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Política martes 12 de enero 2016

Con el final de la fuga de los asesinos, empieza ahora la reconstrucción de la seguridad

Facundo Chaves Rodríguez

Por: Facundo Chaves Rodríguez fchaves@infobae.com

Tras la caída de los tres sicarios, el gobierno nacional y el provincial iniciarán un proceso de recuperación de la capacidad operativa de las fuerzas de seguridad. Purgas e internas

martes 12 de enero 201605:39
Cristian Lanatta y Víctor Schillaci. La foto oficial de la captura
Cristian Lanatta y Víctor Schillaci. La foto oficial de la captura Crédito:

"Ahora sí los tenemos. Vimos las fotos y están con nosotros". La voz de una alta fuente de Santa Fe era, ayer a la mañana, la misma que el sábado, en pleno escándalo, había llamado para decir "no los tenemos". La posibilidad de que se tratara de otra falsa alarma se achicaba y, encima, minutos después de las 8, el vicegobernador Carlos Fascendini (UCR) daba la confirmación pública: "Cristian Lanatta y Víctor Schillaci fueron detenidos". Ya para esa hora, Infobae había publicado que estaba en marcha un operativo en el que iban a conocerse "novedades importantes" sobre los últimos dos prófugos de un escape improbable.

La desconfianza que generaron las declaraciones del dirigente radical santafesino es apenas el síntoma de la Argentina verdadera que se mostró en los 15 días que duró la presunta "fuga" de los tres asesinos que vivieron en Quilmes y mataron en General Rodríguez, todo en la provincia de Buenos Aires.

Durante la mitad del mandato de Mauricio Macri, el escape y la persecución mostraron de manera explícita y teatral la convivencia pornográfica de política y delito, la precariedad de las fuerzas que tienen que proteger a la sociedad y prevenir que se viole la ley y, sobre todo, el nivel de descomposición en el que está la Argentina, después de 12 años y medio de gestión de un mismo grupo político: el peronismo en su versión kirchnerista.

Partida profugos 1920 3

Más allá de la movilización impresionante de recursos materiales y humanos para buscar a los fugitivos, lo cierto es que a los tres los encontraron personas de a pie, que fueron las encargadas de llevar, casi de la mano, a los uniformados hacia sus "presas". Un puestero en un campo y un sereno fueron los verdaderos responsables de poner fin a la locura de tiros y muerte de tres killers que en ocasiones eran culatas (guardaespaldas) de políticos, otras veces se desempeñaban como gestores (manera elegante de disimular al coimero estatal) e incluso, por qué no, asesinos. En el medio hubo policías acribillados y gendarmes desorientados que recibieron heridos de bala vaya a saberse disparadas por quién.

Esa precariedad también quedó en evidencia el domingo, con policías arma en mano y ojotas en pies, corriendo sin dirección a sombras fantasmales que, presumían, podían ser los fugitivos. Fue una descoordinación explícita que mostró como nunca que no existía más que en la boca de los funcionarios un comando unificado sino que la Policía de Santa Fe y las fuerzas federales iban, sin disimulo, cada una por las suyas.

Entre las internas más increíbles se destaca la que quedó evidenciada luego de la captura de los últimos dos prófugos. La Policía de Santa Fe impidió que las fuerzas federales siquiera tuvieran contacto con los fugados y sólo los "entregaron" al gobierno nacional cuando llegó la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, para hacerse cargo del operativo de traslado.

Los santafesinos estaban indignados por las maniobras que, dicen, hicieron desde el gobierno nacional para culparlos del papelón de la primera y fallida detención de Cristian Lanatta y Víctor Schillaci.

Tribunales traslado Lanatta y Schillaci 1920 4

Con los tres asesinos presos, tanto el gobierno de Macri como el de Vidal confirmaron que buscarán reconstruir las fuerzas de seguridad y establecer un mínimo común denominador entre los distintos sectores de la política –los que están preocupados por cosas importantes–, para avanzar con una rápida batería de medidas.

Van desde la profesionalización de las policías, la mejora de las comunicaciones y, sobre todo, con una purga de personas –con uniforme o sin uniforme– que puedan tener alguna conexión con bandas de narcotráfico. Apuntan a los que fueron cómplices y a los que toleraron el funcionamiento de dinámicas de protección de narcos.

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