Saludablemartes 21 de febrero 2012

Qué es el virus de la Influenza tipo B

El cuadro se caracteriza por un inicio brusco de fiebre, acompañado frecuentemente por escalofríos, dolor de cabeza, malestar general, dolores musculares y tos irritativa. Es altamente contagioso pero su impacto en el ser humano es menor. Es una gripe común que en muy pocos casos es fatal

En la medida en que el virus avanza, los signos de infección respiratoria, tales como faringitis, congestión nasal, rinitis y tos se hacen más prominentes. Puede haber también infección conjuntival, dolor abdominal, náuseas, vómitos y a veces diarreas. En el caso de la mujer fallecida, es una situación poco común, ya que los síntomas pueden ser leves (parecido a un resfrío común) o severos.

La influenza es un orthomyxovirus que consta de 3 tipos diferentes: A-B y C (según características de sus antígenos). Las epidemias son causadas por los tipos A y B. Es altamente contagiosa; se transmite por vía aérea de persona a persona a través de las secreciones respiratorias al toser, estornudar o hablar. Además, puede hacerlo a través de las manos o artículos contaminados con estas secreciones.

Para disminuir el riesgo de transmisión es fundamental el lavado de manos de las personas en contacto con un enfermo o su ambiente. La vacuna, cada vez más difundida, es eficaz (cubre aproximadamente a un 80% de los expuestos) y se indica desde los 6 meses de edad en adelante.

El impacto de los virus de la Influenza tipo B sobre el hombre se hace menor, en parte porque evolucionan con más lentitud que los Influenza A. Sin embargo, el virus muta con suficiente rapidez como para hacer imposible la instalación de una inmunidad duradera. 

La vacuna y el tratamiento

La vacuna humana habitual es la trivalente, que contiene proteínas purificadas e inactivadas de las tres cepas que se considera que van a ser más comunes en la siguiente epidemia: dos subtipos del virus A de la gripe y uno del virus B. Una vacuna elaborada un año puede no ser eficaz al siguiente debido a las frecuentes y rápidas mutaciones (cambios en sus antígenos) que sufre el virus, y a la dominancia variable de las diferentes cepas.

El tratamiento es sólo sintomático y en los casos graves y hospitalarios es sólo de mantenimiento de constantes, pues los fármacos antivirales tienen una eficacia muy limitada (los más eficaces son los inhibidores de la neuraminidasa) y no carecen de toxicidad. Los antibióticos sólo son útiles si hay infección bacteriana asociada.