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Tendencias sábado 20 de febrero 2016

Economía de la pareja: los riesgos de esconder los gastos

Ocultar y mentir sobre la economía en una relación es otra forma de defraudar la confianza. Por qué los abogados hablan de infidelidad financiera. El rol del dinero en el amor

sábado 20 de febrero 201600:00
En los vínculos laboralmente asimétricos es frecuente que quien dispone del dinero lo ceda en cuentagotas

En los vínculos laboralmente asimétricos es frecuente que quien dispone del dinero lo ceda en cuentagotas

Crédito: Shutterstock

El manejo del dinero dentro del vínculo de pareja es uno de los temas que se debe enfrentar a la hora de convivir. Hacer un "pozo" común, distribuir los gastos, aportar y dejar que el otro se encargue de administrar, ahorrar lo que sobra y disponerlo en forma individual según el "gusto y piaccere" de cada uno, son algunas de las opciones más frecuentes. No obstante, no todo se dice, no todo se "blanquea", dando lugar a ocultamientos y mentiras.

"El dinero como tal no tendría demasiado sentido si no fuera parte de una transacción mercantil bajo la cual subyacen diferentes intenciones respecto al otro como sujeto o como integrante de una institución mayor, por ejemplo: status social, pareja, familia. La representación del dinero en la subjetividad personal y social tiene que ver con seguridad, la autoafirmación, la autonomía, el poder y la dominación". Así reflexionó el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y psicoterapeuta.

La autonomía femenina muchas veces flaquea ante el manejo del dinero en la pareja

Es que la sociedad de consumo en la que se vive, poseer dinero, en mayor o menor medida, simboliza estar incluido dentro de un sistema de intercambio de bienes que además repercute en la autoestima y el área emocional. Sin embargo, tener algunos billetes en los bolsillos o en la caja de ahorro no es garantía de placer o disfrute. "Muchas personas guardan plata por avaricia, por desgracias futuras o para saberse poseedores de un factor de dominio. Si el principio de la historia la agricultura y la ganadería desplazó al hombre errante y cazador, convirtiéndolo de nómade en sedentario, también sentó las bases del patriarcado. La mujer primitiva, acostumbrada a dominar su terruño y criar a los hijos ante la ausencia de su hombre, tuvo que acatar los nuevos mandatos, cediendo autonomía, volviéndose sumisa. El patriarcado además sienta las nuevas pautas de intercambio de bienes, siendo el amo y señor de sus posesiones", analizó el especialista.

Y continuó: "Tuvieron que pasar muchos siglos para que la mujer despunte en el horizonte y se asuma como factor de cambio. No obstante la autonomía femenina muchas veces flaquea ante el manejo del dinero en la pareja: cede, transige, oculta, etc. Y todo con el fin de sostener firme uno de los aspectos de la virilidad: el poder".

He aquí la diferencia que aún persiste anclada en las configuración subjetiva de la virilidad patriarcal. Sin poder no existe firmeza, estima, fuerza ni placer. Según Ghedin, "el poder está anclado en la virilidad como la templanza, el deseo de ser madres, la sumisión, están inscritas en el mundo femenino". En tanto la subjetividad social valorará al macho fuerte, dominante, valiente, audaz, resaltando su virilidad; en cambio si dichos aspectos se presentan en una mujer dirá: "es una mujer fálica" "soberbia" u "hombruna".

¿Existe un ideal?

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Como todo acuerdo, la pareja está basada en el compromiso afectivo, ético y moral

"Más que hablar de ideal, podríamos hacer referencia a un acuerdo posible. Ser fiel con el dinero es mantener claridad en la administración del mismo, que no es ni más ni menos que defender la verdad en todos los temas vinculares. Puede parecer demasiado romántico y pretencioso que todo sea límpido y cristalino, pero no es imposible -aseguró el especialista-. Las personas que conforman un vínculo de pareja juran o acuerdan fidelidad en todos los órdenes y por sobre todas las cosas anhelan que la comunicación sea abierta y franca para dirimir cualquier cuestión que pudiera presentarse".

Como todo acuerdo está basado en compromiso afectivo, ético y moral. Y si se presentan obstáculos la capacidad para solucionarlos está en la conciencia de cada uno. Por lo tanto el manejo del dinero en el seno de una pareja debería ser el resultado de un acuerdo basado en la comunicación sincera. Es más, debería ser parte importante de las tantas cosas que se comunican entre uno y otro.

