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Cada vez es más tenido en cuenta lo que le pasa a una mujer al momento de convertirse en madre. Y en ese sentido, cada vez menos se responsabiliza a las hormonas de los cambios de humor y se toma conciencia de todo lo que se pone en juego física y emocionalmente en una mujer que va a ser mamá.

Antiguamente, cuando los nacimientos se realizaban en los hogares, la futura mamá solía estar acompañada por familiares, amigas o vecinas en el momento del parto. En general, junto a ella se encontraba alguna persona que le brindaba su apoyo desde la experiencia.

Con el paso del tiempo y los cambios en la sociedad, este vínculo que se generaba de forma espontánea se fue perdiendo.

El embarazo, el parto y la crianza del bebé son experiencias únicas que pueden vivirse de mejor manera con la contención y asistencia de una persona preparada para desempeñar ese papel: así surgió la figura de la doula, cuyo nombre proviene del griego y significa "mujer que está al servicio".

Hoy lo habitual es que las parejas enfrenten solas este proceso, asistidas por un gran equipo médico extremadamente especializado, pero sin el sostén emocional que se daba en las relaciones de acompañamiento de antaño. Para recuperar los beneficios que representaba ese apoyo para las madres, desde hace unos años surgieron en diferentes países las doulas, mujeres que asisten a otras en el momento de dar a luz y durante el puerperio priorizando el aspecto humano, independientemente de la atención médica y especializada.

"Las doulas brindan un acompañamiento personalizado a la futura mamá durante el parto, la lactancia y la crianza de los niños"

"Las doulas brindan un acompañamiento personalizado a la futura mamá durante el parto, la lactancia y la crianza de los niños. En primer término, la ayudan a realizar una adecuada capacitación para llevar adelante todo el proceso a partir del embarazo. Pero, además, su presencia es fundamental en los nacimientos que, alentados por organizaciones que promueven los partos respetados, se llevan a cabo en los hogares, a la vez que también se puede contar con su apoyo en hospitales, maternidades y sanatorios", explicó Violeta Vázquez, puericultora docente y directora de la Escuela Panza y Crianza, quien resaltó que "en estos espacios, su labor se centra en generar las condiciones que la pareja necesita (otra función de la doula es la contención y la defensa del rol del papá durante el proceso), como cuidar la iluminación, la temperatura y los sonidos, ya que la comodidad de la mujer que va a parir es muy importante para que se produzca un parto saludable".

Bien sabido es que la oxitocina, la hormona que produce las contracciones y permite el parto, no puede ser segregada si la mujer produce adrenalina, o sea, si está nerviosa, asustada, insegura, si se siente observada, si tiene frío, si tiene que pensar, razonar o contestar preguntas, o si se siente sola. "Está demostrado que la presencia continua de la doula en estos ámbitos conlleva varios beneficios, como la reducción del pedido de anestesia por parte de la embarazada al lograr controlar la respiración y la frecuencia de las contracciones", destacó la autora del libro Dar la teta.

"Las doulas confían en el cuerpo de las mujeres y en sus necesidades. Pueden hacer masajes, ayudar a deambular, ofrecer una comida o dejar sola a la pareja si esta así lo desea –detalló la especialista–. La doula es una testigo del parto, que muchas veces cuesta recordar; por esto, cuida la memoria de ese momento único. Muchas madres eligen el acompañamiento de una doula para estirar el trabajo de parto en casa, con la intimidad y la comodidad de ese ambiente, y luego partir hacia la institución con la dilatación más avanzada".

La doula no tiene una formación académica específica que la habilite a desarrollar ese rol, pero puede reunir algunas características básicas. Además de ser una persona consultante, comprensiva y sensible y de haber sido mamá, puede tener conocimientos sólidos y variados sobre embarazo, parto, puerperio, lactancia materna y crianza en general.

