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Zinaida Berezovskaya, un médico perteneciente al Ejército Rojo, encontró en 1945 el diario íntimo de Rywka Lipszyc, en Auschwitz-Birkenau, el campo de concentración más terrible que tenía el Tercer Reich. Estaba tirado al lado de uno de los hornos crematorios en los que los prisioneros judíos eran eliminados como insectos.

Su historia guarda muchas similitudes con la de Anna Frank. La historia de la joven holandesa que registró en un diario los dos años y medio en los que se ocultó de los nazis junto a su familia se hizo mundialmente conocida porque su padre, el único sobreviviente, la publicó en 1947.

     Ya estaba en poder de los nazis cuando empezó a escribir el diario

Anna también fue trasladada a Auschwitz tras su detención, pero murió en otro campo, el de Bergen-Belsen. Escribió el diario entre los 12 y los 14 años.

La principal diferencia en el caso de Rywka es que ya estaba en poder de los nazis cuando empezó a escribir sobre lo que estaba viviendo. Era 1943, tenía 14 años y vivía en el gueto polaco de Lodz, uno de los barrios cerrados en lo que eran acumulados los judíos antes de ser enviados a campos de concentración.

Rywka nació en la ciudad de Lodz el 15 de septiembre de 1929, y era la mayor de los cuatro hijos que tuvieron Yankel y Miriam Sarah Lipszyc. Ambos habían muerto, y ella ya llevaba tres años en el gueto cuando comenzó su diario.

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Una de las páginas del diario

El padre murió el 2 de junio de 1941, producto de las heridas causadas por una salvaje golpiza que le propinaron soldados nazis. La madre falleció un año después, probablemente como resultado de la mala alimentación y las inhumanas condiciones de vida a la que estaban expuestos los habitantes del gueto.

Al quedar huérfana, se fue a vivir con sus tíos, que también murieron, en julio de 1943. El 8 de octubre de ese año, Rywka inició la redacción del diario.

     "¡Mi Dios! ¡Nunca me voy a olvidar de ese sentimiento! ¡Quería llorar!"

En sus páginas manifiesta, su fe y su mirada religiosa del mundo y de la tragedia que estaba viviendo. Una de las cosas que más sufría era tener que ir a las casas de trabajo los sábados, día de descanso para el judaísmo.

Según se puede leer en la página web del diario, el 20 de febrero de 1944 expresaba de esta manera su profundo pesar. "¡Mi Dios! ¡Nunca me voy a olvidar de ese sentimiento! Me sentí tan mal, estaba sofocada. ¡Quería llorar! Llorar... llorar... Veo a la gente yendo a las casas de trabajo como si fuera algo normal, pero es un día sagrado".

"Para mí -continúa- ir a la casa de trabajo un sábado era una terrible agonía. Pensaba, involuntariamente: ¿si tuviera que hacerlo nuevamente (espero que no ocurra), se convertiría en algo normal para mí? ¿Me acostumbraré? ¡Dios, haz algo para que no tenga que volver a ir a una casa de trabajo un sábado!".

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La carta de registro de Rywka en el Gueto de Lodz

     "Si no fuera por mi fe, yo, como otros, habría perdido mi deseo de vivir"

La fe era lo único que la mantenía con vida en un contexto en el que la hambruna era cada vez peor en el gueto, y ya era casi imposible sobrevivir. "Muchos se preguntan por qué, para qué, y lentamente, paso a paso, van perdiendo la fe y la esperanza. ¡Oh, es tan terrible! Es por eso que yo me mantengo agradecida a Dios por darme la oportunidad de creer. Si no fuera por mi fe, yo, como otros, habría perdido mi deseo de vivir. Ten paciencia, con la ayuda de Dios todo estará bien", decía.

El soldado soviético mantuvo el diario oculto en el clóset de su casa hasta su muerte, en 1983. Su hijo también lo conservó hasta su deceso, en 1995.

Entonces

quedó en manos de su hermana, que se lo llevó a San Francisco

, Estados Unidos, donde vivía. Allí lo entregó al

, que lo estudió, verificó su autenticidad y, tras muchos años de investigación,

organizó su publicación en un libro

. Estará a la venta a partir del 31 de marzo.