Papa Franciscomartes 16 de julio 2013

"Agradezco la oportunidad de escuchar y ver al papa Francisco"

Así se expresa Julieta, "peregrina" a la Jornada Mundial de la Juventud en Brasil. Como ella, muchos jóvenes católicos se preparan para un viaje que tiene, en el caso argentino, un suplemento: el Papa es "nuestro"

El padre Mario Miceli fue uno más de los cientos de miles de jóvenes que asistieron a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en el año del Jubileo –agosto de 2000–, en Roma, todavía en tiempos de Juan Pablo II. "Fue muy bueno el tener una experiencia de Iglesia mundial con tantos jóvenes, junto a la figura del Papa, compartiendo la fe", recuerda ahora, en charla con Infobae.

En ese entonces, todavía no había ingresado al seminario. Hoy, ya ordenado sacerdote, le ha tocado, como miembro de la Pastoral de Juventud del Arzobispado de Buenos Aires, coordinar el viaje de buena parte de la delegación de argentinos que viajan a Río para la que será la primera JMJ con el flamante papa Francisco.

Como es de suponer, la elección de Jorge Bergoglio como Papa incrementó el interés. Eso, más la cercanía con Brasil, potenció el número de viajeros a la JMJ, que podría llegar a 40 mil. El cálculo no es exacto porque, además de los peregrinos –inscriptos y con acceso a todos los eventos–, se puede participar independientemente de las actividades libres.

"Para nosotros, dice el padre Miceli, como ciudad de Buenos Aires, fue muy fuerte la elección de Francisco y a partir de ahí  nos involucramos muchísimo más. La JMJ como evento no es tan conocida porque es costoso participar. Ahora, el que tenga lugar en Brasil, la vuelve más interesante y accesible. Además, la última vez que se hizo en América Latina fue hace mucho, en Buenos Aires, en 1987. Eso incrementa la expectativa, y que el Papa sea latinoamericano y además ‘nuestro’ y elegido hace tan poco tiempo…".

Lo mismo señaló a Infobae Sofía Persia, 19 años, estudiante de música, mendocina e integrante del Movimiento Schoenstatt, que viaja junto a otras peregrinas de esa provincia: "Que el Papa sea argentino fue un incentivo bastante grande, sumado al hecho de que la Jornada es en Brasil, que es tan cerca, por lo que en el caso nuestro hubo que agrandar los cupos".

En realidad, Sofía ya partió con su grupo para participar de una  semana previa de misión en San Pablo y de un encuentro con otras 1.500 muchachas de su movimiento, de distintos países, que se alojarán en casas de familia y recibirán formación espiritual. Desde Mendoza, viajarán en total unos 500 jóvenes.

"Personalmente, dice ella, me impacta la cercanía que tiene Francisco con la gente, incluso con los no latinoamericanos, y también rescato mucho su humildad y el gran contraste que marca con cosas muy protocolares de la Iglesia, que son las más criticadas; él, con su actitud y estilo, señala que la Iglesia no es lo protocolar y hace aflorar la esencia del cristianismo, porque mucha gente juzga al Vaticano y Francisco muestra que la Iglesia no es sólo el Vaticano".

"La elección de Bergoglio es una gran bendición y un regalo de Dios que nadie me va a poder quitar de la memoria ni del corazón", dice por su parte Julieta Urán, de 26 años. Pero para ella, que es de Parque Avellaneda, en la Capital, el Papa no es un desconocido: “Conocí a Bergoglio, lo escuché en sus homilías, en sus encuentros con jóvenes; siempre fue muy coherente. Claramente sus actitudes y mensajes me movilizan e incentivan a ser cada día más atenta con el prójimo y mejor cristiana. A no quedarme sólo en las palabras”, contó Julieta a Infobae. "Tengo la alegría de saber que Dios no se equivoca porque siempre que estuve en presencia de Bergoglio sentí que era un hombre especialmente bendecido. Agradezco y agradeceré siempre tener la oportunidad de escucharlo, verlo y espero aportar un grano de arena en la construcción de una ‘Iglesia pobre para los pobres", agregó.

Justamente, el padre Miceli, que ejerce su sacerdocio en una parroquia de Barracas, cree que los porteños podrán marcar una diferencia: "Como delegación de Buenos Aires tenemos algo que aportar. Imagino que todo joven que se cruce con alguno de nuestros delegados le va a preguntar, ¿es realmente así el Papa?, ¿siempre lo fue?".