Las etapas del acuerdo

No es lo mismo el valor de intercambio de dinero durante el noviazgo que durante la convivencia. "Sin embargo, los problemas suelen comenzar cuando las parejas organizan previamente lo que será la vida en común: búsqueda de un lugar para vivir, fiesta de casamiento, compra de electrodomésticos, etc. Si bien muchas veces son los padres (futuros suegros) los que ayudan a los hijos en estas cuestiones, ya se pueden vislumbrar reacciones individuales y el grado de injerencia de las familias de origen", destacó Ghedin, quien adelantó que "durante el noviazgo pueden empezar a aparecer algunos rasgos de comportamiento que oscilan entre la prodigalidad y la avaricia".

Los hombres con rasgos obsesivos son tercos, obstinados, esquemáticos, avaros y no saben disfrutar del ocio

Tras asegurar que "a veces el bolsillo del hombre no tiene reparos para salir con amigos o para solventar la deuda de algún familiar en apuros y en cambio sí los tiene para salir con la novia o ahorrar para el casamiento", el especialista remarcó que "la mujer que quiere convivir con su pareja insistirá con más ahínco en guardar dinero y promoverá acciones para que se concrete la unión".

Ghedin diferenció: "A la hora de ahorrar los hombres destacarán el esfuerzo productivo, lo que determina que cada peso que se guarde lleve la impronta de 'me lo gané con el sudor de mi frente'. Las mujeres trabajadoras valoran el 'sacrificio' que conlleva el trabajo, pero también gozan de más capacidad para deleitarse. Los hombres con rasgos obsesivos son tercos, obstinados, esquemáticos, avaros y no saben disfrutar del ocio o de la recreación; se enojan cuando sus mujeres gastan en 'estupideces' o planean salidas para salir de la monotonía. Las mujeres con rasgos narcisistas suelen ocultar los gastos que conlleva pertenecer a cierto estatus social, excepto que sus parejas saquen partido de la apariencia". En fin, los rasgos de personalidad influyen también en la distribución del dinero, sobre todo cuando este es sinónimo de poder, seguridad o sacrificio.

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Durante la convivencia cada pareja debe encontrar cuál es la mejor forma para administrar el dinero. Todo depende de la libertad para comunicar los acuerdos y desacuerdos, en el instante y el tiempo justo.

El especialista destacó que "guardarse comentarios o malestares sólo provoca conflictos, agravados por lo que no se dijo en su momento" y subrayó que "las conductas de dominación y sumisión generan vínculos asimétricos, basados en la desigualdad, sobre todo cuando uno ejerce el poder con el dinero".

"No olvidemos que lo que comienza con el vil metal puede llevar a conductas de manipulación hasta violencia de género -insistió-. El tema de quién gana más no debería provocar malestar, por el contrario, tendría que ser visto como una contribución que beneficia a la pareja o a la familia. Desligar el monto de dinero del significado que adquiere en la sociedad de consumo es una tarea a realizar". El dinero es un objeto que debe ayudar al bien común. Los factores que incrementan la estima no deberían provenir de él, si no valores profundos como la solidaridad, la empatía, la educación, la libertad, el disfrute de la vida, la capacidad para ser mejores personas.

Dicen que el paso del tiempo vuelve más sabias a las personas, aunque muchas veces sabiduría se interprete como tolerancia o resignación. Con el transcurrir de la vida el sentido del dinero pierde en ambición, en fuerza propulsora del desarrollo y por qué no en codicia, para estar más acorde con la madurez. La juventud se lleva consigo el ímpetu de proyección futura, el reaseguro del "techo" y la familia para dar paso a una etapa de sosiego. Será posible entonces que en el discurso de la senectud se escuche: "ahora tenemos que pensar en nosotros".

Tipos de infidelidades monetarias


El especialista enumeró las diferentes formas en que puede darse este tipo de engaño.

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El tema de quién gana más no debería provocar malestar

-Infidelidad monetaria asimétrica

En los vínculos laboralmente asimétricos (uno trabaja, el otro se queda en la casa) es frecuente que quien dispone del dinero lo ceda en cuentagotas, día por día; especie de cuota diaria que muchas veces no se indexa, a menos que el otro reclame que no alcanza.

En este tipo de relación, tan frecuente tiempo atrás, cuando la mujer aún no se atrevía a salir a trabajar, dedicada de lleno a los hijos o a las tareas del hogar, o bien, aventurándose en trabajos mal pagos, el hombre reforzaba su orgullo viril gracias al trabajo y al poder que concede el atributo del dinero "ganado con el sudor de la frente", por poco que sea. En este tipo de vínculo asimétrico pueden encontrarse distintas formas de refuerzo de la virilidad otorgado por el trabajo: retener todo el dinero, hacer aportes diarios a la mujer que administra, o ceder todo o gran parte del sueldo. La desigualdad en la distribución de los roles, sobre todo cuando uno "domina" con el poder de los billetes, lleva a que el otro, se "someta" a las determinaciones del primero y en apariencia cumpla al ciento por ciento, cuando en realidad aparecen algunas transgresiones. Hay que ser muy sumiso, obediente o haber sido domesticado al extremo para no buscar una salida a la opresión. El que tiene el dinero pone las reglas y el otro las cumple en parte. Y en estos casos el ocultamiento o la mentira aparecen como opciones salvadoras: guardar una parte de la cuota diaria para un gusto personal, ayudar a los hijos, hacer terapia, prestar plata a un familiar o a un amigo, o bien, ir ahorrando para una indecisa y futura separación, pueden ser algunas de las alternativas. Y no importa el medio social o económico. Y así como el hombre encuentra su seguridad personal en el trabajo y en la ganancia económica, la mujer necesita romper con la "fidelidad monetaria" para sentir que no es un mero objeto que administra y distribuye los valores afectivos y mercantiles de su núcleo familiar.