Las doulas también pueden seguir acompañando durante el puerperio y por un período de hasta dos años. Ayudan en los procedimientos del posparto, colaboran en el cuidado de la casa y de los demás hermanos para tranquilizar a la madre y liberarla de cargas, facilitan el establecimiento temprano de la lactancia materna y mantienen contacto permanente para cualquier consulta brindándole seguridad a la mamá.

Vazquez aseguró que "la puericultura es una disciplina muy ligada al doulaje. Tiene un marco teórico vasto y muy importante, por eso se estudia como carrera". Además, la puericultora está a cargo como profesional de la alimentación del bebé y el cuidado de la lactancia. Fuera del período de internación, la puericultura se ocupa de diversas temáticas de crianza y funcionalidad familiar. "Nuestros consultantes son las madres y sus vínculos más cercanos, ya que garantizando el bienestar de la mamá protegemos al bebé", contó la especialista, y enfatizó: "Si bien me dediqué a acompañar partos y maternidades como doula, desde Panza y Crianza creemos que en una buena puericultora tiene que estar implícita una doula (como servidora y cuidadora)".

"Lo primero que aprendemos las doulas es a no hacer nada, a ser simplemente cuidadoras del nacimiento, amando a los padres pariendo, ansiando a un bebé por nacer, pero sin intervenir de más. Porque en el no hacer está el secreto de dejar ser al otro", destacó Vazquez, para quien "lo más difícil de esta labor de acompañantes de maternidad es acompañar decisiones sin juzgar, es no sentirse con acceso a la verdad ni bajar línea".

El rol del padre

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La doula tiene relación con la díada mamá-bebé, que funcionan como un solo organismo y con los sostenes directos de ésta. "Generalmente es el padre quien acompaña el rol de maternar con la madre, pero a veces puede ser alguna otra figura. La doula trabaja con la pareja en simultáneo ya que la madre que pare y cría de manera saludable está respaldada por un compañero o compañera que la sostiene", explicó Vázquez.

Pese a lo que se cree, el padre no queda relegado; al contrario, es parte del proceso. "Así como fecundó, su presencia en el parto es indispensable para la mayoría de las mujeres, siempre y cuando se sientan amadas y sostenidas por su pareja", remarcó la especialista, quien diferenció la vivencia del hombre en este proceso. "Ellos no ponen el cuerpo, pero cuanto más se comprometan con el proceso, más profundo puede trabajar la doula. A veces nuestra labor es conectar a la pareja y dejarlos solos en una habitación. Ahí, hicimos un gran trabajo. Menos es más", dijo.

Cómo elegir una doula

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Para llamar a una doula hay que tener tiempo y disposición a conocerla y abrir la historia personal para entablar un vínculo de confianza. "Debemos estar abiertas a recibir información, tal vez desconocida, sobre el parto y la crianza, y comenzar a confiar en nosotras mismas a la hora de elegir, porque una doula no elige por nosotras, nos acompaña", recomendó Vázquez.

"Las doulas trabajan dentro de equipos médicos, o de equipos de parteras/os, y en ese caso sí pueden ingresar a la sala de partos o al quirófano", explicó Vázquez. Aunque también trabajan solas, haciendo el apoyo domiciliario a la pareja. En este último caso, la institución y el equipo médico deciden si la doula puede ingresar al parto.

Los sí y los no de la doula

Lo que la doula NO hace:

-Revisar a la embarazada

-Escuchar los latidos del bebé

-Contradecir al médico o entrar en conflicto

-Irse cuando la madre le pide que se quede, aun si no tiene dilatación como para parir

-Decirle a la pareja cómo tiene que criar a su bebé, o a una mujer en qué posición tiene que parir o cómo tiene que respirar.

Lo que la doula SÍ hace:

-Sostener ambiental y afectivamente a la pareja para que ésta esté disponible para el bebé

-Conocer las necesidades de la mujer a la hora de parir

-Garantizar que la mamá se hidrate, se alimente y esté cómoda antes y durante el parto

-Apoyar la lactancia materna y el parto respetado

-Empoderar a la pareja a elegir con información