Moreno Paulon
Moreno Paulon

1. Hua Hin, en el sur de Tailandia, exhibe sin vergüenza, a plena luz del día, su condición de ciudad de perdición y con mirada laxa sobre la edad de consentimiento. Dos ingleses maduros festejan a los gritos mientras entran a su auto de alquiler con dos jóvenes de no más de 20 años. En el Burger King de la esquina, un canadiense compra hamburguesas para él y la nena tailandesa que lo acompaña. Ella se pide un Wopper Junior. Tiene cuanto mucho dieciséis años de edad. Sonríe tímidamente cuando le entregan el pedido. Él lo transporta a la mesa. Un caballero.

2. Estas explícitas imágenes se repiten a lo largo y ancho de Tailandia y también en otros puntos del sudeste asiático. A nadie parece importarle que muchas de las chicas estén siendo prostituidas contra su voluntad. La oferta sexual está en la calle, en los bares, en las salas de masaje. Un taxista frena ante mi cara de occidental y me ofrece una chica del amor "really young" (realmente joven). Por supuesto, rechazo la propuesta y me alejo.

3. Marly vivía en un pueblo en las montañas del norte de Vietnam. Era una chica que siempre sonreía y se ganaba la vida vendiéndole artesanías a los pocos turistas que llegaban hasta ahí. Marly es de la etnia Hmong, minoría que combatió contra el Vietcong comunista durante la Guerra de Vietnam, porque no se sentían parte de un país que desde siempre los consideró ciudadanos de segunda. Tenía dieciséis años cuando un conocido le ofreció alcanzarla en moto hasta su casa. En algún punto del viaje la drogaron y cuando se despertó se encontraba del otro lado de la frontera con China. Desde entonces su familia no volvió a saber de ella.

4. Las chicas Hmong, como las de otras minorías étnicas de Vietnam y Myanmar son vendidas como esposas en China, donde la política de "un solo hijo" por familia y la predilección por los hijos varones hizo el gigante asiático las mujeres escaseen. Respetables chinos de la nueva clase media profesional acuden a los tratantes para conseguirse una mujer educada y sumisa con quien casarse y tener hijos.

5. Ben Randall es un fotógrafo australiano que vivía en el mismo pueblo que Marly cuando ella desapareció. En este momento está viajando por la zona buscando información sobre su paradero. Para ello ideó el proyecto Human Earth, un colectivo que emprendió una travesía de más de 20 mil kilómetros desde la India hasta Nepal filmando un documental que busca concientizar sobre el tráfico de personas.

6. "El tráfico humano es la mayor vergüenza para los Estados, porque deja en evidencia sus fallas y su corrupción" me dice Moreno Paulon, camarógrafo del Human Earth Project. Me deja pensando sobre la legitimidad de un país que no está en condiciones de proteger a los más débiles de ser secuestrados y violados sistemáticamente, no ofrece contención para las víctimas ni tampoco persigue a los culpables.

Moreno Paulon
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7. Si una chica logra escapar del infierno de sus captores, al regresar a su comunidad se encuentra con que en "el mundo real" las cosas no son mucho más fáciles. Como ya no son vírgenes, no sirven para casarse. Por esta razón son expulsadas de su comunidad. Entonces muchas de ellas vuelven voluntariamente con sus secuestradores y colaboran con ellos. La siguiente vez que visitan su antigua aldea, es para reclutar nuevas jóvenes con promesas de un futuro mejor. Víctima y victimario conviven en la misma persona. No se trata de Síndrome de Estocolmo sino de la más básica supervivencia.

8. La trata de personas no es un fenómeno exclusivo de Asia sino un problema mundial. Existen en el mundo alrededor de 30 millones personas en situación de esclavitud, de los cuales se calcula que la mitad son niños menores de edad. La mayoría de ellos son explotados en prostíbulos, aunque también son utilizados como mano de obra en campos, minas y fábricas. A pesar esta escalofriante cifra, es un tema que se encuentra prácticamente ausente en la agenda internacional.

9."Cada corazón es un océano" ("Every man´s heart is an ocean") tiene tatuado Ben Randall en su brazo derecho. Esta frase me quedó rondando por la cabeza durante el mes que compartí con los Human Earth por distintos puntos de Myanmar. Cada hombre tiene sus complejidades y sus miles de caras, puede ser justo en algunos sentidos e injusto en otros. Para Mario Puzo, el autor de El Padrino, no existen los hombres malos sino los malos actos: él rescata que un gran mafioso pueda ser un excelente padre. Pensé mucho en las palabras de Puzo y el tatuaje de Ben Randall. Cuando hablamos de tratantes, hablamos de hijos de puta que deciden robarle la vida a los pobres por un puñado de dólares. Por más que lo intente, me es imposible justificar ciertas aberraciones en nombre del relativismo moral.

10. "Vender una niña es el mejor negocio, a un kilo de coca lo podes vender una sola vez, a una niña un millón", dijo en una entrevista un narcotraficante mexicano preso en Estados Unidos. Lydia Cacho, en su excelente Esclavas del Poder, retrata como los carteles criminales internacionales están unificando bajo su control las más lucrativas actividades ilegales: tráfico de drogas, personas y apuestas ilegales. La mafia italiana ya no se dedica sólo al contrabando ni los carteles mexicanos a la droga, ahora operan distintos mercados en distintos países. Son las nuevas multinacionales del horror.

11. "La trata es un fenómeno invisible". Esta frase encierra una gran hipocresía: es tan invisible que ocurre a la vista de todos en lugares tan disímiles como Tailandia, Nueva York, Roma o Buenos Aires. Los clasificados de los diarios son una muestra del cinismo de nuestras sociedades, que deciden mirar hacia otro lado.

12. "Sin clientes no hay trata". Si una persona es prostituida contra su voluntad: ¿cuál es la diferencia entre un cliente y un violador? La diferencia está en que el cliente siempre tiene razón.