Reuters 163
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Llegado el jueves por la tarde procedente de Washington, el sumo pontífice argentino revolucionó a la Gran Manzana y se despidió con una misa para 20.000 personas en el Madison Square Garden en la que llamó a la esperanza y la solidaridad.

La intensa jornada de Francisco en Nueva York tuvo momentos de profunda emoción, por ejemplo su cálido encuentro con niños e inmigrantes en una visita a la escuela católica Our Lady Queens of Angel de East Harlem, tradicional barrio desfavorecido de mayoría latina.

Entre los niños de los colegios de la Arquidiócesis de Nueva York que se reunieron con el Papa estaban Benjamín Grassia, de 9 años e hijo de padres argentinos, y Emely Rodriguez, de 8 años, hija de madre ecuatoriana y padre dominicano.

El Papa estuvo también con menores inmigrantes latinoamericanos no acompañados que reciben apoyo de Caridades Católicas y recibió varios regalos de humildes trabajadores. "Sé que uno de los sueños de sus padres, de sus educadores, es que ustedes puedan crecer con alegría. Siempre es muy bueno ver a un niño sonreír. Acá se los ve sonrientes: sigan así y ayuden a contagiar la alegría a todas las personas que tienen cerca", les dijo a todos.

A continuación, decenas de miles de personas, incluyendo ancianos, discapacitados y no católicos, ovacionaron a Francisco al paso de su papamóvil en una procesión por Central Park que tuvo lugar en medio de un griterío ensordecedor.

Decenas de miles de personas, incluyendo ancianos, discapacitados y no católicos, ovacionaron a Francisco al paso de su papamóvil en una procesión por Central Park

Agitando banderas amarillas y blancas del Vaticano, algunos vestidos con camisetas con la leyenda "I love Pope Francis" (Amo al papa Francisco), la gente, entre ellos muchos latinos, se reunió en un clima carnavalesco esperando horas bajo el sol, constató la AFP.

Otro gran momento fue la visita del Papa, de 78 años, al Memorial del 11-S en el sur de Manhattan, donde encabezó una emotiva ceremonia interreligiosa en el lugar donde se levantaban las Torres Gemelas.

El Sumo Pontífice inclinó la cabeza junto a uno de los inmensos piletones negros del Memorial y luego colocó una rosa en su borde, donde están inscriptos los nombres de los cerca de 3.000 muertos en 2001 en los ataques terroristas perpetrados por la red Al Qaida y a las seis fallecidas en un primer atentado en 1993.

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Fuerte mensaje en la ONU

La intensa agenda de Francisco el viernes en Nueva York comenzó con su esperada presentación en la sede de las Naciones Unidas, la quinta de un papa en la sede de la organización internacional, luego de las de Pablo VI en 1965, Juan Pablo II en 1979 y 1995, y Benedicto XVI en 2008.

Su discurso tuvo un fuerte acento en lo económico y social, con un reclamo para evitar la exclusión y una defensa del derecho al "techo, trabajo y tierra", pero también pidió un acuerdo "eficaz" sobre cambio climático.

En medio de la crisis de la deuda externa que afecta a Grecia y las medidas draconianas de austeridad reclamadas por sus acreedores, el papa Francisco pidió a los "organismos financieros internacionales velar por el desarrollo sostenible de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios".

"Lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, exclusión y dependencia", recalcó en español.

"El narcotráfico silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de personas"

Primer papa del continente americano, Francisco cargó con fuerza contra un flagelo que afecta principalmente a su región, el narcotráfico, que "silenciosamente viene cobrando la muerte de millones de personas", en referencia a la tragedia que sufren países de América Central y México.

Como era de esperar, el Papa pidió que la conferencia mundial sobre cambio climático de diciembre próximo en París llegue a "acuerdos fundamentales y eficaces".

Así marcó el tono antes de una cumbre sobre el desarrollo que se abrió en la ONU y en la cual más de 150 dirigentes mundiales adoptaron un ambicioso plan de acción para los próximos 15 años en materia de pobreza, salud, educación y medio ambiente.

En el área de la política internacional más tangible, Francisco dio su apoyo al acuerdo sellado entre Irán y las grandes potencias sobre el programa nuclear de Teherán, calificándolo de "prueba de buena voluntad y derecho".

Por último, en la misa de cierre en el Madison Square Garden, el Papa rindió homenaje a la diversidad de las metrópolis como Nueva York, la ciudad más grande de Estados Unidos, aunque subrayando también sus "desafíos".

"En las grandes ciudades, bajo el ruido del tránsito, bajo el ritmo del cambio, quedan silenciados tantos rostros por no tener derecho a ciudadanía, no tener derecho a ser parte de la ciudad, los extranjeros, los hijos de éstos (y no solo) que no logran la escolarización, los privados de seguro médico, los sin techo, los ancianos solos", recordó.

En ese sentido, invitó a los neoyorquinos a salir al encuentro de su prójimo: "Vayan, una y otra vez, vayan sin miedo, sin asco, vayan", pidió.

Tras su paso por Washington y Nueva York, Francisco concluirá su visita a Estados Unidos el domingo en Filadelfia.