"Si pudiera hacer cualquier cosa, ¿qué haría?", fue la pregunta que se realizó este graduado en Bellas Artes, oriundo de Milwaukee, Wisconsin. La situación que motivó ese interrogante fue compleja: su novia lo había abandonado, lo habían despedido de su trabajo y su compañero de departamento se había ido dejando deudas. Todo en las vísperas de Año Nuevo.

Stoll decidió que no era momento para temer, ni para aferrarse a su complicada vida. Compró una bicicleta todo terreno, preparó un kit de reparación, guardó una carpa, una bolsa de dormir, un calentador, un filtro de agua, pantalla solar, ropa y crema de maní en las alforjas y salió pedaleando de la ciudad de San Francisco, en 2001.

¿Por qué iniciar un viaje así y no hacer lo que mucha gente hace frente a una crisis: ir a terapia, hacer un cambio de aire, buscar nuevos amigos?

Es una buena pregunta. En ese momento, me pregunté: "Si yo pudiera hacer cualquier cosa, ¿qué haría?". Puede parecer una pregunta obvia, pero era la primera vez que la hacía en mi vida. Decidí pensar qué haría si no tuviera miedo, si el dinero no fuera un problema. Hasta entonces, trataba de tener lo que otras personas me decían que debía tener, como una linda casa, un bonito auto, pero yo necesitaba otra cosa y me dije: "¿Por qué no tomar mi bicicleta y recorrer el mundo y encontrar la felicidad y el secreto de la vida?". Sabía que todo eso estaba en algún lado.

¿Por qué inició una travesía de esa magnitud en bicicleta y no en la comodidad de otro medio, como un auto?

Yo amo a mi bicicleta. Cuando era muy chico íbamos con mi padre a andar en bicicleta al lago Michigan o a la playa y tenía la sensación de que podía andar muy velozmente. Recordé todo eso y decidí salir. Además, es un medio de transporte que te permite hablar con la gente y conocerla. Puedo parar y ver detenidamente lo que quiera. Cuando vas en un auto, las personas te ignoran. Estando en bicicleta descubrí que los otros piensan que eres uno de ellos.

¿Y qué fue lo que encontró en todos esos años de viaje?

Descubrí muchas cosas. Tuve cuatro momentos de iluminación. En todos lados me preguntaban lo mismo. Podría decir que hay como dos niveles de cuestionamientos. Uno más elemental -qué comías, cómo descansaba, etc- y el otro es más espiritual -me preguntaban si era feliz. Descubrí que todos nos preguntamos por las mismas cosas. Cuando estuve en África, conocí a un guerrero masai, que vestía una túnica y que forma parte de una de las pocas tribus que aún conservan toda su tradición. Él sólo sabía decir hello (hola) y jamás había visto una bicicleta, pero incluso él me realizó las mismas preguntas que me habían hecho en cualquier otro lado. No pude dejar de sorprenderme de que eso fuera posible. Me di cuenta, entonces, de que todos queremos las mismas cosas y que son muchas más las semejanzas que las diferencias.

¿Y en un nivel más personal, más íntimo, que halló?

Aprendí que una de las claves para ser feliz es también estar triste y que el miedo es mi amigo, por lo que debo tratarlo con respeto.

De todo lo que vivió, ¿qué fue lo que más lo impactó positiva y negativamente?

Los momentos más difíciles que atravesé llegaron a un punto de ebullición y los llevé a la superficie. Estuve demasiado tiempo solo, pensando. Pero mirando hacia atrás, fue algo bueno porque pude superar mis temores. Logré cuestionarme: "¿Por qué tengo miedo? ¿Qué es lo que ganó con él? ¿Hay una forma mejor de solucionar esto?". Y lo más positivo fue darme cuenta de que la gente es buena. Lograr la confianza de ir a lugares desconocidos y poder hacer cosas, de poder hacer todo lo que quiero y cumplir mis sueños. Aunque no es algo fácil.

Usted empezó su viaje con un compañero, Dennis Snades, que luego abandonó el reto. ¿Hay que ser un tipo especial de persona para hacer una travesía como la suya?

Sí, claro. No es para cualquiera. Mi amigo se fue porque tenía un poco de miedo de visitar el Tercer Mundo, pero también porque decidió que para él su aventura era estar en su casa con su familia, construyendo su vida.

¿A quién recomendaría un viaje como el que realizó?

Si te olvidas de la bicicleta, todo el mundo tiene que hacerlo. Todos están en la aventura, lo sepan o no. La pregunta es cuántas personas realmente tomaron la decisión de elegir la vida que tienen. La bicicleta es mi metáfora del viaje interno que todos hacemos.

Usted recopiló su experiencia en el libro para niños Falling Uphill (Cayendo hacia arriba), ¿qué espera transmitirles?

Me gusta decir que, en realidad, ese sería el libro que me hubiera gustado tener cuando yo era un niño. Quiero que sepan que soy una persona promedio, con dudas y miedos, y si yo pude hacerlo, cualquiera puede vivir sus sueños. Estoy tratando de enseñarles un poco de mi sabiduría para que consigan una ventaja que no tuve. En el final del libro, escribo: "Ahora sabes todo lo que yo sé. Si pude andar en bicicleta alrededor de mundo, imagina lo que tú puedes hacer".