Opiniónviernes 25 de noviembre 2011

¿Puede haber guerra contra Irán?

Julio Hang es general de División (RE) del Ejército Argentino, fue edecán del presidente Raúl Alfonsín, Jefe de la Casa Militar de la Presidencia y agregado militar en los Estados Unidos. Es Director del Instituto de Seguridad y Estudios Estrategicos del CARI (Consejo Argentino de Relaciones Internacionales)


El 8 de noviembre pasado, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) difundió un informe, indicando "serias preocupaciones sobre las posibles dimensiones militares" del programa nuclear de Irán. Su Junta de Gobernadores aprobó el 17 de noviembre una resolución, expresando la profunda y creciente preocupación por el desarrollo del programa iraní, urgiendo el cumplimiento sin demoras de las Resoluciones del Consejo de Seguridad y apoyando una solución diplomática. Enseguida, los EEUU, el Reino Unido y Canadá impusieron sanciones financieras adicionales a Teherán. Una creciente tensión se ha desatado entre el intento de frenar el programa nuclear de Irán y la manifiesta decisión de Teherán de continuar lo que considera un programa de desarrollo pacífico. Trataré de analizar brevemente las diversas alternativas que se plantean.

Encuadrando la situación, valga recordar que el mundo sufre una situación de crisis económica, que excede la grave situación europea, y que el Medio Oriente afronta el repliegue de los EEUU de Irak y la persistencia del conflicto afgano. Es en esta situación que en Israel se habla de guerra, de ataque preventivo, de impedir el riesgo de un nuevo Holocausto, una vez que el país que niega su existencia posea un arma nuclear. Pero en el mismo Israel se alzan voces contrarias. Meir Dagan, ex director del Mossad, dijo que es "estúpido" ir a la guerra con Irán cuando pueden usarse otras acciones. Netanyahu, Barak y Avigdor Lieberman enfrentarían a otros 5 ministros que se oponen a una acción preventiva.

 En los Estados Unidos también hay diferentes opiniones. La administración de Barack Obama ha dejado claro que la opción militar no ha sido descartada, pero al mismo tiempo los principales asesores militares no comparten hoy una acción militar preventiva. Si Israel realiza un ataque a las instalaciones nucleares iraníes y tiene éxito, las consecuencias serán tanto para los EEUU como para Israel. Las tropas norteamericanas en Afganistán y las que queden en Irak serán blanco de represalias. Igualmente los ciudadanos y empresas de esos países. Se estima que Hezbollah cuenta con tres veces más cohetes, provistos por Irán, que antes del conflicto con el Líbano y se uniría a Hamas en ataques contra Israel. Irán podría minar el estrecho de Ormuz (40% del petróleo al mundo) y usar botes suicidas contra buques tanque, ocasionando un aumento del precio mundial del crudo y los seguros. La causa iraní recibiría un apoyo islámico (pese a la complacencia de algunos gobiernos árabes con la acción militar). La oposición iraní debería cambiar su actitud y apoyar al actual régimen.

En plena campaña electoral, el presidente Obama se vería obligado a apoyar a Israel - difícilmente le pidieran permiso para actuar- con el alto costo de abrir un nuevo frente en una región de la cual esperaba salir. La relación con Israel quedaría seriamente dañada. Quizás, la peor consecuencia sería la decisión iraní de reconstruir las instalaciones destruidas, dando un significado transitorio al ataque. Una difícil pregunta quedaría instalada: ¿por qué otros países que desarrollaron en secreto armas nucleares son hoy amigos o aliados?

