Infobaelunes 25 de diciembre 2006

La nostalgia de las Fiestas fuera del país

Pasar Navidad y Año Nuevo en un lugar diferente al que nos vio crecer puede ser una experiencia dolorosa. Los emigrados suelen extrañar mucho su tierra en estas fechas. Pero hay ritos que ayudan a sobrellevar el momento

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Todo vale, desde llorar abrazado a un pote de dulce de leche, hasta cantar a gritos en el balcón el “Huachi torito” de nuestra infancia navideña.
Los argentinos que están en el exterior encuentran diversas formas de recordar las fiestas en el país y algunas costumbres, practicadas incluso compulsivamente, sirven como “chocolate caliente” para el alma.

“Encontré, después de años de búsqueda, unas galletas de miel con cobertura de chocolate... una delicia de mi infancia y adolescencia. No sabía si reír o llorar... ¡se me cayó la vida encima!”, cuenta Tere, una argentina que vive en México. Y explica que esas galletitas tan añoradas eran las que comía en su infancia en Buenos Aires, cuando formaba parte de la colectividad eslovena. “Tienen forma de corazón, y cuando éramos adolescentes, los muchachos mandaban corazones a las chicas con mensajes escritos en un papelito que se pegaban encima, en el club, obvio”. “Cuando venía San Nicolás, la cosa entre las mujeres era contar quién recibía más corazones”, confiesa.

“Yo este año decidí cambiar. Después de cuatro Navidades llorando arriba del vittel toné decidí cambiar de menú ya no aferrarme a las comidas tradicionales de las Fiestas allá”, dice Adriana, que vive en la isla canaria de Lanzarote.

“Aquí (en México) la piñata es de siete picos, que los niños rompen, como gallito ciego, en un simbolismo de vencer los siete pecados capitales (o su equivalente azteca) y derramar colaciones como premio... bonito, pero no es lo mío”, explica Tere. Y aclara que extraña la más europea "Noche de paz, noche de amor" de su infancia en la Argentina.

“En Canarias la fiesta importante es la de Reyes. Entonces se hacen los regalos a los niños. Y vienen realmente los Magos, montados en camellos de verdad, es emocionante”, explica Adriana, quien sin embargo arma su arbolito y hace la tradicional ofrenda del ángel que se hace todos los años en su familia porteña.

Daniel y Alicia trabajaban con comunidades indígenas en la frontera de Guatemala. Junto a ellos también estaba una suiza, que ya empezaba a extrañar la nieve de las fiestas en su casa. La Navidad allí era tan distinta… Días antes del 24, recibieron un paquete de Suiza, con nueces, dátiles y otras frutas secas. Los argentinos y la suiza ahí nomás improvisaron los dulces y armaron su mesa navideña. Y esa noche la terminaron, junto con los compañeros centroamericanos del equipo, recorriendo el poblado y cantando a voz en cuello los villancicos que tanto extrañaban ante la mirada atónita de los aborígenes. Cuentan que fue la mejor fiesta que recordarán por muchos años.

Colgar los adornos en el árbol, poner figuras en un pesebre, cocinar un plato tradicional, cantar las canciones que quedaron en la memoria colectiva, y recordar las tradiciones que pasaron de generación en generación, algunas de las cuales ya no sabemos bien por qué ni para qué se formaron. La cuestión es sentirse más cerca de los que quedaron lejos, achicar las distancias, apreciar lo que se dejó en el país y lo nuevo que quizás, algún día, se transmita a los hijos propios con el mismo amor con que se recibió lo que hoy se extraña.

Alicia Peiró
apeiro@infobae.com