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"Quien tenga oídos, que entienda; el que tenga ojos, que vea clara la historia. La revolución no va a ser entregada jamás, escuchen", dijo Maduro el 29 de octubre en una entrevista con VTV. ¿Qué pasaría en caso de sufrir una derrota electoral? "Yo gobernaría con el pueblo, siempre con el pueblo y en unión cívico militar", advirtió.

En este clima Venezuela se prepara para unas elecciones legislativas que pueden significar un vuelco en la historia reciente del país. Con niveles de desabastecimiento sin precedentes, una inflación de tres dígitos y un presidente de una enorme impopularidad, la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) es amplia favorita a imponerse y, eventualmente, arrebatarle la mayoría al oficialismo en la Asamblea Nacional.

Lo que muchos se preguntan es si un Gobierno que lanza amenazas de ese tenor, y que asegura que la única alternativa es ganar, estaría dispuesto a permitir que se exprese una voluntad popular contraria a sus intereses. ¿Hay garantías de que el proceso electoral sea transparente?

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Las sospechas

La primera y principal preocupación que tiene la oposición es el Consejo Nacional Electoral. Dado que es el organismo encargado de organizar y fiscalizar las elecciones, es fundamental que sea imparcial. A pesar de que la Constitución establece que es un poder independiente de los otros, en los hechos está muy lejos de serlo.

La garantía de autonomía que establece la Carta Magna es que sus cinco rectores sean elegidos por una mayoría de dos tercios de la Asamblea. Pero establece una vía de escape: si no se llegara a conseguir el consenso legislativo, permite que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sea el que designe a las autoridades.

La parcialidad del CNE en favor del Gobierno se verifica una y otra vez

Si algo está claro en Venezuela es que el TSJ, al igual que el resto de los estamentos judiciales, está controlado por el Poder Ejecutivo. Así fueron elegidos, el 27 de diciembre de 2014, tres de los cinco integrantes: Sandra Oblitas, Luis Emilio Rondón y Tibisay Lucena, la presidente del cuerpo.

La parcialidad del CNE en favor del Gobierno se verifica una y otra vez por sus decisiones y por sus omisiones ante las violaciones de la ley electoral propiciadas por el chavismo. Un ejemplo constituye la segunda preocupación de la oposición: su complicidad ante una maniobra del oficialismo para confundir a los votantes el 6 de diciembre.

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El escándalo se desató hace unos meses, cuando el Consejo difundió el tarjetón en el que están todas las fuerzas políticas que compiten en los comicios. Será lo que vean los electores en sus pantallas el día de la votación. ¿Cuál es la trampa? El logo de un diminuto partido llamado Movimiento de Integridad Nacional-Unidad (MIN-Unidad), de origen opositor pero actualmente integrado por dirigentes chavistas, estará pegado al de la MUD. Como si fuera poco, son prácticamente iguales: ambos destacan por decir "Unidad" bien grande. En muchos carteles distribuidos en distintos puntos del país se puede ver una aclaración sospechosa: "Somos la oposición".

"El Gobierno intervino el partido recogiendo reclamos de algunos militantes, que señalaban que las elecciones internas no habían sido limpias. Después de eso, apareció esta tarjeta que es exactamente igual. También hay movimientos chavistas que se desprendieron y formaron su propio partido, a los que no dejaron registrarse", contó Ignacio Ávalos, director del Observatorio Electoral Venezolano, consultado por Infobae.

"Es una violación inaceptable que el presidente Maduro, en cadena nacional, muestre las tarjetas electorales, señale la de un partido (el MIN-Unidad) y diga que es opositor, algo que es falso. Es un acto orientado a confundir a los electores. Pero el CNE no dice absolutamente nada", dijo Héctor Briceño, coordinador del proyecto Integridad Electoral Venezuela de la Universidad Católica Andrés Bello, en diálogo con Infobae.

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Una campaña demasiado torcida

Es el ámbito en el que la falta de equidad se da con mayor alevosía. Las diferencias entre las posibilidades del Gobierno y de la oposición para hacer proselitismo se volvieron monumentales.

"Hace un mes que estamos en lo que aquí se conoce como precampaña (la campaña formal comenzó este viernes 13). El Presidente hizo cadenas nacionales casi todos lo días, diciendo cosas como 'ganaremos como sea', o 'si perdemos, la revolución se organizará en la calle con el pueblo y el Ejército'. El CNE no intervino, alegando que la legislación no prevé nada para este período. Pero la Ley Orgánica de Procesos Electorales prohíbe la precampaña", dijo Ávalos.

Briceño coincidió con éste diagnóstico. "La precampaña no está siendo regulada. En su mayoría son ventajismos por parte del partido oficial, que utiliza todos los recursos del Estado. Esperamos que durante la campaña haya sanciones para las actividades como esta. Otro punto es el uso de los medios de comunicación. Hasta el momento, los públicos han permitido un ventajismo horroroso al oficialismo. Los minutos que tiene multiplican por diez veces o más a los opositores".

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La única garantía: el sistema de votación

Desde hace una década, en Venezuela se vota en una urna electrónica. El elector elige el partido de su preferencia en una pantalla, y la máquina almacena la decisión. Luego cuenta los sufragios.

El sistema ha despertado muchas dudas en estos años, con sospechas de que no era totalmente secreto y de que se podían manipular los resultados. Pero se fue perfeccionando y hoy los especialistas lo consideran confiable.

"la plataforma electrónica es buena"

"La gente es un poco escéptica, pero hay algo a tener en cuenta: la plataforma electrónica es buena. Hubo una auditoría de expertos, de la que participaron los mejores del país, elegidos por el Gobierno y la oposición. No hubo quejas. La plataforma cuenta bien los votos y se demostró que conserva el secreto, es imposible identificar al elector", explicó Ávalos.

"No hay posibilidad de fraude tecnológico. Puede haber un pequeñísimo margen para la intervención humana, pero termina siendo una cuestión insignificante. Nosotros, como observadores, decimos que la plataforma garantiza que al que tenga más votos se le reconozca esa ventaja en el escrutinio", agregó.

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En el mismo sentido se manifestó su colega. "Las auditorías que ha realizado el CNE han sido positivas, con buenos resultados del sistema automatizado. Está realmente blindado, no ha habido problemas".

Lo que sí puede aportar algunas dudas sobre el proceso, además de la falta de independencia del CNE, es la negativa del chavismo a aceptar como veedores a organismos internacionales de mucha trayectoria en la fiscalización de comicios delicados.

"¿Por qué antes sí se aceptó a la Unión Europea y a la OEA, y ahora no? —se preguntó Ávalos—. Ya han hecho informes exhaustivos de procesos electorales venezolanos. El argumento nacionalista es absurdo, porque valdría también para la Unasur y el ALBA, a los que sí se autorizó. Si están pregonando que tienen el mejor sistema electoral, ¿por qué no permitir la observación internacional? Temen que una opinión externa ponga en duda las condiciones en las que se efectuaron las elecciones".

"Temen que una opinión externa ponga en duda las elecciones"

La preferencia de la Unasur y el ALBA por sobre las otras instituciones no es casual. El chavismo es miembro fundador de ambas y sabe que, pase lo que pase, es muy difícil que se expidan en su contra.

"Lamentablemente, la CNE tendió a privilegiar las organizaciones internacionales que ellos han acuñado y promocionado. Dejaron afuera a las de mayor prestigio por motivos ideológicos.

La OEA es la institución de más experiencia del mundo en observación electoral

. Ante un escenario de violencia, como dice el Presidente que puede haber, es necesario que haya muchas miradas", concluyó Briceño.


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