Infobaesábado 04 de agosto 2012

Sean Penn y Calu Rivero, el reencuentro

La estrella de Hollywood y la protagonista de Dulce Amor compartieron una comida en un exclusivo restaurante 

En Palermo Hollywood, un fabuloso vehículo negro de firma alemana arribó a toda velocidad al exclusivo restaurante To. "Esta no será una noche más", exclamó con su particular acento el recepcionista senegalés.Y no es para menos, a quienes les abrió la puerta fue al actor estadounidense, Sean Penn y a la extravagante Calu Rivero.

El atuendo de la actriz de Dulce Amor merece párrafo aparte. Como una de las glorias de los 40’, Rivero dejó absortos a todos los comensales llevando con gran estilo un inmenso sombrero color marfil, camisa y pollera a lunares en tonos negros y blancos, y tacones y medias en los misma gama que realzaban su vestuario.

Boquiabiertos quedaron Mauricio Macri y su inseparable Juliana Awada, ubicados en la mesa contigua del protagonista de "Milk", cuando detectaron que sus vecinos eran la bella actriz con la estrella cinematográfica y ex marido de Madonna, Sean Penn.

El ganador del Óscar ordenó sopa de entrada y platos interminables de la carta de sushi que disfrutó en dulce montón. No solo Calu fue su partenaire, una docena de personas escoltaban a la pareja. Ya instaladísimo en el salón del piso superior y en la silla central presidiendo su mesa, trono reservado a Marcelo Tinelli, amigo de la casa, Penn se mostró distendido y concentrado en la charla que mantuvo con su joven dama, tertulia que duro más de dos horas.

La estrella del cine mundial de visita en el país por segunda vez al parecer solo tuvo dos exigencias, sushi y Calu. Alertado por la presencia de la prensa, el activista y luchador por los derechos humanos, se retiró del restaurante solo y no dio declaraciones. Conocido por su maltrato a los paparazzis, en esta ocasión Sean Penn dirigió un par de miradas fulminantes a los fotógrafos y raudo se montó en el Mercedes Benz que lo aguardaba.

Minutos después Calu Rivero se retiraba, aunque su partida fue menos estrepitosa. Caminó junto a sus amigas, una cuadra hacia su automóvil. En este escueto recorrido conversó con la prensa y a decir por su cara el solo hecho de mencionar el reencuentro con quien fuera el hombre fetiche de la mismísima Reina del Pop, el beneplácito de su mirada lo decía todo. Educada y gentil, Rivero respondió a todas las preguntas con una esplendida sonrisa y dejando en claro a los buenos entendedores que su affaire con el astro del celuloide marcha firme como los vientos patagónicos que dejan su huella al pasar.


Por Roberto Funes Ugarte
Periodista

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