 Algunos analistas plantean dificultades al posible ataque israelí. La distancia (1600 km) obliga a los F16 a reabastecerse de combustible varias veces, a volar sobre espacios aéreos ajenos (Jordania, Arabia Saudita, Irak) y es difícil estimar si un solo ataque sería suficiente. Israel tiene una gran capacidad en guerra electrónica que podría permitirle cegar radares, inhabilitar comunicaciones y hasta afectar redes eléctricas terrestres. Sus aviones no tripulados de gran tamaño Heron y Eitan pueden volar 20 horas con cargas de 1 tonelada, y podrían usarse para guerra electrónica y lanzamiento de misiles. Aun así, muchos piensan que una opción pueden ser los submarinos clase Dolphin ubicados en el Golfo Pérsico, capaces de lanzar misiles Tomahawk.

Los antecedentes de los ataques israelíes a las instalaciones nucleares de Irak (7 de junio de 1981) y de Siria (2 de octubre de 2007), mostraron su capacidad de infiltración -a menores distancias- pero se hicieron sobre instalaciones en construcción y habiendo analizado las posibilidades de radiación. Irán tiene instalaciones nucleares dispersas. Entre ellas Natanz (enriquecimiento de uranio) que está construida 8 metros bajo la superficie y protegida con 2,5 m de cemento, la planta de enriquecimiento de Qom, el centro de investigación y pequeño reactor nuclear de Esfahan, el reactor de Bushehr o el centro de investigación de Teherán, que podrían ser objetivos de ataque. En algunos casos, las instalaciones están cercanas a poblaciones o dentro de ciudades, lo que conlleva el riesgo de bajas civiles y las reacciones previsibles.

La mejor solución para los halcones israelíes es que sea Estados Unidos quien realice la operación, porque con sus medios el éxito estaría asegurado. En setiembre 2010, Jeffrey Goldberg publicó un extenso artículo en The Atlantic, llamado The Point of No Return. Daba como resultado de una encuesta de líderes israelíes, estadounidenses y árabes, que había más de un 50% de posibilidades de que el ataque israelí ocurriera antes del 5 de julio de 2011. En general, cuando mucho se habla de acciones militares éstas no ocurren, es cuando el silencio reemplaza a los mensajes encrespados que el peligro aumenta.

Durante 2010, en una probable operación israelí-estadounidense, el virus informático Stuxnet atacó los ordenadores de control de procesos nucleares en Irán. Ocasionó daños en la planta de Natanz y otras, que habrían retrasado el programa en varios meses. Tres científicos nucleares iraníes fueron asesinados, dos de ellos reconocidos por el Mossad. Recientemente, EE.UU. denunció un complot iraní para asesinar al embajador saudita en Washington. A principios de noviembre, una explosión en un depósito de municiones o de misiles, en Bidganeh, al suroeste de Teherán, mató a 17 Guardias Republicanos, sospechándose un sabotaje israelí. Irán realizó pruebas de su misil Sahab 3, de alcance estimado 2.000 km y un ejercicio de defensa aérea. Israel probó un misil balístico con capacidad para ojivas nucleares. Irán amenaza con elegir el "campo de batalla" en caso de acción militar en su contra. Las operaciones psicológicas y encubiertas están en pleno desarrollo. Las sanciones y amenazas sobre Irán pueden demorar el programa nuclear.

Es evidente que un Irán poseedor de un arma nuclear es una amenaza mortal para Israel, un peligro para el mundo y el comienzo de una carrera nuclear en Medio Oriente. Pero son difíciles de sostener los beneficios de una acción militar preventiva. No hay inminencia de un arma nuclear en Irán, pero sí de aumento de su influencia en la región y esto es lo urgente.

Los resultados de la "Primavera árabe", pueden no ser tan "teocráticos" como Irán desea. China necesita del petróleo iraní, Rusia no está dispuesta a perder otro aliado después de Libia e India quiere seguir comerciando mientras prueba su último misil balístico Agni IV. Presionarán para acallar los tambores. La combinación de presiones diplomáticas y comunicacionales, la convicción de que Estados Unidos usará su fuerza de ser necesario, las sanciones económicas y -quizás- la intermediación de actores no comprometidos, podrían ayudar a evitar un conflicto cuyos dramáticos resultados son difíciles de predecir.


Comentarios