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Pese a la majestuosidad del sarcófago de oro que cubre al faraón, que murió en el año 1352 a.C., los expertos descubrieron que el rey egipcio tenía dientes de conejo, caderas anchas, una severa cojera y un pie zambo, defecto de nacimiento. Al parecer, su deformidad física se debía a que sus progenitores fueron hermanos.


El nuevo estudio refuta la hipótesis de que el joven emperador, que murió con sólo 19 años, fue asesinado. Los investigadores aseguran que falleció por su mala salud congénita, debido que era hijo de un incesto.