Economíamiércoles 10 de abril 2013

Lecciones de la Historia: siglos de controles de precios sin ningún éxito

Congelamientos en períodos inflacionarios son tan antiguos como la civilización misma. Analistas económicos consultados por Infobae explican la ineficacia de estas medidas

El congelamiento de precios es una medida extrema que tiene numerosos antecedentes en la historia, tanto de la Argentina como en el mundo. Los analistas económicos coinciden en sus efectos concretos en el corto plazo, pero advierten sobre los repetidos fracasos de estas iniciativas al mantenerse en el tiempo.

El pasado abunda en ejemplos de controles que, en lugar de atacar los problemas de fondo que generan inflación, restringen la libertad de movimiento de precios y salarios, como si esta fuera la causa de los desequilibrios inflacionarios.

El abogado Eduardo Curia, asesor económico de la UIA, ADEBA y CAME, considera que "el mecanismo del congelamiento, como lo dice la palabra, es intentar meter en el freezer el comportamiento propio de los precios. Su propia idiosincrasia hace que cuanto más largo sea el período en que se aplique, mayores sean los riesgos de fugarse de los controles. Cuando ya las circunstancias son extremas y la rentabilidad queda apremiada, está la posibilidad de desabastecimiento".

Existen múltiples ejemplos de medidas de rigor tomadas para que no se dispare el costo de vida. Por mencionar algunas, ya las dinastías de Sumeria y Babilonia intentaron fijar a través de sus códices los precios de los alimentos, con el consiguiente deterioro de la rentabilidad de las labores agropecuarias y el abandono de las granjas por este motivo.

La República de la antigua Roma estableció en la Ley de las Doce Tablas la figura de la "uncia", ganancia o usura del 12% al año sobre lo producido. El triunviro Cayo Graco aplicó en 132 a.C. la ley frumentaria, por la que los romanos accedían a un lote de trigo al precio oficial que era mucho más bajo que el precio del mercado. Esta normativa se profundizó al reconocer en 58 a.C. el derecho a una cantidad de trigo gratis. La consecuencia fue un éxodo de agricultores de los campos a Roma. A la vez, las cantidades limitadas del grano obligaron a fijar cupos sólo para ciudadanos de pleno derecho, autorización que sirvió a la manipulación de los políticos.

El ingeniero Manuel Solanet, de la Fundación Libertad y Progreso, expresó que "los congelamientos de precios siempre han fracasado, tanto en la experiencia argentina como en otros países. Pueden tener un impacto de muy corto plazo para disminuir el nivel de inflación, pero acumulan distorsiones y presiones en el sistema productivo".

"Hay desabastecimiento, hay elusión del control modificando las marcas, los pesos, las etiquetas, y finalmente no se actúa contra la inflación en forma estructural, sino coyuntural", describió Solanet.

Impacto de corto plazo

En 1777, durante la guerra de independencia norteamericana, la legislatura de Pennsylvania decidió congelar los precios para que los insumos y pertrechos del ejército de George Washington sean menos onerosos. Los granjeros resolvieron retener sus productos porque consideraban insuficientes sus precios y hubo quienes los ofrecían en el mercado negro a los enemigos británicos, quienes estaban dispuestos a pagar más. Al año siguiente se levantó la restricción por ocasionar "consecuencias dañinas con gran detrimento de los servicios públicos y opresión gravosa de los individuos".

"Lo usual ha sido que los gobiernos no han podido salir de los acuerdos voluntariamente, porque saben que al hacerlo hay un salto inflacionario. De manera que la salida puede ser involuntaria simplemente por falta de control o en algún momento hay una decisión general en la actividad productiva y comercial de no respetarlos, aunque el Gobierno lo intente", opinó Solanet.

En el siglo XX, el régimen de Adolf Hitler aplicó en 1936 el "Preis-Stop", un congelamiento general a través de 7 mil decretos que fijaban los precios de cada producto. Prosperó el mercado negro y la pérdida de calidad de los artículos, a pesar de los duros castigos instaurados, y no se pudo reducir la inflación. En la URSS el régimen soviético dispuso precios fijos para diez millones de productos. Las consecuencias: el costo de vida en las ciudades aumentó 65% entre 1927 y 1937, mientras que el dinero circulante se expandió un 700% entre 1929 y 1941.

Marcelo Lascano, doctor en Derecho y Ciencias Sociales, con posgrado en Economía Monetaria y Bancaria, señala que el congelamiento "puede ser una medida excepcional, en condiciones muy difíciles de la vida social, en EEUU, en Alemania, en todos lados, pero tiene que estar acompañado de un sinceramiento de muchas cosas para que haya un reacomodamiento tranquilo, concertado. No creo que los controles de precios sean duraderos, menos en una economía capitalista liberal donde no se han tomado las medidas necesarias. Los mercados negros terminan dominando la escena".

