Sociedadmiércoles 22 de septiembre 2010

La religiosidad reduce el riesgo de depresión

Los habitantes de los países más religiosos de América Latina, como Brasil, Honduras y Panamá, tienen menos riesgo de sufrir depresión, según un estudio del BID

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Un nuevo estudio del Banco Interamericano de Desarrollo señala que la gente que vive en áreas urbanas tiene más probabilidades de sufrir depresión, una situación que se agrava si en esos centros urbanos existe una gran desigualdad social.

El estudio, que analizó datos de 93 países obtenidos de la encuesta de opinión pública realizada por la firma Gallup en el año 2007, señala también que el nivel de ingresos, medido según el Producto Interior Bruto per cápita, no afecta la posibilidad de depresión.

El informe, patrocinado por el BID y elaborado por los economistas de la Universidad de la República de Uruguay Natalia Melgar y Máximo Rossi, es el primero en realizar un amplio análisis transfronterizo sobre el impacto de factores como el desempeño económico en la depresión.

Los investigadores utilizaron como referencia los EEUU, por la amplia disponibilidad de datos e investigación sobre el tema y realizaron a continuación un gráfico en el que mide las posibilidades de los ciudadanos de un determinado país de estar más deprimidos que los estadounidenses.

Según Melgar y Rossi, los habitantes de Etiopía, Corea del Sur y Bolivia son los que tienen mayores posibilidades de sufrir depresión que los residentes de los EEUU, mientras que los de Mauritania, Albania y Dinamarca son los que menores riesgos exhiben.

Los autores descubrieron que entre los 14 países con mayor disparidad de ingresos que experimentaron menores posibilidades de sufrir depresión, al menos ocho tenían un alto porcentaje de gente religiosa: Honduras, Panamá, Níger, Senegal, Jamaica, Uganda, Brasil y Mozambique.

El estudio también confirma las conclusiones de informes previos que apuntan que los hombres tienden a deprimirse menos que las mujeres y que los casados también lo hacen menos que los solteros. Además, los divorciados sufren más el mal que los viudos, mientras que los desempleados son también un grupo de alto riesgo.

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