En otro orden, pese al entusiasmo, costear el viaje representó un gran esfuerzo. "La delegación argentina se armó –cuenta Miceli– tratando de colaborar especialmente con aquellos que tienen más dificultades: conseguimos ayuda de comunidades que se solidarizaron con los jóvenes y los ayudaron a solventar el viaje, pudimos becar a muchos chicos y hacer que esto fuese accesible".

También los jóvenes hicieron lo suyo, como lo testimonian varios de ellos en la página del Opus Dei. Asados, venta de rosarios y changas (baby sitters, mozos, recepcionistas) ayudaron a Tere, Nacho y Guada a reunir parte del dinero.

Tere Wyler, 18 años, estudiante de Derecho en la UBA, dice: “Desde que soy chica quiero ir a la JMJ. Lo que más me mueve es conocer a gente de todo el mundo que tiene mi misma fe, mis mismos valores y que busca compartirlos. Además, la presencia del papa Francisco es un gran incentivo”.

"Decidí viajar a la JMJ por todo lo que significa estar con el Papa unos días escuchando su mensaje a todos los jóvenes del mundo que quieren ser apóstoles de Cristo", explica Nacho Ocampos, de 19 años. A él, que es de San Luis y sigue la carrera de Contador Público en la UBA, lo motiva fuertemente el poder "palpar la universalidad de la Iglesia".

Redescubrir a Dios a través del encuentro con jóvenes de todo el mundo es la experiencia que esperan vivir. Guada, estudiante de 16 años, dice: "Voy para fortalecer mi fe al reunirme con tantos jóvenes que están en la misma que yo".

El padre Miceli aclara que la JMJ no es un congreso. "Es un encuentro en torno al lema ‘vayan y hagan discípulos’, y los jóvenes que participan buscan hacer suyo ese mandato. Las primeras tres mañanas hay una catequesis sobre esa misión en diferentes parroquias. En un gran campus, habrá diferentes stands: para rezar, alabar, cantar… Además, habrá mucho intercambio y la posibilidad de conocer a jóvenes de otros países. Es una experiencia de mucho compartir incluso porque varios peregrinos se alojarán en casas de familia". Los argentinos tendrán también una misa en la catedral de Río de Janeiro el 22 de julio a las 18 horas.

"Mi motivación principal –dice Julieta Urán– es el encuentro con el Dios que moviliza mi vida y la de muchos jóvenes de todo el mundo. Seguir a Cristo, seguir su camino, su ejemplo, y conocer a los hermanos que lo viven de igual modo".

"Conocer a Dios ya cambió mi vida", dice, y subraya ese "ya". Pero cada experiencia que ayuda a fortalecer la fe es para ella "como cada gota de agua que va regando una planta que quiere crecer”. Por eso, “este viaje es una oportunidad de crecer en la fe".

"Hace ya un año que estoy informándome sobre la JMJ. Y preparando, con ansias, el corazón para tal increíble encuentro", cuenta.

También Sofía Persia lleva más de un año preparándose. Para ella será una experiencia muy linda de crecimiento individual, “por el encuentro cultural con jóvenes que buscan lo mismo”, pero también "de crecimiento de la Iglesia a nivel mundial".

Acorde con los principios de su movimiento –desarrollo de la personalidad cristiana, libertad individual, no masificación–, Sofía señala que "actualmente se ve a muchos jóvenes gritar cosas que quizá no sienten o no encarnan; la Iglesia, nuestro movimiento y la jornada mundial dan la oportunidad de no estar masificado, de luchar por una causa en la que realmente se cree, de que cada uno mantenga su autenticidad, y pueda crecer en eso".

Como parte de la preparación para este encuentro, los jóvenes porteños se reunieron en la catedral metropolitana el pasado 30 de julio, en el Día del Papa (por San Pedro). Allí reflexionaron sobre los recientes mensajes del Papa y participaron de la celebración eucarística presidida por monseñor Eduardo García. También asistieron a un festival en el que tocaron bandas de música cristiana como El padre César y los pecadores y Kyrios Emanuel. La sorpresa de la noche fue la presencia de Soledad Pastorutti.

"La idea es que esta JMJ no quede sólo en la alegría de una fiesta, sino que esa misma alegría se convierta en reflexión y que la reflexión se vuelva servicio y salgamos, como dijo el Papa, a las periferias", concluye el padre Miceli.

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