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Política martes 09 de febrero 2016

Cómo son los "picados" de la Quinta de Olivos en la gestión de Mauricio Macri

Federico Mayol

Por: Federico Mayol fmayol@infobae.com

El fútbol en la Quinta Presidencial ya es un clásico de la gestión macrista. Las camisetas de River y Boca fueron reemplazadas. Los protagonistas aseguran que son una especie de terapia grupal para afianzar y sopesar al gabinete de las internas

martes 09 de febrero 201606:25
En los picados de Olivos no hay gradas ni público
En los "picados" de Olivos no hay gradas ni público Crédito:
Mauricio Macri prohibió el "superclásico". El partido entre River Plate y Boca Juniors solo se reeditó para la inauguración de la cancha de fútbol de la quinta presidencial, el martes 5 de enero. Después de ese cotejo, que terminó empatado en 1 con goles de Marcos Peña y de Diego Santilli, las camisetas del xeneize y del millonario se archivaron en una oficina de Olivos.

El mensaje era sectario, analizó el Presidente, igual de atento que sus asesores en los mensajes comunicacionales del Gobierno. Mejor vestir la camiseta argentina, concluyó el jefe de Estado: la titular para un equipo y la suplente para el otro. La vestimenta quedó fija.

Sin Macri –aún tiene vetado hacer ejercicio por la fisura en el arco posterior de su décima costilla–, el Gobierno fijó en los martes los picados de fútbol en la remozada cancha de la quinta de Olivos, un ritual que los funcionarios y dirigentes macristas repiten semanalmente y que termina con asado regado con vino tinto. La carne, según los comensales, se busca directamente en el Mercado Central.

Macri gabinete 1920

A diferencia de las épocas de Néstor Kirchner, que solía convocar a funcionarios de confianza los viernes por la noche, las tertulias K se prolongaban con whisky hasta altas horas de la madruga. El estilo PRO es bastante más light: la rosca política termina temprano. La sobremesa suele mechar gestión e intimidades.

Entre los 22 jugadores hay funcionarios nacionales, porteños y de la gestión bonaerense, además de ocasionales invitados, como el ex tenista Gastón Gaudio, que jugó hace dos semanas. El staff permanente, con dependencia de las agendas, varia, pero está integrado por el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el secretario General, Fernando de Andreis; por ministros como Esteban Bullrich, Andrés Ibarra o Rogelio Frigerio; el secretario de Medios, Jorge Grecco, y asesor comunicacional Hernán Iglesias Illa; el viceministro de Interior, Sebastián García de Luca; el diputado y ex jugador xeneize Carlos Mac Allister –imposible de gambetear, según varios de los asistentes–, y Carlos Melconián, titular del Banco Nación. Entre los funcionarios de Ciudad, además de Santilli, se destacan el ministro Martín Ocampo o Francisco Quintana, titular del bloque del PRO en la legislatura porteña. Del gabinete bonaerense suele jugar Federico Suárez, secretario de Comunicación de María Eugenia Vidal. El último partido también fue el ministro Hernán Lacunza.

Los arqueros se turnan entre Iván Pavlovsky, vocero presidencial, el ministro Ricardo Buryaile y Claudio Avruj, secretario de Derechos Humanos de la Nación. Según los funcionarios, Avruj es inexpugnable debajo de los tres palos.

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En los "picados" de Olivos no hay gradas ni público. Solo Miguel del Sel, ex candidato a gobernador de Santa Fe, suele ir a ver los partidos. En uno de los cotejos hizo de árbitro. Jorge Macri, intendente de Vicente López, también miró desde afuera uno de los picados.

El que debutó hace dos partidos fue uno de los árbitros: un comunero porteño del PRO que sufrió en carne propia la verborragia insoportable de Melconián, un delantero del montón que no para de dar indicaciones y enloquecer hasta a sus propios compañeros. El jefe de Gabinete tuvo que habilitar al juez, temeroso por el debut, a repartir tarjetas a discreción. Melconián fue uno de los que se llevó la amarilla.

El fútbol de Olivos, ya un clásico de la gestión macrista, funciona a la vez como una especie de terapia grupal para afianzar y sopesar al gabinete de las internas, como la de Alfonso Prat Gay con la Jefatura de Gabinete o el Ministerio del Interior. Algunos de los funcionarios, sin embargo, se quejan: dicen que Peña y De Andreis suelen reclutar a los mejores jugadores para sus equipos.

Ahora, para fortuna de los jugadores, los vestuarios relucen. Las duchas ya no tienen cucarachas, como en el partido inaugural. Tuvo que intervenir el administrador de la quinta presidencial, Christian Claret

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