En los EEUU se aplicaron controles durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, a través de una Oficina de Administración de Precios, cuyo accionar fue tan impopular que ésta fue disuelta en cuanto se restableció la paz. Entre 1971 y 1973 el presidente Richard Nixon estableció un congelamiento con relativo efecto para contener una inflación que no superaba el 6% anual.

Experiencia argentina

Los controles sobre el comercio son parte de la historia nacional aún antes del nacimiento de la República Argentina. El monopolio del Imperio español, por el que la metrópoli era única vendedora y compradora de los productos de las colonias, obligó en 1776 la creación del Virreinato del Río de la Plata para combatir el pujante contrabando de mercaderías que evadía los controles aduaneros a través del puerto de Colonia del Sacramento.

En la historia reciente, se recuerda al ministro de Economía de la tercera presidencia de Juan Domingo Perón, José Ber Gelbard, propuso en 1973 el Acta de Compromiso Nacional entre la CGT y la Confederación General Económica, para mantener estables los precios y los salarios durante dos años. En menos de un año hubo que replantear la medida.

La "doble pinza" de la escalada de precios y las demandas salariales motivaron la renuncia de Gelbard, reemplazado por Alfredo Gómez Morales, sucedido por Celestino Rodrigo, quien duplicó el valor del dólar, las tarifas públicas y los combustibles. Fue el doloroso "Rodrigazo" de 1975.

Marcelo Lascano apunta que "el ataque a la inflación tiene dos componentes: el virtuosismo de las medidas en sí y la credibilidad del Gobierno. Todo gobierno se desgasta, de Napoleón a Mussolini, pero si no está acompañado de ideas innovadoras, está complicado".

En junio de 1985, el ministro de Economía de Raúl Alfonsín, Juan Vital Sourrouille, anunció el Plan Austral, que congeló los precios, los salarios y los servicios públicos y vino acompañado de listas con precios máximos de los productos. El rigor de los controles no se sostuvo por más de nueve meses. Si bien sucedió un período de importante reactivación, la inflación volvió a descontrolarse: entre enero y julio de 1988 acumuló un 178% y dio origen al Plan Primavera de agosto de ese año, un paquete de controles de precios, salarios públicos, tarifas y tipo de cambio. En un contexto de debilidad política no pudo prosperar.

"Cuando el Austral se aplica había un proceso de inflación más alta que el actual. Fue lo que se llamaba en aquella época una terapia de choque. Tenía un condimento que hoy no hay, que es el de la reforma monetaria para la creación del (nuevo billete) Austral y el desagio. Lo que se supone que hacía la reforma monetaria era 'castrar' la inercia inflacionaria, que es producto de episodios pasados", dijo Eduardo Curia.

"Todos los otros elementos de los desvíos monetarios y fiscales, la puja salarial, todo resurgió con fuerza. El tiempo del Austral fue dilapidado, hasta que hubo que ir a una versión mucho más pobre y desteñida que fue el Plan Primavera, que derivó en la 'híper'", agregó.

La Hiperinflación

Manuel Solanet recordó que "en los años 85 al 87 teníamos un déficit fiscal mayor que el actual. Veníamos de una inflación más alta, con una inercia inflacionaria grande, con una situación de reservas débil. Esto fue intentado de resolver con el Plan Austral y luego con el Plan Primavera, cambiando la moneda y estableciendo una regla por la cual el Tesoro no podía recurrir a la emisión para financiarse. Fue imposible, dentro de las condiciones de marco que estaban en ese momento, respetar esa consigna y la mentalidad inflacionaria estaba muy arraigada".

La hiperinflación de julio de 1989 hizo sucumbir al gobierno radical. Cuando el justicialista Carlos Menem lo sucedió, su ministro de Economía Néstor Rapanelli anunció un congelamiento de precios de 300 empresas líderes por 90 días, que apenas fue un paliativo. La inflación fue indomable hasta la liberación del tipo de cambio que desembocó en la convertibilidad de 1991.

"Lo de Gelbard terminó en el 'Rodrigazo', lo de Alfonsín terminó con hiperinflación: estamos volviendo a tropezar con la misma piedra. El Gobierno ha actuado sin diagnóstico ni plan racional de mediano y largo plazo, más bien por impulso, y está imponiendo una clara tendencia intervencionista. Hoy se sigue el libreto de Guillermo Moreno", resumió Solanet.

Marcelo Lascano subraya: "Veinte veces se aplicaron estas medidas. No se pueden separar los controles de precios de los esfuerzos desesperados de un gobierno para cambiar su imagen. Puede lograrse en el corto plazo con algún resultado en un gobierno que no haya insistido en prácticas sobre las cuales la sociedad pueda tener una mala impresión".

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