera que haya ido al menos a una clase de yoga sabe más o menos de qué se trata. Un ejercicio fantástico, sin dudas, altamente recomendable para todo el mundo. Pero al que se puede acceder fácilmente en cualquier centro cultural o comunitario barrial, donde está lleno de profesores y profesoras de yoga que hacen más o menos lo mismo que enseña el barbudo pelilargo de la India.

Quizás el mérito mayor del Sri Sri esté en su condición de frontman. En esa mezcla de actitud y carisma que lo lleva a concentrar la atención de esas ochocientas personas. Gente que lo sigue con devoción en un ejercicio de introspección que parece imposible dentro de ese galpón, con el ruido de la feria que se escucha de fondo, como un mantra de consumo multitudinario.

«It's all», anuncia Shankar luego de un largo rato de meditación. Ovación. La gente despeja el auditorio y sale a los stands. Aprovecho para hacerme una recomposición del sistema bioelectromagnético que propone el sistema SRB: me enchufan unos electrodos a los brazos y me conectan a un aparato que a su vez está conectado a una computadora, donde, mediante campos magnéticos, me ponen a punto. O eso es lo que entiendo, al menos. Veinte minutos después soy otra persona, aunque no lo note.

Tengo hambre. La oferta gastronómica en FeVida es de lo más variada: panes integrales, batidos energéticos, aceites y vinagres naturales y especiados, chocolates sin conservantes ni aditivos, galletas de algarroba, agua mineral de manantial, la ya mencionada comida de la India... sí, obviedades, lo que se espera de un lugar así. Pero, claro, lo meditador no quita lo argentino. Y aunque el chori brilla por su ausencia, la promo de un chopp de cerveza más especial de crudo y queso a cuarenta pesos es la gran atracción de la feria.

No, definitivamente no hay muchas diferencias entre esta clase de ferias y las demás. La del Libro, por ejemplo: stands, gente, ruido, histeria por ver al autor admirado, gente queriendo comprar, gente queriendo vender, gente tratando de divulgar distintas causas. Están las Madres del Dolor, está Expo Terra, la fundación que dirige el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, que iba a hablar en la Feria pero a último momento desistió.

Espiritualidad para Todos podría llamarse la oferta del Primer Megaencuentro de Espiritualidad de Latinoamérica, como se promociona FeVida. ¿Sí? ¿Espiritualidad? ¿Se puede encontrar algún rastro de espiritualidad en un «megaencuentro»? ¿O es que hay tanta espiritualidad en FeVida como literatura en la Feria del Libro?

Supongo que deben tener razón los expositores que defienden a Sri Sri a pesar de que no lo quieren mucho. Alguien tiene que asumir el rol de Comandante Espiritual para que Buenos Aires se transforme en la Capital del Amor. Y finalmente, en medio del ruido, los stands y la megameditación, algo siempre queda. Hay que reconocer que el especial de crudo y queso estaba buenísimo.

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