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El "rey de la cafetera" tuvo el funeral que siempre soñó. Sobre un pequeño altar en la iglesia de Casale Cerro, su pueblo natal en el Piamonte, una cafetera Moka aloja sus cenizas. Todo el pueblo se ha reunido para despedirlo, muchos de ellos ex empleados de la empresa.

Desde su creación hace más de 70 años, la fábrica de Moka ha dado trabajo a miles de vecinos de Casale Cerro. Y allí estaban aquellos obreros que tanto querían a Renato Bialetti, rezando ante la cafetera de 24 tazas, el modelo más grande del catálogo.

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La Moka ha vendido más de 300 millones de piezas desde que salió de la cabeza del "hombre de los bigotes". Su caricatura, creada por el dibujante Paul Campani, ha acompañado a las cafeteras desde el primer día. El mismo dibujo estuvo también sobre el altar.

La misa ante la cafetera podría parecer insólita, pero no sorprendente. Todos en el pueblo conocían cuál había sido su última voluntad, y a un hombre de 93 año no es fácil llevarle la contra. Sobre todo porque Bialetti ha dado muestras de tener buenas ideas: la Moka se ha convertido en legendaria, hasta ser una pieza de diseño expuesta en museos como el Moma de Nueva York.

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"La Moka nació con él. Era un hombre que hizo historia con una marca. Ni yo ni mis colegas se sorprendieron cuando tres niños de la iglesia llevaron el altar la Moka", contó al Corriere della Sera Saverio de Blasio, ex trabajador de Moka y ahora empleado en el cementerio del pueblo.

La vida de Bialetti también estuvo salpicada de episodios casi legendarios, como el encuentro con el armador griego Aristóteles Onassis en Montecarlo, quien le echó una mano en el lanzamiento internacional de la cafetera.

Bialetti vendió 300 millones de cafeteras y fue icono del Made in Italy

"Estaba junto a unos clientes enseñándoles la cafetera. Estaban sorprendidos, dubitativos y tenía miedo de que no cerráramos la venta. Entonces pasó al lado Aristóteles Onassis, que iba al baño, le seguí y le dije, 'soy un joven empresario italiano, écheme una mano, usted ha comenzado de cero como yo. Cuando regrese, diga que usa mi cafetera'", relató en una ocasión Bialetti.

"Volví convencido de que Onassis no vendría, y en lugar de eso (...) fingiendo verme en el último momento, se giró, me dio una palmada en los hombros y me dijo: "Renato, ¿qué tal te va?, ¿sabes que no he vuelto a probar un café tan bueno como el que hace tu cafetera?", contó Bialetti.

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La moka llegó a convertirse en el símbolo de un país, un icono del made in Italy en todo el mundo. Aunque las grandes marcas fabrican cafeteras caseras con cápsulas, en todas las cocinas italianas se sigue utilizando la Moka.

Bialetti vendió la empresa en 1986 a la fabricante de cafeteras Faema. Sucesivamente pasó a manos de otras familias. Hoy las Moka se producen en Rumania.