Sociedadsábado 13 de julio 2013

Síntomas y riesgos del síndrome de la "cabeza quemada"

También conocido como burnout, se trata de uno de los llamados “males de siglo”. A quiénes afecta, bajo qué condiciones y cuáles son las recomendaciones para evitarlo

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Las sociedades modernas han traído consigo una cantidad de beneficios y comodidades para el ser humano de la mano de la tecnología y los avances médicos, por ejemplo.

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El mundo del trabajo también se ha transformado modificando el rol de los sujetos: de simples ejecutores de tareas se ha pasado a trabajadores que aspiran a desempeñarse en empleos que les permitan tomar decisiones con cierta autonomía, realizar tareas significativas y con impacto social.

Esos son los trabajadores más proclives a ser víctimas del “síndrome de cabeza quemada”, una vez que sus aspiraciones profesionales se ven frustradas por una realidad cada vez más compleja. Otras causas pueden ser el “inmovilismo” laboral y el desempleo.

Es allí donde la psiquis, el cuerpo y el comportamiento comienzan a verse afectados en distintos niveles, experimentando agotamiento, falta de energía, malhumor, insensibilidad y hasta cinismo. Todas estas conductas colaboran con una baja eficacia laboral.

Entre los síntomas de quienes padecen este mal se cuentan palpitaciones, taquicardias, pinchazos en el pecho, aumento de la tensión arterial, dolores musculares, contracturas, dolores de cabeza, dificultades digestivas, inapetencia, disminución del deseo sexual y dificultades en el sueño.

¿Cuál es la diferencia entonces entre burnout y el clásico estrés laboral?

El psiquiatra y especialista de la Universidad de Zaragoza Javier García Campayo, en diálogo con Infobae América, explicó que el estrés laboral es solo la primera fase del burnout: el síndrome de “cabeza quemada” aparece cuando el estrés laboral se vuelve crónico.

Las profesiones más afectadas por este síndrome son las que tienen un costado claramente vocacional y de servicio al otro, en las que existe una alta implicación entre el sujeto que presta el trabajo y el sujeto receptor del mismo.

 

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Aquí, el listado de las profesiones más afectadas por el burnout: 

-Docentes

-Enfermeros

-Médicos

-Psicólogos

-Asistentes geriátricos

-Comerciales

-Abogados

Aunque entre las primeras tres profesiones hay un porcentaje de afectados por burnout de entre el 25 y el 40%, García Campayo afirma que en todas las profesiones existe una prevalencia del 10% de este mal.

Estos perfiles son los que explican que en España, la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) vaya a realizar un estudio sobre el tema en conjunto con el Departamento de psicología de la Universidad de Extremadura, y esté en campaña exigiendo que el burnout sea tipificado como enfermedad profesional.

La doctora Beatriz Ogando, secretaria de salud laboral de CESM explica: “Nos encontramos a diario ante un escenario laboral de estrés, sobrecarga de trabajo con altas demandas emocionales, precariedad laboral, escasez de profesionales, masificación de los servicios y un aumento de expectativas de los pacientes que no siempre el sistema sanitario satisface”.

 

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El mapa geográfico de este síndrome no está demasiado definido. Aunque suele pensarse que es un mal característico del primer mundo, García Campayo sostiene que Europa y Estados Unidos no son los países más afectados sino en los que más se han desarrollado los estudios e investigaciones sobre el tema.

A su vez, destaca que casi no existen estudios en Latinoamérica, aunque se esperan cifras aún más altas ya que en general, las condiciones laborales son peores.

Para combatir el burnout, los expertos coinciden en recomendar pequeñas pausas a lo largo de la jornada laboral, además de dedicar un tiempo mínimo semanal al ocio. Lo más aconsejable sin embargo, es acompañarlo de un tratamiento psicoanalítico adecuado.

Además de los consejos orientados al individuo, los especialistas sugieren distintas estrategias organizacionales para prevenir el burnout y sus consecuencias en términos de costos laborales para las empresas. Las inversiones en recursos humanos, sumado al establecimiento de estructuras más horizontales, mayor autonomía, y el fomento del trabajo en equipo, son algunas de las opciones. 

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