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En los últimos años de expansión de gobiernos populistas en América Latina, el grupo terrorista libanés Hezbollah ha logrado aceitar sus nexos en diferentes ámbitos, tanto "empresariales" como políticos. Pero también sus vinculaciones con la narcoguerrilla regional son, sin dudas, una de las principales fuentes de financiamiento, además del padrinazgo político y económico del régimen iraní, entre otros.

Para conseguir esa ayuda económica, la banda terrorista debió recurrir a personalidades que operan en las sombras, bajo un manto supuestamente "cristalino" en su vida pública.

Esa "red de contención latinoamericana" es lo que le permite conseguir dinero sucio para solventar sus atentados y su actividad militar en Medio Oriente. Venezuela, Ecuador, Bolivia, la Argentina, Nicaragua y Cuba son los países que, de una forma u otra, le abrieron las puertas a Irán y sus vínculos con la banda armada.

"Las acogedoras relaciones que estos Gobiernos tienen con Irán facilitan el libre movimiento de miembros de Hezbollah por la región, lo que les permite transportar drogas y productos falsificados", explicó Rachel Ehrenfeld, directora del American Center for Democracy.


Los nexos con el narcoterrorismo

Una de las principales fuentes de dinero para Hezbollah son los grupos armados que operan en la región: los terroristas de FARC y los miembros de los cárteles Los Zetas y Sinaloa, el primero, colombiano, y los dos últimos, de México.

"Hezbollah les puede dar asesoramiento estratégico y armas (a estos grupos)", explica Ehrenfeld, y añade: "A cambio, (los latinoamericanos) proveen servicios criminales, incluyendo tráfico de drogas y armas, formando una hermandad de delincuencia y subversión".

Uno de esos referentes es Jamal Yousef. Sentenciado a 12 años de prisión por un tribunal de Nueva York, Yousef –de origen libanés– fue hallado culpable de "proveer un arsenal de armas y explosivos a individuos que eran parte de una organización terrorista (en este caso, las FARC)", señaló luego del juicio el fiscal Preet Bharara.

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Pero no todos los nexos de Hezbollah terminan en la narcoguerrilla terrorista FARC. En mayo del año pasado, el iraní Manssor Arbabsiar fue hallado culpable de conspirar para asesinar a un diplomático árabe en Washington. Deberá cumplir 25 años de condena tras las rejas. Fue detenido al ser interceptado en México por la Agencia Antidrogas de los EEUU (DEA), cuando planificaba el crimen. La ejecución iba a estar a cargo de un mexicano que resultó ser un agente encubierto que lo delató.

"Existe una complementariedad entre Irán, Hezbollah y los cárteles de la droga", señaló Luis Fleischman, profesor universitario en los Estados Unidos y experto en temas de Medio Oriente, de origen uruguayo. "Los túneles construidos por los cárteles de la droga para transportar su producto a través de la frontera entre México y EEUU son similares a los que construye Hezbollah en el Líbano para transportar armas", explicó.

"Muy pronto, Hezbollah será capaz de recaudar más dinero del tráfico de drogas que de todas sus otras fuentes de financiamiento sumadas", explicó Mateo Levitt, director del programa contra el terrorismo e inteligencia en el Washington Institute.


Nexos en Venezuela

Uno de los hombres sirio-libaneses que también son sospechados de guardar conexiones con Hezbollah y el régimen iraní es el venezolano Tarek El-Aissami, actual gobernador chavista del estado de Aragua.

En 2003, El-Aissami fue encargado de la Dirección de la Onidex (Oficina Nacional de Identificación y Extranjería de Venezuela). En su momento, sorprendió esta designación. Es que El-Aissami estuvo sospechado de mantener estrechas relaciones con grupos extremistas y guerrilleros de la Universidad de Los Andes (ULA). Durante ese tiempo, aparecieron pruebas de que tanto el actual gobernador de Aragua como Hugo Cabezas –también de la Onidex en ese entonces y luego gobernador del estado de Trujillo–, proveía al Hezbollah de pasaportes venezolanos y documentos nacionales para transitar por su ciudad.

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Durante sus años en la ULA, El-Aissami fue acusado de esconder vehículos robados y de tráfico de drogas en las habitaciones del campus universitario. También habría refugiado en esas instalaciones a miembros de la banda terrorista.

Según una investigación realizada por la periodista venezolana Patricia Poleo, El-Aissami y otros presuntos miembros de Hezbollah en Venezuela son los encargados de reclutar jóvenes en su país para que mantengan un fuerte entrenamiento en el sur del Líbano. Junto al gobernador de Aragua, formarían parte de este entramado el encargado de Negocios venezolano en Damasco, Gahzi Nasserddine, y su hermano Ghasan.


La Triple Frontera

Uno de los máximos referentes en materia de seguridad transnacional en la región, Carlos Benítez –director de la Secretaría para la Prevención del Terrorismo y la Investigación de Paraguay–, señaló que "hay sospechas de que elementos de Hezbollah con base en la Triple Frontera (su país, la Argentina y Brasil) están involucrados en el tráfico de drogas".

 AFP 163
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Fue en Paraguay donde uno de los supuestos principales referentes de la región de la banda terrorista fue detenido y deportado a los Estados Unidos, país en el que enfrenta 30 cargos. Se trata de Moussa Alí Hamdan, quien según una investigación del FBI habría provisto de pasaportes falsos y dinero robado y falsificado a Hezbollah. También debe rendir cuentas por presunto tráfico de armas.

Otro de los acusados de financiar el terror en Medio Oriente es Hamze Ahmad Barakat, de 50 años, arrestado el año pasado en el estado brasileño de Curitiba, Brasil, luego de un pedido de detención del Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Sus vínculos con el grupo terrorista son lo suficientemente contundentes como para emprender su proceso judicial, estiman los investigadores. Barakat habría robado una serie de empresas textiles y alcanzado la suma de 5 millones de dólares, con lo que habría contribuido al armado de Hezbollah en el Líbano.

 AP 163
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Pero quien está señalado como presunto "delegado" de Hezbollah en la Triple Frontera es Assad Ahmad Barakat, hermano de Hamze. El año pasado, según consignó el diario The New York Times, el Departamento del Tesoro norteamericano catalogaba a Assad Barakat como "uno de los miembros más prominentes e influyentes" de Hezbollah. Según la investigación, el presunto financista tenía una casa de electrodomésticos que funcionaba como fachada de una célula del grupo armado y como fuente de recursos.