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El manejo del dinero dentro del vínculo de pareja es uno de los temas que se debe enfrentar a la hora de convivir. Hacer un "pozo" común, distribuir los gastos, aportar y dejar que el otro se encargue de administrar, ahorrar lo que sobra y disponerlo en forma individual según el "gusto y piaccere" de cada uno, son algunas de las opciones más frecuentes. No obstante, no todo se dice, no todo se "blanquea", dando lugar a ocultamientos y mentiras.

"El dinero como tal no tendría demasiado sentido si no fuera parte de una transacción mercantil bajo la cual subyacen diferentes intenciones respecto al otro como sujeto o como integrante de una institución mayor, por ejemplo: status social, pareja, familia. La representación del dinero en la subjetividad personal y social tiene que ver con seguridad, la autoafirmación, la autonomía, el poder y la dominación". Así reflexionó el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y psicoterapeuta.

La autonomía femenina muchas veces flaquea ante el manejo del dinero en la pareja

Es que la sociedad de consumo en la que se vive, poseer dinero, en mayor o menor medida, simboliza estar incluido dentro de un sistema de intercambio de bienes que además repercute en la autoestima y el área emocional. Sin embargo, tener algunos billetes en los bolsillos o en la caja de ahorro no es garantía de placer o disfrute. "Muchas personas guardan plata por avaricia, por desgracias futuras o para saberse poseedores de un factor de dominio. Si el principio de la historia la agricultura y la ganadería desplazó al hombre errante y cazador, convirtiéndolo de nómade en sedentario, también sentó las bases del patriarcado. La mujer primitiva, acostumbrada a dominar su terruño y criar a los hijos ante la ausencia de su hombre, tuvo que acatar los nuevos mandatos, cediendo autonomía, volviéndose sumisa. El patriarcado además sienta las nuevas pautas de intercambio de bienes, siendo el amo y señor de sus posesiones", analizó el especialista.

Y continuó: "Tuvieron que pasar muchos siglos para que la mujer despunte en el horizonte y se asuma como factor de cambio. No obstante la autonomía femenina muchas veces flaquea ante el manejo del dinero en la pareja: cede, transige, oculta, etc. Y todo con el fin de sostener firme uno de los aspectos de la virilidad: el poder".

He aquí la diferencia que aún persiste anclada en las configuración subjetiva de la virilidad patriarcal. Sin poder no existe firmeza, estima, fuerza ni placer. Según Ghedin, "el poder está anclado en la virilidad como la templanza, el deseo de ser madres, la sumisión, están inscritas en el mundo femenino". En tanto la subjetividad social valorará al macho fuerte, dominante, valiente, audaz, resaltando su virilidad; en cambio si dichos aspectos se presentan en una mujer dirá: "es una mujer fálica" "soberbia" u "hombruna".

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"Más que hablar de ideal, podríamos hacer referencia a un acuerdo posible. Ser fiel con el dinero es mantener claridad en la administración del mismo, que no es ni más ni menos que defender la verdad en todos los temas vinculares. Puede parecer demasiado romántico y pretencioso que todo sea límpido y cristalino, pero no es imposible -aseguró el especialista-. Las personas que conforman un vínculo de pareja juran o acuerdan fidelidad en todos los órdenes y por sobre todas las cosas anhelan que la comunicación sea abierta y franca para dirimir cualquier cuestión que pudiera presentarse".

Durante la convivencia cada pareja debe encontrar cuál es la mejor forma para administrar el dinero. Todo depende de la libertad para comunicar los acuerdos y desacuerdos, en el instante y el tiempo justo.


El especialista enumeró las diferentes formas en que puede darse este tipo de engaño.


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-Infidelidad monetaria asimétrica

¿Qué ocurre con las diferencias según el género?

"Las mujeres que ganan más que sus parejas hombres tienden a esconder gastos por miedo a que ellos se sientan en desventaja, más aún si está desocupado; otras se adaptan al menor presupuesto del hombre restringiendo en indumentaria, salidas, vacaciones, etc.; finalmente están las ceden todo sin importarles las diferencias", ejemplificó Ghedin, para quien "la mujer con mayor salario cuida la virilidad de su partenaire, no sea cosa que además del presupuesto decaiga también la imagen varonil, la libido, o se resienta el rol de padre frente a los hijos".

Pero esta misma actitud no es ecuánime de parte de los hombres hacia sus compañeras desocupadas: cuanto más gana el varón más refuerza la estima viril y para nada esta diferencia debiera incidir negativamente en la feminidad de su compañera, por el contrario, ella debería sentirse orgullosa del hombre proveedor que tiene a su lado.

La repercusión subjetiva de la desocupación también impacta de diferente manera en ambos géneros

"Para el imaginario personal y social un hombre desocupado es un problema a resolver: está fuera del sistema de producción, cosa que nadie diría para una mujer que pierde el trabajo -consideró Ghedin-. La repercusión subjetiva de la desocupación también impacta de diferente manera en ambos géneros". Así, los hombres se angustian o deprimen sin saber qué hacer, pasan períodos decepcionados, incapaces de generar una idea posible de realizar. La herida narcisista es profunda y toca el núcleo mismo de la virilidad (fuerza, vigor, valoración del trabajo, poder sexual, jactancia frente al grupo de pares, etc.). Mientras que la mujer sale más rápido de la decepción laboral, enfrentando la situación con más alternativas, ejemplo: proyectos laborales autogestivos, alianza con amigas, uso de recursos artísticos, artesanales, cuidado de ancianos o de niños, como ellas dicen: "no se me van a caer los anillos por lavar ropa ajena".

Las consecuencias

Si tanto la desigualdad como la paridad en el manejo del dinero lleva en muchos casos a ocultar gastos o a mentir para no generar problemas, existen otras situaciones especiales en los que la mentira encubre deslealtades vinculares, no sólo monetarias. La "doble vida" no es gratuita, exige atención, cubrir las demandas afectivas y económicas, originalidad para inventar excusas y una cuota enorme de alerta para no despertar sospechas. El cuidado insta a hacer gastos en efectivo por temor a que sean descubiertos en los resúmenes de tarjeta, a reducir los aportes al vínculo "legal" (a menos que se tenga mucho dinero), o a endeudarse con créditos o con los amigos compinches.

En este contexto, los egresos de dinero "no blanqueado" pueden ser inducidos por cuadros psiquiátricos: juego patológico o ludopatía, trastorno bipolar en ciclo maníaco, uso de drogas, compulsión por las compras, adicciones sexuales, etc. "En estos casos, la persona, tanto hombre o mujer, miente, esconde, o no se da cuenta de los descalabros económicos que provoca. Cada uno de estos cuadros clínicos tiene sus particularidades, pero todos cursan con impulsos que llevan a la persona afectada a gastar más de la cuenta o a hipotecar sus bienes", finalizó Ghedin.