Políticalunes 14 de mayo 2012

Angola, bendecida y castigada por el petróleo

El crudo explica el 85% de su PIB. Pero los índices de libertad económica y corrupción de Transparencia Internacional y Heritage Foundation exhiben las falencias de un país en el que casi el 50% es pobre


Con más de 18 millones de habitantes, el frente económico de la ex colonia portuguesa se basa en los hidrocarburos. La economía del país luso-africano experimentó una reactivación importante empujada por los precios del petróleo.

Se convirtió en miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en 2006 y en la actualidad produce dos millones de barriles de petróleo por día. Este año buscará vender gas en el mercado internacional, con la vista puesta en los Estados Unidos.

Según datos de The CIA Factbook, su Producto Interior Bruto (PIB) creció un 4% en 2011, lo que equivale a unos US$ 99.000 millones. El aporte de los petrodólares no es menor. La producción de crudo y las actividades derivadas de esa industria contribuyen al 85% de su PIB. Un 5% adicional lo aporta la producción de diamantes.

Tras 27 años de guerra civil (1975-2002), la recuperación fue posible, y el impulso económico también se traduce en la notoria caída de la inflación, que pasó del 325 % en 2000 al 14 % en 2011.

Esa potencia emergente incrementó sus relaciones con países como los EEUU y Brasil, y siguió la tendencia mundial al convertirse en el principal suministro petrolero de China. Sonangol, la principal empresa estatal de petróleo y gas, demostró la voluntad de abrir representaciones en Chile, Hong Kong, el Reino Unido y Singapur.

Pero las bendiciones que la economía de Angola recibe por el petróleo contrastan con el escaso bienestar social de su población. Casi el 50% de la población se encuentra en la línea de pobreza, y la esperanza de vida se ubica en los 39 años. El crecimiento sin bienestar también es responsable de que el 45% de los niños tengan desnutrición crónica, según datos de Unicef.

Al enfocarse en el petróleo, el país también fue perdiendo casilleros en otros sectores. Hoy importa el 89% de los artículos de primera necesidad porque no desarrolló su producción alimenticia ni el ámbito rural, a la vez que descuidó la oferta energética, principal combustible productor para las empresas.

A los ojos del mundo se transformó en un destino para hacer negocios, pero los organismos internacionales no aprueban su conducta económica. Según el ranking de libertad económica publicado por la Fundación Heritage, el país africano se ubica en el puesto 160 entre 179 países, lo que lo ubica como una economía reprimida. En la misma, liga se encuentran países como Lesoto, Ucrania y Uzbekistán. (Ver el informe completo en documentos relacionados).

La corrupción también flagela al país africano. El organismo Transparency International califica a los países del 0 al 10. Cuanto mayor es el puntaje, menor es la percepción de corrupción. La nota de Angola fue un dos.

Desde hace 33 años que el país está bajo el mando de José Eduardo Dos Santos, que es presidente, premier y jefe del partido gobernante. Llegó al poder con 37 años, convirtiéndose en uno de los gobernantes más jóvenes de África. En esta línea, sus cuentas estatales le escapan a la auditoría del Fondo Monetario Internacional (FMI), y la corrupción se queda con uno de cada cuatro petrodólares.


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