shutterstock 162
shutterstock 162

Los personajes odiados en la oficina son un clásico, como el líder de los grupos o como la belleza del lugar. Esos sujetos que no logran generar la aceptación de la gran mayoría de sus compañeros son dueños de comportamientos específicos y a veces muy difíciles de detectar.

Lo cierto es que ser el despreciado en la oficina no siempre está relacionado con el talento laboral y en algunos casos muchas de las personas menos queridas son, paradójicamente, las mas calificadas.

La empatía en el trabajo se construye esencialmente mediante valores morales, desde el respeto por el otro, el afecto y el saber valorar las amistades y los códigos de comportamiento.

Por eso, el psicólogo experto en relaciones sociales y presidente de la web de talentos TalentSmart Travis Bradberry realizó una lista de actitudes que cualquier persona tendría que evitar para no convertirse en el enemigo público de su oficina.

En toda oficina, el comportamiento es tan importante como el talento

El puñal en la espalda

Posiblemente se trate de una de las peores actitudes en una oficina de trabajo, pero también una muy utilizada por personas de todo tipo. Clavar un puñal en la espalda de alguien es una fuente de conflicto en puerta inevitable. Uno de los motivos más comunes por los que se recurre a esa actitud es para defender el puesto de trabajo o para conseguir una mejor posición ante la mirada de un superior. Sin embargo, no se hace más que iniciar un conflicto y crear una mala imagen de cara a los colegas. Siempre que uno haga quedar mal a alguien que está ausente, será sentido como un puñal en la espalda.


Exponer el odio hacia el trabajo

Otra práctica muy habitual en muchos de los "empleados odiados" es la de quejarse una y otra vez sobre el trabajo que realizan. Acudir al trabajo es, en muchos casos, estresante. Y si a eso se le suma tener que escuchar a un compañero quejarse y quejarse, la vida se puede tornar una pesadilla. Por eso, es importante saber equlibrar las emociones negativas y evitar bajar la moral del grupo. Además, los jefes son hábiles para detectar a los empleados "quejosos" y muy rápidos para encontrarles un reemplazante.


Alardear

Cuando algún empleado empieza a endulzarse en sus propios logros y se comporta como si hubiera pisado la luna con su último éxito laboral, la situación se pondrá complicada. De hecho, el resto de los compañeros interpretará de inmediato que "ser exitoso" no es un aspecto demasiado común en aquel compañero. Los verdaderos empleados exitosos no tienen la necesidad de refregar sus cualidades en la cara del resto de los empleados. Se trata de la fortaleza mental y un optimismo mal entendidos.