-Infidelidad monetaria simétrica

La simetría laboral plantea sus particularidades. Si los dos trabajan, ambos tienen derechos y obligaciones en el manejo de las ganancias. Muchas parejas acuerdan poner los ingresos en un "pozo común" del cual surge el dinero para los gastos mensuales y el resto, es decir, lo que sobra, se ahorra, se emplea en gastos de excepción o se destina a lo que cada uno quiere. Cuando uno gana más que el otro se puede llegar a un acuerdo distributivo: el que más gana asume los consumos más abultados. Sin embargo, no siempre se dice todo lo que se gasta: a veces por temor a evitar reproches, por culpa, vergüenza, o simplemente porque "no tengo porqué dar explicaciones, es mi plata" o "yo me la gané y la gasto en lo que quiero".

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¿Qué ocurre con las diferencias según el género?

"Las mujeres que ganan más que sus parejas hombres tienden a esconder gastos por miedo a que ellos se sientan en desventaja, más aún si está desocupado; otras se adaptan al menor presupuesto del hombre restringiendo en indumentaria, salidas, vacaciones, etc.; finalmente están las ceden todo sin importarles las diferencias", ejemplificó Ghedin, para quien "la mujer con mayor salario cuida la virilidad de su partenaire, no sea cosa que además del presupuesto decaiga también la imagen varonil, la libido, o se resienta el rol de padre frente a los hijos".

Pero esta misma actitud no es ecuánime de parte de los hombres hacia sus compañeras desocupadas: cuanto más gana el varón más refuerza la estima viril y para nada esta diferencia debiera incidir negativamente en la feminidad de su compañera, por el contrario, ella debería sentirse orgullosa del hombre proveedor que tiene a su lado.

La repercusión subjetiva de la desocupación también impacta de diferente manera en ambos géneros

"Para el imaginario personal y social un hombre desocupado es un problema a resolver: está fuera del sistema de producción, cosa que nadie diría para una mujer que pierde el trabajo -consideró Ghedin-. La repercusión subjetiva de la desocupación también impacta de diferente manera en ambos géneros". Así, los hombres se angustian o deprimen sin saber qué hacer, pasan períodos decepcionados, incapaces de generar una idea posible de realizar. La herida narcisista es profunda y toca el núcleo mismo de la virilidad (fuerza, vigor, valoración del trabajo, poder sexual, jactancia frente al grupo de pares, etc.). Mientras que la mujer sale más rápido de la decepción laboral, enfrentando la situación con más alternativas, ejemplo: proyectos laborales autogestivos, alianza con amigas, uso de recursos artísticos, artesanales, cuidado de ancianos o de niños, como ellas dicen: "no se me van a caer los anillos por lavar ropa ajena".

Las consecuencias

Si tanto la desigualdad como la paridad en el manejo del dinero lleva en muchos casos a ocultar gastos o a mentir para no generar problemas, existen otras situaciones especiales en los que la mentira encubre deslealtades vinculares, no sólo monetarias. La "doble vida" no es gratuita, exige atención, cubrir las demandas afectivas y económicas, originalidad para inventar excusas y una cuota enorme de alerta para no despertar sospechas. El cuidado insta a hacer gastos en efectivo por temor a que sean descubiertos en los resúmenes de tarjeta, a reducir los aportes al vínculo "legal" (a menos que se tenga mucho dinero), o a endeudarse con créditos o con los amigos compinches.

En este contexto, los egresos de dinero "no blanqueado" pueden ser inducidos por cuadros psiquiátricos: juego patológico o ludopatía, trastorno bipolar en ciclo maníaco, uso de drogas, compulsión por las compras, adicciones sexuales, etc. "En estos casos, la persona, tanto hombre o mujer, miente, esconde, o no se da cuenta de los descalabros económicos que provoca. Cada uno de estos cuadros clínicos tiene sus particularidades, pero todos cursan con impulsos que llevan a la persona afectada a gastar más de la cuenta o a hipotecar sus bienes", finalizó Ghedin.

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