EFE 163
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 Reuters 163
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Las imágenes de la lectura de la condena del peor asesino de la historia de Noruega mostraron a Anders Breivik con una sonrisa permanente en la cara y una mirada cargada de satisfacción tras recibir la máxima pena posible según las leyes de su país.

¿Cómo se explica semejante demostración de alegría? Está claro que Breivik es un asesino satisfecho con su obra. Lo ha repetido ante el tribunal previamente y no apelará el fallo que lo condenó. Según las palabras de su propio abogado, Geir Lippestad, toma esta actitud porque "ha sido declarado penalmente responsable".

El objetivo del asesino de extrema derecha era no ser declarado inimputable, es decir, demostrarle al mundo que lo que hizo, lo hizo en plena conciencia y con causas que él sigue considerando justificadas.

Incluso se había declarado inocente al iniciarse las audiencias alegando que sus crímenes -mató a 77 personas entre el atentado de Oslo y la masacre de jóvenes militantes socialistas en la isla de Utoya- fueron "en defensa propia".

      
      


Hay un trasfondo inquietante en todo el asunto: Breivik ha logrado uno de sus objetivos previos a la masacre, impactar al mundo para hacer conocer sus ideas. No perdió la oportunidad de ser fotografiado realizando el saludo nazi al llegar a su asiento.

Tal vez eso -combinado con los rasgos de su particular personalidad- explique su indignante actitud ante un tribunal que lo estaba sentenciando virtualmente a pasar el resto de sus días aislado del mundo.