162
162

¿Qué es una novela perfecta? Como bien se sabe, en el arte la perfección no existe. Al menos la mirada que se tiene sobre ella es relativa, subjetiva, aproximativa. Si el campo de juego es el lenguaje, todas las batallas pueden ser posibles porque la bifurcación de sentidos es infinita. Los ataques y las defensas pueden moverse y desenvolverse de las formas jamás imaginadas. Pero tiene que haber un movimiento, tiene que haber una historia, tiene que narrarse algo, desentramarse, profundizarse. Una novela perfecta es, quizás, una historia bien narrada. Para el escritor argentino Guillermo Martínez, "cada novela encierra un sistema de pensamiento". Entonces aparece la especificidad de cada libro y su forma de exponer una serie de ideas dentro de un sistema.

Jorge Consiglio publicó este año Hospital Posadas (Eterna Cadencia, 2015) donde cuenta con una estructura extraordinariamente sólida. Un campo de batalla donde los diferentes personajes, tiempos y espacios se entrecruzan como una gran trenza tejida a mano por un experto. La trama de esta novela relata la vida de un hombre que observa desde su departamento cómo un grupo de obreros trabajan en la demolición de un hotel del siglo XIX. Toda una metáfora del paso de la historia, su utilidad y sus fechas de vencimiento. ¿Cuál es el saldo de esas marcas que en un momento fueron sólidos pilares de la contemporaneidad? La pervivencia por el recuerdo, un arma intensamente poética con la que el autor habita los recovecos oscuros en la memoria del protagonista.

De esta forma, quien lo narra en primera persona salta entre los capítulos en diferentes tiempos. Desde un presente que bien podría ser el 2015, luego a un pasado montado a los años 80 con la astillada piel social que recubre las relaciones humanas de aquella nueva y extraña vida democrática. Recuerda su adolescencia, una ex novia, un secuestro, un viaje a la costa, un trabajo, y vuelve a la actualidad, ya más grande, con su observación consternada de la vida cotidiana. Ese hombre se potencia y se proyecta en dos personajes: por un lado Cardozo, por el otro la punky.

Cardozo es un servicio secreto que se mueve por los rincones de la corrupción, por donde no entra la cámara testigo, por donde no lo ven. Un sujeto gordo, desagradable, cínico, con la cuota de maldad necesaria para amoldarse a las nuevas épocas y seguir sacándole una enorme tajada. La punky es una chica de departamento que escucha música fuerte y habla con la chispa de un nativo digital: una sutil versión de las adolescentes de la alt lit. En sus extremos opuestos de interés y desinterés, de arrogancia e inocencia, de avaricia y despreocupación, el narrador se construye como un observador que habla desde sus cuerpos, los posee, los cuestiona, los disfruta.

Y en medio de todo este relato, retazos de un paisaje intenso forman una gran columna vertebral: transversalmente aparece la historia del hospital Posadas que cruza y guía la novela dándole la amalgama de complejidad y sencillez que una estructura atrapante requiere.

Como bien decía el poeta Mario Benedetti, "la perfección es una pulida colección de errores" y para lograr una historia fructífera hay que haber trazado una experiencia. Cuatro libros de poesía, dos de relatos y dos novelas previas a Hospital Posadas ha publicado Consiglio en su carrera literaria, además de haber participado en varios suplementos culturales y sitios en Internet demostrando que el trabajo arduo es la única fórmula posible para, al menos, rozar esa tan anhelada perfección.

"Todas las órdenes llevan implícito el germen de su desobediencia" es una de las frases que puede dar cuenta del singular estilo de Consiglio. Con una paciencia armónica desarma los componentes físicos narrados reduciéndolos a una mínima expresión, a la metafísica funcionalidad del relato: "Pensé que los perros, con su merodeo, con la forma que tienen de aparecer y desaparecer, les dan otro sentido a las situaciones, las sostienen con su presencia callada".

¿De qué nos habla ese monstruoso hospital que se erige en la novela? La pervivencia del recuerdo, el paso del tiempo como una forma activa de recuperarlo, es ahí a donde apunta este escritor nacido en Buenos Aires en 1962. A la reconstrucción densa de una historia, a la pregunta por el origen, ir y venir en el espejo de la historia. ¿Qué sentidos se tallaron en las paredes de ese enorme nosocomio fundado a fines de la década del 50 en El Palomar? 65 años después, sus pasillos continúan narrando infinitamente.

En una entrevista pública en la ciudad de Chivilcoy, Consiglio reflexionó: "Uno cuando lee y escribe empieza a mirar diferente el mundo y a sus interlocutores. Se genera esa modificación, ese pensamiento crítico. De alguna forma despertás algo". Quizás sea esa la manera más movilizadora de pensar la literatura. No como la aplanadora de la rebelión social, sino más bien como una serie de gestos que develan la realidad, que la descubren, que la problematizan diciendo algo que nunca antes había dicho. Una visión sencilla pero con una densidad enorme.

En 1924 Virginia Woolf escribió un texto llamado ¿Qué es una buena novela?, donde decía: "El único método seguro de decidir si una novela es buena o mala es simplemente observar nuestras propias sensaciones al llegar a la última página. Si nos sentimos vivos, frescos y llenos de ideas, entonces es buena; si quedamos hartos, indiferentes y con poca vitalidad, entonces es mala". No hay dudas, Hospital Posadas es una obra clave para sentarse en el ojo del huracán de la historia.