"Alguien quiere que caiga el sistema. Esa es la única conclusión posible si tenemos en cuenta los últimos meses en que han sido aprobadas una serie de medidas de carácter impopular" , tal afirmación la hace Harold Cárdenas, en el blog El Toque, alojado a su vez en el portal La Joven Cuba.

Cárdenas enumera las medidas decretadas por el gobernante cubano Raúl Castro que más han molestado a los cubanos: la prohibición de la venta de ropa importada, la suspensión de las licencias para ofrecer filmes en 3D, la venta de autos a precios exorbitantes y las nuevas normativas aduanales para los viajeros que llegan a la isla.

"Sus mercancías superan en calidad y precio la oferta estatal –indica el profesor de Filosofía de la Universidad de Matanzas al referirse a las exitosas "tendederas" o "trapishoppings" – pero les resulta más difícil competir desde la clandestinidad a la que han sido enviadas. ¿Qué logró esto?Convertir en ilegal una actividad económica inevitable".

El análisis de Cárdenas se enfila en una conspiración para socavar al régimen de La Habana desde su mismo interior, pero apoyada en el descontento popular.

Aunque los cines de barrio en cualquier provincia hace mucho no son la preferencia de la gente, el gobierno decidió emprenderla contra la moderna tecnología 3D. "Fue tan de cuajo el asunto que incluso los restaurantes y bares particulares que tenían instalado el 3D en sus menús o como forma de entretenimiento, se vieron obligados a retirarlo", señala.

A la medida de prohibir los cines 3D le siguió la venta de autos de forma liberada pero a precios que sobrepasan la competencia en Europa o Japón.

"Los "precios competitivos" que aun hoy tienen los autos en Cuba pueden competir con un penthouse en Manhattan o un yate en Europa, que parecería cosa de chiste si no fuera porque nos ha convertido en la burla internacional. Quizás quien toma decisiones así no necesita comprar un auto en el CIMEX o no le afecta la precariedad del transporte público", dice el bloguero.

Por último Cárdenas cita a la más impopular de las medidas: "La gota que llena la copa llegó cuando la Aduana General de la República anunció nuevas normas para la importación de productos al país que tienen como objetivo limitar la venta de productos en el mercado negro, que el Estado no permite efectuar de manera legal. Esta medida, de cuestionable legitimidad, termina por afectar a la totalidad de cubanos que tienen la oportunidad de viajar. ¿Seguimos botando el sofá por la ventana?".

Sin embargo, como es común en quienes aún creen en lo que llaman "el proyecto revolucionario", Harold Cárdenas no hace mención de ningún nombre que pudiera estar implicado en la promulgación de tan impopulares normas.

"¿Es realmente tan descabellado pensar que en Cuba algunos esténempujando el archipiélago hacia la derecha? Pregunto: ¿Alguien cree de veras que con una sucesión de medidas impopulares puede protegerse o salvarse un sistema político? Posiblemente no, y alguien quiere que caiga el Sistema", señala.

La conclusión del articulista concluye salvando de toda la responsabilidad al General Raúl Castro: "(...) de quien dice ha mostrado genuino interés en salvar la Revolución y no ha sido conservador a la hora de aplicar medidas..."; una manera, como dice cualquier cubano, "de jugar con la cadena, pero no con el mono".