AP 163
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La elección presidencial, que debía celebrarse durante dos días, fue prolongada un día más hasta el miércoles "para que pueda votar el mayor número de personas", anunciaron los medios de prensa estatales.

Aunque la victoria de Sisi, que derrocó al islamista Mohamed Mursi, no da lugar a dudas, el principal indicador será el número de votantes.

Para tratar de elevarlo, el gobierno interino instalado por Sisi dio el día libre a sus funcionarios y amplió una hora más el martes la apertura de los colegios electorales, antes de prolongar los comicios hasta este miércoles.

Dos horas después del cierre de los puestos de votación cayó el veredicto de la baja participación, que ha sido de "alrededor del 37%", según la Comisión electoral.

La oposición islamista ha sido borrada del mapa político

Sisi, que destituyó el 3 de julio de 2013 al primer presidente elegido democráticamente en el país, quiere demostrar con estos comicios en Egipto y en el exterior del país su legitimidad.

En los bastiones islamistas de Egipto abundan los carteles que proclaman a Mursi como "único presidente legítimo".

En enero, el referéndum sobre una nueva Constitución se había convertido en un plebiscito sobre su persona y el nuevo poder se felicitó entonces de haber conseguido una participación superior a la de los comicios constitucionales bajo el presidente islamista.

Esta presidencial, en la que solo un candidato se ha atrevido a presentarse, tiene también forma de un plebiscito en Egipto, el país árabe más poblado.

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El lunes por la noche, varios comentaristas y periodistas denunciaban en las televisiones una baja participación.

El martes a primera hora, varios colegios electorales de El Cairo estaban desiertos, observó un periodista de la agencia AFP.

El vocero del ministerio del Interior aseguró pese a todo en una televisión privada que "las estimaciones de los servicios de seguridad señalan que votaron 16 millones" de personas, casi el tercio de los 53 millones de inscritos.

El único rival de al Sisi, el líder de izquierda Hamden Sabahi, es casi invisible mientras que la oposición islamista ha sido borrada del mapa político y sus figuras encarceladas o enjuiciadas.