DyN 162
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"Problemas de agenda". La puerilidad de la excusa presentada al anunciar la postergación hasta el jueves que viene del plenario que las fuerzas de Moyano y Barrionuevo iban a realizar ayer, para volver a declararle la guerra al Gobierno, muestra que estuvo de más agregarle la palabra agenda a problemas; que ahora es lo único que realmente hay entre los dos líderes sindicales opositores.


Se trata en verdad de visiones diametralmente opuestas. El camionero y presidente de Independiente entiende que no se puede estar convocando paros generales cada dos por tres, y que además sea su central la que cargue con las mayores responsabilidades de esas medidas de fuerza. Con otro manejo de los tiempos, el gastronómico cree, en cambio, que a la administración de Cristina Kirchner hay que continuar respirándole en la nuca a pura huelga y marchas, como única manera posible de forzar respuestas a los reclamos de origen sindical.


Tampoco debe pasarse por alto que Barrionuevo quedó con la sangre en el ojo después que la Presidente lo apuntara como bastonero de hipotéticos estallidos sociales. Eso le valió al gastronómico tener que ir a dar explicaciones a la Justicia y también escuchar (esta es la peor parte para él) cómo lo criticaron públicamente por "imprudente" algunos dirigentes del mismo espacio que comparte con Moyano.


Pero hay más: el empobrecimiento de la economía ha golpeado con dureza sobre el sector gastronómico. En Capital solamente, se produjeron el último mes más de 600 despidos, según la información que entregó días atrás el porteño Dante Camaño (cuñado de Barrionuevo) al titular de Trabajo de la Ciudad, Ezequiel Sabor.


Fue dicho hasta el cansancio: el sindicalista camionero, por su lado, está realmente convencido de la inutilidad que significaría darle continuidad a la guerra contra el Gobierno, al que presiente más cerca de tirar la toalla que de cualquier otra cosa. A Macri le dijo la semana pasada que la administración K iba a caerse sola, como una pera madura. Con otras palabras a lo mejor, pero lo mismo plantea hoy en un reportaje cualquiera con una FM vecinal.


"Nosotros con Barrionuevo no tenemos una CGT unificada, él maneja otra central, lo que tenemos es unidad en la acción, que es otra cosa muy diferente", dicen que señaló el dragadista Juan Carlos Schmid en una reunión del moyanismo donde se analizó en profundidad cómo iban a manejarse frente a estas incompatibilidades recíprocas cada vez más evidentes.


Finalmente, se acordó pasar el encuentro para la semana próxima con tal de ganar algo de tiempo para tratar de convencer a Barrionuevo de bajar dos o tres cambios. Dicen que hasta los de su propia tropa, como Carlos Acuña, de estaciones de servicio, estarían de acuerdo en frenar un poco tanto ímpetu combativo. Se entiende: ven que de persistir cada cual en sus trece, la dupla Moyano-Barrionuevo, que nació este verano en Mar del Plata, tendrá corta vida.


Pero si el dúo opositor resiste y supera esta crisis de hipertensión, el 7 de octubre encabezarían un plenario de delegaciones regionales para definir cómo sigue la película. "El escenario está muy volátil, enrarecido...Tanto es así que un gremio recontraoficialista como Smata se declaró en estado de alerta y movilización", señalan voceros sindicales, al tomar nota de la decisión adoptada por el gremio de Ricardo Pignanelli días atrás, ante los cientos de despidos que provocó la rescisión de concesiones de la terminal Fiat en La Plata y en Córdoba.


En medio de todo este chocolate espeso, trascendió ayer que la CGT opositora habría sumado un nuevo gremio: el de los portuarios del Somu. Pero detrás de esa especulación se esconde en verdad una historia de intrigas, poder y violencia que alcanzó su punto de hervor el miércoles por la tarde, cuando en la sede de esa organización se cruzaron en un furioso combate cuerpo a cuerpo su secretario general Omar Suárez y el secretario de Relaciones Laborales, Jorge Vargas.


Resultado de la refriega, Vargas habría recibido una herida de consideración a la altura de las costillas, al parecer ocasionada por un "elemento punzante", consignaron a Infobae voceros sindicales.


Según se supo también, la pelea alcanzó en un momento tal grado de virulencia que personal de la custodia del gremio habría resuelto "tirar varios tiros al aire" como única manera de poder separar a los dos hombres fuertes del gremio que es dueño, entre otros emprendimientos, de la Radio Papa Francisco.


Justamente, Vargas, que desde hace tiempo aspira a ser el número uno, habría montado en cólera cuando Suárez (apodado "el caballo") blanqueó que buscaría una nueva reelección como jefe del Somu, siguiendo supuestas instrucciones del Pontífice argentino, quien le habría expresado su deseo de que siguiera otros cuatro años como secretario general.


Hace rato que comenzaron las divergencias entre uno y otro. Suárez se alineó con Caló, Vargas prefería a Moyano. De hecho, tras el grave incidente del miércoles, la gente del gremio que se pone del lado de Vargas inició conversaciones de inmediato con el camionero para imponerle lo que había sucedido y el supuesto nuevo rumbo sindical que tomará la organización. Final abierto.


Suárez apareció en la pantalla gremial con el menemismo. En 1992 plantó bandera como mandamás de los trabajadores marítimos de marinería y maestranza (marineros, auxiliares de máquinas, camareros, etc.) embarcados en todo tipo de buques de ultramar. Ahora es kirchnerista cien por ciento y fan total del cardenal Bergoglio, con quien compartió fotos y apretones de mano durante la última visita de sindicalistas K al Vaticano. Dicho sea de paso, ¿no será hora que el Papa revise su inclinación a recibir infinidad de visitantes políticos de la Argentina?


Cuando Suárez se hizo cargo del Somu, se trataba de un gremio que, refundado en 1960, se ubicaba en el lote de las organizaciones más bien modestas. Hoy tiene otro manejo: además de la radio-tv Papa Francisco también es patronal, ya que formalizó una unión estratégica con la empresa Abbey Sea (compañía naviera y armadora), que preside Ricard Cazou. Así nació Abadía del Mar, que asentó sus reales en el astillero de Río Santiago.