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En un operativo sorpresa realizado a la medianoche, un grupo de conservacionistas británicos ingresaron al lugar de cautiverio, en la región de Uttar Pradesh, al norte de India, y rescataron a Raju.

El equipo estaba compuesto por diez veterinarios y expertos en vida silvestre, que fueron acompañados por 20 funcionarios de Medio Ambiente y dos policías. Venían siguiéndole el rastro de hacía un año.

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El rescate se organizó inmediatamente después de que un tribunal ordenó a su dueño, un hombre que lo utilizaba para pedir monedas en la calle junto a un grupo de mendigos.

"Raju estaba encadenado las 24 horas del día, un acto de intolerable crueldad. El equipo estaba asombrado de ver las lágrimas caer de sus ojos durante el rescate. Fue muy emocionante. Sabíamos en nuestros corazones que se daba cuenta de que lo estábamos rescatando", contó Pooja Binepal, miembro de la organización Wildlife SOS-UK, en diálogo con The Mirror.

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"Los elefantes son animales majestuosos y muy inteligentes. Apenas podemos imaginar lo tortuoso que fue el último medio siglo para él. Hasta que lo liberamos, nunca había conocido lo que era caminar sin grilletes. Pero ahora sabe lo que es la libertad y va a aprender lo que es la amabilidad", agregó.

Las condiciones del cautiverio eran deplorables. Los maltratos físicos eran sólo una parte del calvario. Por ejemplo, estaba tan mal alimentado, que comía pedazos de papel y plástico que encontraba en el suelo.

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"Sabemos muy poco de sus primeros años -dijo Binepal-, pero creemos que lo cazaron junto a su madre cuando era pequeño. Es común que los cazadores asesinen a las madres y atrapen a las crías con trampas de su tamaño. Luego, son golpeados y castigados hasta que se someten por completo a sus captores".

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"El caso de Raju es particularmente trágico -continuó. Fue vendido una y otra vez, y creemos que tuvo hasta 27 dueños. Cuando lo encontramos, estaba en un estado patético. Por la noche dormía al descubierto y era utilizado por mendigos para pedir monedas desde el amanecer hasta el anochecer".

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"No lo alimentaban correctamente, y estaba hambriento y exhausto. Había empezado a comer plástico y papel. Sus uñas estaban muy crecidas, y tenía abscesos y heridas por los grilletes con clavos que tenía en las patas", agregó.

El rescate no fue sencillo. El dueño se resistía y para ello le gritaba a Raju para ponerlo nervioso y hacerlo golpear a sus salvadores. Luego, intentó detenerlo con una soga. Pero no pudo hacer nada más.

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Tuvieron que hacerlo caminar con los grilletes puestos a lo largo de 180 metros porque no querían perder el tiempo. "Era en ese momento o nunca".

Entonces lo subieron a un camión

y lo llevaron a una reserva animal.

"Dio su primer paso en libertad un minuto después de la medianoche del jueves 4 de julio"

, concluyó Binepal.