AFP 163
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Desde Río de Janeiro

El coordinador de comunicación de Aécio Neves se llama Guillermo Raffo, y es argentino. La semana pasada, en declaraciones a Infobae, dijo: "Teníamos una campaña excelente, pero la muerte de Eduardo Campos (el candidato del Partido Socialista que murió en un accidente de avión), nos invisibilizó".

Eso fue el 13 de agosto. Dos días después empezó oficialmente la campaña, y la atención de los medios y la población estaba puesta en el velorio, los recuerdos de su vida, la imagen de la candidata a vicepresidente Marina Silva casi como una viuda. Todo estaba centrado en ella y su recientemente estrenada candidatura a presidente por el PSB. Durante largas semanas no hubo otra cosa.

Hasta que empezó la publicidad electoral, y la atención estuvo en la campaña negativa contra la ambientalista de Acre, que había crecido 10 puntos, y amenazaba al oficialismo. Fue demoledora. Y ni Marina ni el PSB tenían la piel suficientemente curtida para tolerar el poderoso aparato de comunicación del PT. Todos los días caía uno o dos puntos, sin encontrar el piso, sin posibilidad de recomponerse. Mientras tanto, los medios sólo hablaban de cómo Dilma recuperaba la intención de voto.

Pero la demanda de cambios estaba intacta en Brasil, sobre todo, en los estados más grandes y de mayor porcentaje de clase media, los que se movilizaron a partir del 2013, pidiendo que no se aumente el transporte público, mientras empezaban a escucharse cada vez más fuerte las críticas al modelo que gobierna Brasil hace 12 años, los últimos en medio de un virtual estancamiento económico, que enfurece a la nueva clase media.

Y ahí estaba el senador Aécio, el nuevo líder del Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB), el eficiente gobernador por dos mandatos consecutivos de Minas Geráis, la segunda vez electo por el 62 por ciento de los votos, el político racional y moderno que viene de una familia experta en las lides del poder, nieto de Tancredo Neves. A su lado dicen que nunca se deprimió, y siguió trabajando en su campaña a pesar de que su propio equipo estaba desconcertado por la falta de respaldo de la opinión pública.

Mientras Marina caía en las encuestas, Aécio subía, pero más lentamente. Sin embargo, en las calles de las grandes ciudades su nombre empezaba a repetirse como la opción para castigar a Dilma y al PT. No se reflejaba en los sondeos, pero muchos decían que siendo un político de experiencia, era el que se necesitaba para soportar las presiones del aparato político en el Gobierno. Con preocupación, se escuchaban comentarios del estilo de "nadie puede contra el PT, pero yo votaré a Aécio". En las grandes ciudades, el que votaría por Dilma no lo expresaba abiertamente, demostrando el nuevo sentido común que dominaba en las calles.

Cuando aún no se animaba a creer que su candidato podía entrar en la segunda vuelta, Raffo decía que "hace 12 años que trabajo en elecciones en Brasil. Todas empezaron racionales y terminaron emocionales. En cambio ésta fue distinta. Empezó emocional, y terminó racional. Temo que no nos den el tiempo para se conozca todo lo que Aécio tiene para decir".

Ahora, el equipo de comunicación espera hacer la campaña que le permita a Aécio llegar a la presidencia del Brasil. No le será sencillo. El PT se juega su permanencia en el poder y previsiblemente saldrá a atacarlo con malas artes. Es la especialidad de Joao Santana. el mayor experto en comunicación política que tiene Brasil. Y tendrá todos los recursos que requiera.

Es difícil, pero no es imposible, que Aécio gane. Tiene una diferencia de menos de 9 puntos con Dilma, el decidido apoyo del poderoso empresariado económico que viene criticando a Dilma por una gestión poco eficiente y el respaldo de las clases medias urbanas. También lo tiene a Fernando Henrique Cardoso, el ex presidente de excelente imagen en el exterior, y muy hábil para conseguir respaldos políticos y económicos también. Pero lo central es saber la agenda que dominará la elección de la segunda vuelta.

¿Qué quiere la mayoría de los brasileños? ¿Continuidad o cambio? En los estados pobres del nordeste arrasó Dilma. El los ricos del sudeste, ganó Aécio. Pero el cambio en Brasil no sólo tendrá consecuencias entre los brasileños, sino también en la región. Telesur hablaba de fraude electoral. Sólo con los resultados de la primera vuelta, la Venezuela de Chávez y Maduro está aterrada.